LOS MERCENARIOS

Photobucket

Recién llegado de unas merecidas y cortísimas vacaciones y antes de completar mi particular trilogía de la nostalgia, después de “El equipo A” y “Pesadilla en Elm Street (El origen)”, vayamos con un pequeño test para meternos en harina:

a) ¿Te consideras de la generación que disfrutó de los regalos enfundados en chandals de lycra y calzados con zapatillas Paredes que trajeron los años 80?

b) ¿Has visto “Conan”, “Depredador”, “Terminator”, “Desafío total” y “Poli de guardería” y te han gustado?

c) ¿Qué me dices de “Rocky”, “Rambo: Acorralado”, “Cobra” y “Tango y Cash”?

d) Subiendo el nivel; ¿y “Masters del universo”, “Soldado universal” y “Escorpión rojo”?

e) ¿Incluso te tragaste “El guerrero americano”, “Duro de matar” y “Kickboxer”?

f) Pasándo a la tele, ¿disfrutabas con “G.I. Joe”, “Cops” o “Caballeros del zodiaco”?

g) ¿Te hiciste adicto a los Peta-zetas, a los Bang bang y a las Panteras rosas?

Si has contestado afirmativamente a un número elevado de las preguntas anteriores, entonces, puede que te lo pases pipa con esta película, porque Stallone ha apuntado exclusivamente a la línea de flotación de la nostalgia. Una película más simple que el mecanismo de un embudo, con personajes arquetípicos de mente plana y biceps infinitos, un número mayor de proyectiles que de palabras, humor facilón, malos caricaturescos, frases demoledoras y explosiones cada 10 minutos (como mínimo). Un producto de consumo rápido y sabores intensos. Un guión que probablemente no ocupe más de diez folios a doble espacio. Una peli sin pretensiones de ningún tipo más que el de divertir y entretener que, doy fe, me divirtió y entretuvo hasta el punto en que al salir creí que tenía que correr a casa a acabar los deberes de mates.

Sly conoce muy bien sus limitaciones como actor, director y guionista y, tras ver el éxito que tuvo resucitando tanto a su veterano de guerra John Rambo, como a su boxeador con vocación de perdedor Rocky Balboa, sabe que hay toda una generación que echa de menos ese cine palmitero en el que las hostias sonaban como aplausos y el drama se reducía a ver el careto del héroe esforzándose por parecer apenado (pero no mucho y sin lloros, que eso es de nenazas) cuando mataban o torturaban a la tía buenorra, cuando nadie se preocupaba por la incorrección política, ni por el impacto que tenía en un cerebro adolescente el ver una cabeza cercenada, ni por si el mensaje tenía una ideología fascistoide y extremista.

Así que se le ocurrió una idea que ya había pasado por las cabezas de todos los chavales de mi generación por aquellos años gloriosos en los que los metrosexuales morían en la segunda escena para dejar paso a los tiparracos de brazos como muslos de elefante: reunir a todas las glorias posibles del cine de acción descerebrada en una sola película. Si eso llega a pasar cuando yo estaba en el colegio, los debates se hubiesen prolongado durante cientos de recreos.

Hubo algunos que le dijeron que no (se rumorea que entre ellos estaban Jean Claude Van Damme, intentando hacerse ahora un hueco en el cine serio, Steven Seagal o Kurt Russell y que alguno podría haber cambiado de opinión de cara a una posible secuela), pero los que le han dicho que sí son suficientes como para inundar de testosterona la pantalla. Sly se junta con viejas glorias como Dolph Lundgren, Jet Li, Eric Roberts, Mickey Rourke, Bruce Willis y Arnold Schwartzenegger (estos dos últimos en un papelito que da lugar a una escena que quedará para el recuerdo), uniendo a la tropa a nuevas figuras del rijostio como Jason Statham (“Transporter”, “Crank: veneno en la sangre”), Randy Couture (campeón de artes marciales mixtas, de las que ya comenté algo al hablar de M.A. en “El equipo A”), Steve Austin (campeón de varias categorías de lucha libre americana) o Terry Crews (ex-jugador de fútbol americano y junto con Statham, el que más experiencia cinematográfica tiene de estos últimos). Como no podía faltar, al elenco de cachas hay que añadir la cuota de bellezones femeninos, en este caso compuesta por Charisma Carpenter y Giselle Itié.

La excusa es la de un grupo de mercenarios, a cada cual más brutote, que son contratados para derrocar a un dictador de un país ficticio latinoamericano a las órdenes de un ex-miembro de la CIA. Una misión imposible para todo el mundo menos para el amigo del morro torcido y sus colegas, que en principio se niegan, pero que acaban emprendiendo para salvar a una dulce lugareña.

Podría hablar largo y tendido sobre los desaciertos de la película, que los tiene y muchos, sobre todo en cuanto a guión y planificación de las escenas de tortas, algunas demasiado liosas, que desaprovechan la espectacularidad de tipos como Jet Li o Randy Couture al meter la cámara demasiado encima de la acción, con el típico operario con Parkinson sujetándola, pero lo importante en este tinglado, son los aciertos, que logran que una idea tan sencilla se sostenga y triunfe.

Por una parte, me llamó la atención la generosidad de Stallone en cuanto a protagonismo. Evidentemente, él es la figura central de la trama y el que más plano chupa, pero deja bastante hueco a sus compañeros, sobre todo al mayor relevo fílmico en cuanto a tortas XXL se refiere, el animalico de Jason Statham. Sly se burla de su propia edad, es machacado por los malos y salvado por sus colegas mercenarios y les cede momentos para el recuerdo. Minipunto para el bueno de Sly por esa falta de ego.

Por otra parte, el tono general de la producción, con un aire a estantería de videclub y a tardes de bocata de chorizo (que sí, que ya he dicho más veces que no me gusta la Nocilla) muy conseguido a pesar (o gracias a, quien sabe) un presupuesto bastante ajustado, donde no faltan los chascarrillos en medio de la batalla y el descaro gamberro a la hora de agujerear, explotar y aniquilar hordas de dummies al servicio del malvado general, algo que el dire ya había probado en la última entrega de Rambo y que había tenido bastante éxito. El jugueteo con el gore humorístico provoca carcajadas que suben varios enteros el nivel.

Es por lo tanto, una película honesta y con buen fondo, como un gran San Bernardo viejote, leal y con mal humor, que no pretende engañar a nadie y que ofrece justo lo que promete, a pesar de sus evidentes y casi entrañables defectos.

Estoy seguro de que si hay una segunda parte (y viendo la caja que está haciendo, no lo dudo ni por un momento), Sly contará con más ayuda para dar forma a un guión un poquito más sólido manteniendo el tono gamberro de la cinta. Con eso y un par de cachas antológicos más repartiendo estopa, intentando no ahogarse tras un par de carreras (buenísimo el momento en el que Sly huye a toda pastilla de un ejército y parece que es la dama rescatada la que tira de él y lo sujeta para que no se estampe contra el suelo) tienen mi entrada asegurada.

Porque ellos lo valen.

5 thoughts on “LOS MERCENARIOS

  1. Jejeje, peticiones de los lectores… esta página se está viniendo arriba!!

    Pues precisamente la vi antes de ayer… no tengo aún muy claro cómo hacer una crítica de Origen sin destripar absolutamente nada del argumento, pero está próxima, eso seguro.

    Saludos!!

  2. Humm, en realidad el presupuesto no es tan ajustado, pues es de 80 millones, o eso he leído… No es un megapresupuesto, pero tampoco es moco de pavo.

    Por lo demás, me gustaría ver una segunda parte con Van Damme, Russel y Snipes al menos, ya que al parecer Seagal tiene ciertos problemas personales con uno de los productores de la cinta.

    ¡Salutations!

    PD: Bueno, me olvidaba del héroe de acción por excelencia: ¡¡Chuck Norris!! Sin duda, debería aparecer en la más que segura secuela, jujujuju…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.