LOS MERCENARIOS 2

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Hace un par de años, Silvester Stallone, aquel que triunfara con Rambo y Rocky en su juventud y que llevaba algún tiempo sin petar las carteleras, tuvo una revelación. De algún modo, supuso que todo el público que creció con el cine de acción de los 90, con “Jungla de Cristal”, “Desaparecido en combate”, “Depredador”, “Soldado universal”, “El guerrero americano” o “Arma letal”, teníamos que estar por ahí, añorando estrenos de este calibre. Un público que celebrábamos cada vez que el Chuache, Chuck Norris, Steven Seagal o Van Damme estrenaban peli y ocupábamos el gallinero de los antiguos cines con nuestros compañeros de colegio o instituto, dispuestos a corear cada patada voladora, cada explosión y cada latiguillo gracioso.
– El público está ahí – pensó Stallone, al igual que lo hizo J. J. Abrams con el cine fantástico para chavales de los 80 cuando escribió “Super 8” – sólo tengo que darles lo que esperan. Así que, para darnos lo que esperábamos, hizo algo inesperado. Cogió el teléfono y llamó a sus colegas Governator y tito Willis, dio de nuevo con Dolph Lundgren y probó en casi todos los teléfonos de aquellos veteranos de la acción testosterónica de hace ya dos décadas.
Algunos se apuntaron y otros no pero no importaba porque el equipo debía completarse con sabia nueva y ahí estaba el actual rey del mamporro, Jason Statham, para acudir a la cita. Además, sumó a algún que otro bigardo salido del fútbol americano o del Pressing Catch y formó su Dream Team del rijostio y tentetieso.
La jugada, le salió redonda. Hacía mucho que no saboreábamos esa colección de ensaladas de de hostias de la vieja escuela, con guión simple y efectivo, tipos carismáticos, la frase lapidaria en la punta de la lengua y una cantidad tal de violencia gratuita y aneurónica y, estaba claro, disfrutamos como monos.
Así que, tras arrasar en taquilla, teníamos claro que la aventura de los yayos ciclados no iba a quedar ahí. Sly pegó un toque a su grupo de mercenarios y llamó a algún que otro viejo conocido que no había participado en la primera y así llegaron el ser humano que más se ha abierto de piernas en el mundo del cine, por encima de Jena Jameson, Jean Claude Van Damme y el tipo más duro de la galaxia, Chuck Norris. Además, se ocupó de incrementar la presencia en pantalla de Willis y Schwarzenegger y de incorporar una mujer dura como el diamante. Sobre el papel, un plan perfecto.
Pero los planes no siempre salen bien y, a pesar de mis altas expectativas, “Los mercenarios 2” se queda a rebufo de su predecesora. Y todo por culpa de su guión, ya que el resto de elementos son los que esperamos. Las caras de cemento de sus actores están a la altura de su presencia en pantalla y de sus coreografías de piñazos, la dirección es la que es, sin florituras y al grano y la acción copa el 80% de la cinta. ¿Por qué, entonces, el engranaje no parece funcionar de forma tan engrasada como en la primera ocasión?
Gran parte de la culpa la tienen los diálogos. Sabemos que el guión en sí, la trama, el plan de masacre, rescate u ocupación, nos da igual, va a ser sencillo y destinado al lucimiento de los músculos de los protagonistas pero, si algo tienen estas películas, es un cuidado mayúsculo por las pocas frases de chulaco que sueltan los tipos antes, durante y después de aplastar, luxar, torcer, arrancar, hundir e, incluso a veces, recibir. Aquellos mandobles orales lapidarios que se repetían hasta la extenuación en los recreos durante meses y que definían a la perfección la filosofía simple y rotunda de los protas.
Sin embargo, en esta secuela, toda frase es tan obvia y sin chispa que parece que no le hayan dedicado nada de tiempo a pulirlas. Incluso aquellas traídas de otras películas míticas, que podrían haber hundido el patio de butacas entre vítores y aplausos, suenan grises y sin gracia. Lo que acaba por quitarle gran parte de la idem al asunto.
Por lo demás, lo esperado, con mención especial para los dos nuevos, con resultados diametralmente opuestos. Van Damme conforma un maloso estupendo, con matices y su mítica patada para algarabía del respetable y Chuck Norris tiene dos secuencias que, aunque le destapan un buen sentido del humor, ya que explotan y se ríen de la imagen todopoderosa que internet le ha otorgado, acaban resultando ridículas.
Aún así, todos sabemos, que a pesar del pequeño bache, esperaremos con ilusión nuevas apariciones de los bíceps míticos de nuestra infancia y aún quedan un montón. Steven Seagal, Mr. T, Wesley Snipes, Linda Hamilton, Don “The Dragon” Wilson… ¿Quién será el próximo?

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