MELANCOLÍA

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Y el verbo se hizo carne. Concretamente, el verbo, el sustantivo, el adjetivo, el pronombre y todos los elementos de la oración que puedan sonar irreverentes, chulescos, retadores y de humor raruno se convirtieron en director danés, depresivo, críptico, genial y repleto de fobias. Esto no sucede en el antiguo testamento, sino en el moderno festival de Cannes, en plena rueda de prensa, mientras Kirsten Dunst mira al hombre que le ha dado uno de los papeles más importantes de su carrera mientras pone cara de querer meterse debajo de la mesa y desaparecer. Al mismo tiempo, Lars Von Trier, en una broma de dudosa gracia, le cuenta a los periodistas que Hitler no era tan mal tipo y que se identifica un poquito con el dictador bajito, gritón y de bigote gracioso.

Y ya sabemos lo que hacen los periodistas con declaraciones de este tipo, por muy chiste que sea la declaración. Cogen las palabras, las descontextualizan, retuercen, ponen en letra bien grandota y en negrita e intentan vender sus respectivos folletos de información atrayendo al público con titulares amarillistas. ¿Resultado? Lars Von Trier deja otra película extrema y es declarado persona non grata en el festival y Kirsten Dunst se lleva el premio a la mejor actriz, mientras espectadores y críticos se posicionan furibundamente en contra o fanáticamente a favor de una película extraña, hipnótica y, como suele pasar en el caso de Von Trier, única.

Ahora, lo que os estáis preguntando, lo que de verdad os importa, lo que anheláis, como el aire que respiráis o el vermut de los domingos antes de misa que os pedís: ¿qué me ha parecido a mí?

Pues pcha.

Toma análisis profundo.

Venga, ahondaré un poquito más, ya que lo pedís, comenzando por su argumento: Melancolía es el nombre de un planeta con una órbita tan rara que no se había descubierto hasta la fecha, a pesar de todos los telescopios y todas las sondas que han mandado los astrónomos fuera de nuestro planeta, despistados que son los listos de la NASA. Un planeta que, ahora, va a pasar muy cerca del nuestro. Tan cerca que vamos a tener postales de una enorme bola apareciendo sobre el horizonte. Tan cerca, tan cerca que hay, incluso, quien duda de que la trayectoria no lo lleve a jugar al billar a tres bandas con la Tierra.

Por otra parte, Justine (Kirsten Dunst) es una muchacha algo dada a la depresión que está a punto de casarse con Michael (Alexander Skarsgard, el Eric de “True blood”) en una mansión impresionante, rodeada de una familia que está bastante de la olla. A punto de meterse en un matrimonio que no le interesa, en medio de una vida que le hastía, condenada a una existencia insulsa.

Extrañamente, la llegada del nuevo planeta al punto máximo de aproximación con respecto a la tierra, parece que ejerce un efecto liberador en ella, mientras va sumiendo en el miedo, la desesperación y el caos a todos los que la rodean.

Con esta idea, construye Lars Von Trier una película queda, traquila, meditabunda. Lo que, en mi fuero interno, en muchos momentos de la misma, se tradujo en aburrida y plasta. Música clásica, planos vistosos y bonitos, aparatos de alta fidelidad grabando a cámara lenta y una historia que, en muchos momentos, no da avanzado.

Cierto que las actuaciones son, por lo general, muy buenas. Kisten Dunst, Charlotte Gainsbourg, Charlotte Rampling, John Hurt o Stellan Skarsgard son enormes actores que sacan adelante lo que les eches, pero a pesar de ese trabajo actoral y de esos planos perfectos, la supuesta profundidad y el tiempo que se toma el director en contar las cosas, llegaban en muchos momentos a desesperarme.

No obstante, la historia avanza, con más sentido, al menos para mí, en la segunda parte de la película, una vez dejada de lado la extraña ceremonia nupcial que me chirría todo el rato. El tramo final en el que la trama enfila (despacito, siempre despacito) hacia su espectacular (y supongo que filosófico y metafórico, aunque no lo haya pillado del todo) desenlace, me resultó más interesante.

Parece que Lars Von Trier va filmando películas que retratan sus estados de ánimo. En plena depresión, concibió “Anticristo” y ahora, que parece asentado en un estado nihilista, da forma a “Melancolía”.

Me pregunto qué clase de película nos presentará el día que decida escribir un guión con la panza llena de setas alucinógenas.

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