MELISSA P.

 

A todo el que haya visto “La flaqueza del bolchevique” se le ha quedado su cara grabada. El primero en quedarse embobado con María Valverde fue Xurxo, pero los demás no tardamos en caer. Para mi, la Scarlett española en formato lolita. Con una mirada que llega a hipnotizar, unos labios que invitan a la imaginación y por si esto fuera poco, una gran actriz.

En este caso, antes de dar vida a Lucrecia Borgia (que aún no he visto, pero ella debe estar espectacular, al margen de como sea la peli) se ha embarcado en la aventura de cruzarse el Mediterráneo para ir a rodar una película a Italia. Una película muy dura, basada en una novela muy leída en el país de la bota.

Es la historia de una adolescente perdida, con un cuerpo en plena ebullición que empieza a ofrecerle sensaciones desconocidas. Viviendo con una madre que solo ve lo que quiere ver, un padre ausente y una abuela que es su único anclaje a una familia prácticamente inexistente, le cuenta a su diario todo lo que no es capaz de expresar en voz alta.

Como todas las adolescentes, está enamorada hasta las trancas, con tan mala suerte de que el afortunado es un cabrón. En su primera experiencia con el sexo opuesto, el capullo este la utiliza, iniciando así una caída de la chica en un intento de devolverles a los hombres todo el dolor que son capaces de causarle. Así inicia una espiral en la que a medida que se recrudecen las escenas de sexo, menos se va queriendo Melissa a sí misma y peores decisiones va tomando.

Un argumento para pensar en lo liados que estamos en la adolescencia, y lo fácil que es tomar las decisiones erróneas a poco que las situaciones vengan torcidas. Sobre la incapacidad de comunicación entre padres demasiado preocupados en que la vida sea perfecta y demasiado poco en sentarse a hablar con su hija. Sobre chavales que se sienten aislados en medio de un montón de gente. Sobre la crueldad emocional que se puede llegar a sufrir en un instituto.

Lo único que desentona en la historia es un final, quizá demasiado almibarado y soleado, en una película que mete más miedo que cualquier espíritu, casa encantada o monstruo peludo.

Caray, como se nota que ya estoy de vacaciones de navidad, hoy me he hinchado a escribir cosas. Valga esto por la temporada que me voy a tirar en Vigo sin Internet, con mi público ansioso por nuevas aventuras cinéfilas (esto es lo que se llama soñar despierto)

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