LOS INCREÍBLES 2

La primera aventura de la familia Parr supuso una nueva muesca en el tablero de éxitos de Pixar. Una nueva aventura familiar con el empaque y el tono perfecto para encandilar a los enanos de la casa y un subtexto y una inteligencia tal como para dejar prendados también a los adultos.

Y, bueno, la cosa iba también de superhéroes, con sus batallitas, sus superpoderes y sus intrigas y ya sabéis que a mí me ponen un tipo con poderes chulos delante y al menos tienen mi atención ganada.

El caso es que después de especular durante años con una continuación de las aventuras familiares, al fin tenemos una ante nuestros ojos, con el mismo equipo creativo y artístico que la anterior, es decir, Brad Bird a la escritura y dirección y Holly Hunter, Craig T. Nelson y Samuel L. Jackson en sus voces más reconocibles.

El resultado es una secuela absolutamente continuista, tanto en el tono, repleto de humor y luminoso, como en su temática, que sigue explorando las dinámicas de una familia numerosa. Si en la anterior diseccionaba los peligros de la monotonía y la confianza, además de dotar a cada miembro de la familia con poderes que tenían más que ver con las psicologías atribuidas a cada miembro de la familia (la fuerza bruta del padre, la elasticidad y capacidad de adaptación de la madre, la timidez de la hija mayor, la energía infinita y a veces frustrada del hijo mediano y el potencial repleto de posibilidades del nuevo bebé llegado al núcleo familiar), en esta no se escatima la posibilidad de seguir explorando nuevas dinámicas en la convivencia matrimonial y familiar.

Aquella primera película pasaba por temas como la mentira, las sospechas de infidelidad, la nostalgia de tiempos de juventud pasados y la conciencia final de que el viaje en familia constituía la auténtica aventura dejando a los Parr preparados para nuevos horizontes y ésta continúa la historia en el mismo y preciso momento en el que la anterior ponía su punto y aparte.

En esta ocasión, los supers encuentran una oportunidad para volver a ser legales a través de la campaña de promoción y marketing ideada por un empresario millonetis enamorado de las hazañas de aquellos héroes que marcaron su infancia. Para ello, eligen a un sólo individuo para ayudar a la población y poder transmitir al público la idea de que hacen mucho más bien que  mal.

Cuando la elegida para tal labor es Helen, la matriarca de la familia, su marido Bob se enfrenta a dos retos. Por un lado, tragarse su orgullo torero y asumir que su mujer está mejor preparada que él para llevar a cabo la misión y por otro asumir un cambio de roles, quedándose en casa cuidando de tres hijos mientras es su esposa la que sale a ganar el jornal diario.

De nuevo, ahí está el subtexto que disfrutará más el adulto. A mí, al menos, me pareció más interesante aquella parte que retrata el sufrimiento continuo del padre para lidiar con aquellas tareas cotidianas que la madre parecía capear sin esfuerzo, que la sección más de fuegos artificiales en la que la madre se enfrenta al nuevo villano de turno, que quizá es la que emocione a los preadolescentes de la casa.

Y, por supuesto, Pixar y Brad Bird no se olvidan de los más pequeños, que se partirán de risa con la retahíla de nuevos poderes que va descubriendo Jack-Jack, su particular batalla con un mapache cabroncete y el lazo afectivo que crea con la insuperable Edna Moda.

Siempre atento a la época en la que está viviendo, Brad Bird aporta una visión feminista y moderna a los chavales, algo que veo tan necesario hoy en día como el respirar. Un pequeño pasito hacia una sociedad más igualitaria, que vaya erradicando poco a poco un machismo que, en vez de disminuir, parece que goza de un repunte peligroso.

Por supuesto, no todo son lecturas gafapásticas, sino que hay mucho espacio para la acción y el humor, sobre todo con las nuevas incorporaciones de aspirantes a superhéroes. Quien no haya flipado y se haya partido de risa con Reflujo, que bien podría haber formado parte de la pandilla de Deadpool y sus X-Force, es que no tiene sentido del humor, ni corazón, ni perdón del Spaghetti Volador.

Por otra parte, también es cierto que la identidad del malote que pone en un brete a los protagonistas, está bastante cantado desde los primeros compases de la película pero, eh, esto no es una trama de Agatha Christie. Esto es una película de animación de una compañía que sigue marcando el paso en el género, ya sea a través de muchas de sus secuelas (desgraciadamente no podemos contar las de “Cars” entre ellas, que siguen pareciendo destinadas a vender juguetes) o de sus películas originales, de las que nos han prometido entregarnos al menos una cada año.

Aunque en lontananza, sólo se vislumbra una nueva entrega de “Toy Story”, que a priori parece innecesaria dado el perfecto final que tuvo la tercera entrega y no hay noticias de nuevos proyectos originales.

Así que a ver qué pasa.

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