LOST

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Antes de empezar, una aclaración y una advertencia. La aclaración es que en este post, como de costumbre en Nunca Jamás, no hay ni un solo spoiler, ni pequeñito siquiera. Podéis leer tranquilos incluso si no sabéis de qué va la serie (cosa que me extrañaría mucho). La advertencia, sin embargo, es que la longitud del texto es tal que pudiera ser que os entrasen instintos asesinos hacia mi persona. Si esto sucede, mi medico me ha recomendado que tenéis que dejar de leer inmediatamente, por mi propia salud.

Dicholocualo, vayamos al lío.

Con un generoso delay con respecto a la emisión original, he acabado una de las series que más han dado que hablar en los últimos años, si no la que más. Los osos polares, el humo negro, las estaciones de Dharma y los integrantes del vuelo 815 de Oceanic han sido protagonistas de más debates de taberna que la crisis, el paro, las hipotécas “subprime” y los tejemanejes de las altas esferas políticas interplanetarias. Esto aún no sé si es bueno o no, si es que nos importa un pimiento cómo vaya este planeta, si es que no tiene solución y nos dedicamos a disfrutar de las evasiones cinematográficas y televisivas mientras podamos o si realmente es más fácil de entender el argumento de la serie que todo lo demás. Puede que tan sólo sea puro espíritu de supervivencia, quien sabe.

El caso es que desde que empezó la serie hasta que me decidí a ver el capítulo piloto, habían transcurrido cinco años, con sus correspondientes temporadas. No porque pensase que esta serie no era para mí. De hecho, todo lo contrario. Desde un principio me pareció el tipo de historia que me podía enganchar hasta hacerme adicto perdido (adicto perdido, jeje), pero por dificultades técnicas lo fui dejando hasta que la pereza se impuso a la curiosidad. Pero a medida que los comentarios iban subiendo en intensidad y la serie iba llegando a su fin, se impuso la cordura y decidí que más valía tarde que nunca, iniciando una carrera contrarreloj contra la última temporada. A pesar de mi esfuerzo (bah, tampoco tanto, no penséis), la perdí y entonces me tocó llevar siempre los dedos preparados para meterlos rápidamente hasta la segunda falange en los oídos cada vez que escuchaba algún comentario sobre el polémico final en mi perímetro de audición. Esto sí lo conseguí, logrando dos cosas: por una parte, llegar virgen de conocimiento al último capítulo y por otra una abundante cantidad de cera en los dedos índice de ambas manos.

Como ya he dicho, no es mi intención destripar nada de la serie en este post (podéis dejar los dedos índice quietecitos, que meterlos hasta la segunda falange en los ojos podría ser perjudicial), ni desentrañar ninguno de los interrogantes que puedan quedar tras la finalización (que en realidad no me parece que sean muchos, ya que los guionistas rematan de forma bastante clara la mayor parte de preguntas que uno se pueda hacer, al margen de que dicha explicación pueda resultar satisfactoria), sino exponer mis impresiones y sensaciones sobre una serie que, para bien o para mal (según uno ponga en la balanza la piedra blanca o la negra), ha sido un punto y aparte en la ficción televisiva de todos los tiempos. Un espejo en el que muchas se mirarán, muchas otras copiarán de forma nefasta y que servirá de modelo de comparación a partir de ahora.

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No es la primera que lo hace, evidentemente. Otras series antes que ella asombraron y dividieron en seguidores y “los otros” a la audiencia, generando polémica y sentando nuevas reglas que no se habían visto hasta ese momento. El ejemplo que tengo marcado en neón rojizo (acompañado de una música inquietante y con tipos que hablan al revés) es la increíble “Twin Peaks”, una serie que salió de ese saco repleto de imágenes pesadillescas y deshilvanadas que es el cerebro de David Lynch y que en tan solo dos temporadas nos ofreció un catálogo de personajes para el recuerdo y un ambiente absolutamente único, amén de la adecuada carga de polémica, necesaria en todo producto revolucionario.

¿Cuales más podríamos meter en la categoría de hitos? Pues así a bote pronto (que no se note que estoy buceando por google tratando de recopilar títulos y parezca que salen sin esfuerzo de mi superdotada memoria), según mi atrofiado punto de vista, podría poner “The twilight zone” (serie de capítulos aislados con temática fantástica que tuvo atrapada delante de la tele a varias generaciones), “Star Trek” (aunque sólo sea por longeva y carismática, con personajes que son ya un icono de las historias intergalácticas), “Kung fu” (concebida por el mismísimo Bruce Lee y luego traicionado por la productora, que le dio el papel principal a un occidental que no tenía ni pajolera idea de artes marciales), “V” (la escena de Diana tomando el vermut con pinchito de rata cruda emocionó a los que éramos unos enanos en los 80), “The Simpsons” (padre de gran parte del dibujo animado televisivo actual), “Expediente X” (diez temporadas de misterios que apenas sufrieron bajón alguno, eso sí que es un Expediente X), “El fugitivo” (sí amigos, antes de la peli hubo una serie que tuvo en vilo a millones de seres humanos pendientes de si el pobre Richard Kimble conseguía demostrar su inocencia) o por poner algún ejemplo nacional, “Verano azul” (no sería tan repetida si no fuese la primera gran serie española) o “Farmacia de guardia” (su final congregó a todas las familias con televisor en el sofá… habría que ver fotos de las calles aquel día, pero seguro que estaban desérticas). Algunos sacaréis ciertas series de esta lista y añadiréis otras, pero el caso es que ya sea por su formato, por las novedades de su guión, por la forma en la que fueron rodadas o por el carisma de sus protagonistas, algunas de estas series entraron en el Olimpo de la televisión, sirviendo de modelo o fuente de inspiración a otros cientos, muchas de las cuales, probablemente, ni siquiera pasaron del capítulo piloto.

¿Cuales son las características que otorgan a “Lost” rango de semidiós y le permiten entrar en el reino celestial de series míticas? Buena pregunta. Voy a intentar inventar algo sobre la marcha para salir del berenjenal en el que yo solito me he metido.

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  • Punto de partida: el cebo

Una baza imprescindible para que un producto cuaje, hoy en día mucho más importante que antes. Tengamos en cuenta que en los noventa, ochenta y hacia atrás, teníamos un número de cadenas de televisión mucho más limitado, internet era tan sólo una quimera inimaginable y la televisión ocupaba el centro de la vida doméstica en cuanto a ocio se refiere. Por lo tanto, las series disponían de un periodo de rodaje largo en el intento de enganchar al público. Ahora mismo, si el piloto no resulta especialmente atractivo, la serie recibe un disparo casi mortal.

“Lost” cumple esta premisa a rajatabla. El punto de partida es una locura que no deja a nadie indiferente. Un avión se parte por la mitad en pleno vuelo y la mayoría de los viajeros sobreviven cayendo a una isla perdida en mitad del océano. Por si esto fuera poco, no pasa mucho tiempo hasta que empiezan a suceder cosas muy extrañas.

El cebo está lanzado y enseguida nos sentimos intrigados a seguir viendo, para comprobar qué coño tiene esa isla de especial.

  • Formato: capítulo y flasback

Los capítulos de la primera temporada siguen una estructura que aporta un matiz totalmente característico, diferente a lo que habíamos visto hasta ese momento. Cada uno centrado en un superviviente diferente, se muestra cómo evoluciona éste en la isla e interacciona con los demás, intercalando dicha acción con flashbacks que muestran cómo era su vida anteriormente. Todos esconden una historia detrás y la inmensa mayoría son interesantes. Por si esto fuera poco para atraer la atención del espectador, empezamos a empatizar con cada uno de los caracteres de los personajes, lo que nos lleva al siguiente punto:

  • Personajes y actores: serie coral

Efectivamente, estamos ante una serie sin un protagonista claro. Unos cuantos sobresalen con respecto al resto y la cámara va pasando de unos a otros perfilando sus identidades, sus caracteres, su personalidad, su interacción mutua. Inmediatamente elegimos a nuestros preferidos, tomamos partido y los defendemos en discusiones de sobremesa. Pero J. J. Abrahams (el rey del hypeo, capaz de ponernos los dientes largos con un susurro… si no os lo creéis, buscad el “teaser trailer” de su nueva pelíula “Super 8”, creado mucho antes del rodaje tan solo para empezar a generar expectación) no ata casi nada y se guarda mucho de establecer buenos y malos, sino un catálogo de tonos grises que van cambiando a medida que avanza la trama.

Por si esto fuera poco, los actores (en su mayoría) se mimetizan con sus papeles y a medida que el tinglado se va enredando van creciendo a pasos agigantados. El director de casting tendría que recibir una compensación económica y emocional estratosférica por el tremendo acierto que supone su trabajo. Un 30% (¿a que os encantan las estadísticas absurdas y sin fundamento?) del éxito de la serie es gracias al trabajo actoral. Tanto es así que les va a costar un mundo y medio deshacerse de la carga de sus respectivos personajes.

  • Evolución: cambio de rumbo según las necesidades.

Algo básico para que la serie haya durado seis temporadas manteniendo al grueso de su público inicial ha sido la necesaria evolución de la misma. Está claro que el formato de ese trinomio mágico con que empieza la primera temporada (capítulo – personaje – flashback), tenía fecha de caducidad. Por lo tanto, una vez planteado el cómo y el por qué de cada cual, tocaba un cambio de rumbo, algo que la serie realizó, bajo mi punto de vista, con gran acierto y de manera suave. Se siguieron uniendo flecos de los personajes existentes, se añadieron otros con nuevas dosis de misterio y se comenzó a subir, paulatinamente, la importancia del personaje central y pegamento de la historia: la propia isla.

Los guionistas estuvieron atentos en todo momento a no agotar las ideas, a no hacerlas cansinas y a ir cerrando subtramas a medida que abrían otras. Algo que no supo hacer, por ejemplo, una serie con un punto de partida tan bueno como “Flashforward”, en donde el laberinto era tal que hasta los creadores se perdieron en él para no conseguir salir nunca más. Adéntrate en el bosque todo lo que quieras, pero deja un rastro de miguitas para saber volver o las ramas por encima de tu cabeza se volverán tan espesas que acabarás en la negrura absoluta… metáfora para tarados que significa que acabaré perdiendo el interés y pasándome a la siguiente serie de la lista como te enfangues en exceso.

  • Final a tiempo

El éxito mola mucho, todos lo sabemos. Pero intentar mantenerse en la cumbre hasta el infinito es una quimera (que se lo pregunten a los de “Gran hermano” o a los creadores de “Prison break” que no supieron cortar a tiempo). J. J. Abrahams asegura que había concebido la serie desde un primer momento en seis temporadas… esto igual es mucho creer, pero lo cierto es que su esquema global ha forzado hasta el límite y ha sabido rematar a la bestia a tiempo, antes de que la desidia le ganara terreno a la curiosidad y ha cambiando de dirección en puntos clave, casi como si los protagonistas a los que ya habíamos cogido cariño se metieran en nuevas aventuras, sin perder, aún así, el objetivo final de desvelar qué carajo pasa en esa isla.

A partir de aquí, todo este largo, cansino y pedante desarrollo, puede ser echado abajo con un simple argumento: los gustos personales. Habrá quien piense que el capítulo piloto era una ida de olla sin ninguna lógica, quien se haya cansado en la segunda y tercera temporada al ver demoradas las respuestas, quien haya aborrecido todos y cada uno de los personajes, quien haya pensado que las motivaciones de cada uno eran insulsas o que el logo de la serie era feo y eso la descartaba. El que piense eso y haya llegado hasta aquí leyendo, tiene más paciencia que un santo (además de un cierto grado de masoquismo que debería hacerse mirar) y, aún así, tiene toda la razón. El argumento más poderoso que puede haber para tragarse las seis temporadas es que a uno le enganche y eso está fuera de toda lógica (si no, nadie vería “Sálvame Deluxe”, programa que escapa, no ya a la lógica, sino a la propia cordura y ahí está lider de audiencia).

Por último (que sí, lo prometo, ya acabo, no cojáis el colirio), un comentario sobre el punto más polémico de la serie: su final. Un remate criticado, vilipendiado y odiado por la gran mayoría del público. Una guinda que se le ha atragantado a muchísima gente. Porque estamos hablando de eso, de la guinda. No de la última temporada, que hasta que llegó al final, generaba mucha más curiosidad que recelo, sino de los diez últimos minutos, donde se cerraba el círculo. ¿Merece un final tanto abucheo? ¿De verdad alguien esperaba un remate que aclarara todas y cada una de las preguntas, de manera elegante y que dejara a todo el mundo satisfecho?

No digo que no pudiera haberse mejorado, pero en ese punto, antes del desenlace, mis expectativas ya habían sido cubiertas. Pasara lo que pasara, nada me hubiese dejado un sabor amargo, después de tantas cucharadas sabrosas (bueno, si hubiese sido un sueño de Resines igual me hubiese comido mis propios pulgares). Aunque el final no me haya parecido la bomba (que no me lo ha parecido, sino más bien normalito), el conjunto de la serie se ha quedado con una nota excepcionalmente alta. Los personajes y las tramas las recordaré durante mucho tiempo y estoy seguro de que en algún momento, cuando sea mayor, me apetecerá verla de nuevo… y volveré a paladear cada giro de guión.

Y esta sensación, solo la dejan las grandes series.

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5 thoughts on “LOST

  1. Menos mal que al final no la deje de lado en la 4ª temporada y me picaste para seguir viéndola de un tirón.

    Esta claro que series como esta hay pocas, y que ésta marca un antes y un después. A ver ahora cual no nos va a saber a poco!!!

  2. Gran serie desde lueguito, y no sé cómo te las has apañado para escribir tanto sobre ella sin destripar nada… ¡eres un maestro! Jjejejej…

    A mí el final tampoco me pareció malo, aunque no pegué saltos de la emoción, sí que me gustó y me hizo reflexionar sobre el mismo, que ya es algo. Acostumbrados como estaba el personal a los finales de infarto de cada temporada, supongo que se esperarían uno igual.

    Saludos ^^

  3. Elisa: desde luego, esta era una serie que había que acabar. No hubo ninguna temporada que me invitase a hacer lo contrario. Va a haber que rebuscar para encontrar una que llene el huequecito.

    Neovallense: No, tienes razón, el final no era para dar saltos. Pero bueno, el resto de la serie, que es mucho, es muy grande como para que un final normalejo nos deje descontentos.

    Saludetes.

  4. Bueno, deberes hechos! (por fin!) Gran labor la de no decir nada en tantos folios, pareces abogado xDDDDD No, coñas a parte, muy bien desenmarañado sin destripar. Creo que aún tengo algunas preguntas pendientes que hacerte, pero dado el alto nivel de spoiler que supondrían, creo que te las haré en privado la próxima vez que te vea

    Besos!

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