MIENTRAS DUERMES

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Se suele decir que el terror que más miedo nos da, el que hace que sintamos un cosquilleo al fondo de la nuca y que los cataplines se endurezcan y que se nos apretujen el uno contra el otro, es el situado en el ámbito cotidiano. Esto se dice, en general, cuando se promociona una película de esta clase de terror, pero luego, preguntas al público general cual es la película que más miedo le ha dado y sale a relucir, en un alto porcentaje, “El exorcista”, “La profecía” o “El resplandor”. Francamente, yo no me imagino poseído por un demonio y vomitándole al párroco del barrio, engendrando al vástago de Belcebú o sin tele y sin cerveza, perdiendo la cabeza, en un hotel aislado en las montañas y esas tres pelis me dan canguelo.

Creo que me he liado un poco en la última, pero ese no es el caso.

El caso es que para que una película de terror dé miedo, tiene que ser creíble y esto no es igual a ser posible. El guión tiene que crear un universo de antemano y no saltarse sus propias reglas, la atmósfera tiene que estar conseguida y establecer un clima que ponga nervioso al espectador, los personajes tienen que tener un aura de maldad sin pasarse el límite que separa el miedo de la risa. Y todo esto es muy difícil.

Jaume Balagueró, tras su exitazo junto a Paco Plaza de “[Rec]” y “[Rec]2”, ha elegido la historia de un portero de edificio más malo que el escorbuto. Un tipo que como es incapaz de ser feliz, decide que lo único que le mueve a seguir viviendo es hacer infelices a los demás. Pequeños actos que provocan que pierdan sus estúpidas sonrisas por las mañanas, que se acerquen un poco al mundo gris que él habita.

En general, no es difícil conseguirlo. El género humano tuerce pronto el morro, pero hay una vecina que se le está resistiendo. Haga lo que haga, cada mañana sale con la misma estúpida sonrisita en el rostro, con sus buenos modales de burguesa acomodada, con sus gracias, sus por favor y sus pase un buen día. Y eso hace el reto más interesante a la vez que provoca que César, el susodicho portero, vaya elevando el nivel de putada, excediendo límites que nunca había traspasado.

La película funciona muy bien, gracias sobre todo a dos factores. El primero, el más importante y el que llena cada fotograma con un dominio de voz, de cuerpo y de rostro que encoge en la butaca al más valiente, es Luis Tosar. Después de bordar al presidiario que encandiló a media España en “Celda 211”, se curra a este cabrón con pintas, que interpreta sin ninguna fisura, que te llena de nerviosismo a cada segundo. Un personaje que hubiese echado por tierra la película en el caso de que no fuera creíble y que consigue, por momentos, empatizar con el espectador a pesar de las burradas que le hace a la pobre Clara, personaje interpretado con gran acierto por su pareja en la vida real, Marta Etura.

El otro elemento que consigue ponernos los pelos de punta es el magnífico clima creado por Balagueró, ayudado por un guión que funciona a muchos niveles. Esas canalladas que César va ideando, que van in crescendo hacia un final apoteósico, son filmadas con un rollo muy Hitchcockiano. Las enseñanzas del maestro británico nos decían que si a un tipo le explotaba de repente una bomba desde debajo de la mesa y lo convertía en hamburguesa era mucho menos interesante que si el espectador veía previamente la bomba y el tiempo sin que el personaje lo supiera. Balagueró nos muestra a cada momento las jugadas de César y el hecho de que Clara no llegue a sospechar ni por un momento el por qué de su mala suerte, nos crea una tensión que no se nos despega en todo el metraje.

Por ponerle algún pero, me resulta inverosímil el personaje de la niña cabrona que sabe parte del pastel. Quizá es necesario para poner en peligro la seguridad del portero, para hacernos creer que su castillo de naipes puede caer en cualquier momento, pero la premisa de la que parte me parece demasiado endeble. Esto se pone algo de manifiesto en el enfrentamiento entre César y la niña, algo que podía haber sucedido mucho antes.

Salvo este pequeño detalle, la película me parece un thriller enorme, que demuestra la gran capacidad de Balagueró para crear atmósferas irrespirables, para llegar a ese nervio del cerebro que provoca el erizado de la piel. Sólo falta ver qué es lo que consigue hacer su socio Paco Plaza con la precuela de [REC] y estaremos seguros de que el cine de terror en nuestro país tiene unos grandes aliados por muchos años.

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