LORD OF TEARS

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No entiendo cómo una película puede llegar a un festival como el Nocturna, que aspira a convertirse en referente del género en la capital, con una cierta reputación, con un rumor generalizado a joya escondida, con un sentimiento global de que íbamos a descubrir algo grande y, al final, ser esto. Es más, no entiendo cómo un ser humano que está visualizando cintas para la programación de su festival, puede ver esto y pensar que es una buena opción. Es más, no sé cómo alguien puede perpetrar un film de este calibre y quedarse tan ancho y enseñárselo a otros miembros de su misma raza por los que no siente ninguna animadversión. Es más, no sé cómo la escritora y productora, después de ver el resultado, puede tener el temple necesario para presentar en persona la peli y quedarse durante toda la proyección, aguantando estoicamente el incremento gradual de risas y chascarrillos de una sala que comenzó abarrotada y, al encenderse las luces, apareció a medio aforo.

Y es que “Lord of tears” no aguanta una crítica en ninguno de sus apartados. Pero ninguno, ¿eh? Que mira que es difícil. Podría estar mal rodada, fatal interpretada, calamitosamente dirigida y, yo que sé, tener un montaje cuidado o una iluminación sugerente. Pero nada. Como si fuese un ejemplo de todo lo que no hay que hacer en cine si pretendes construir una película.

Pero no perdamos tiempo y vayamos al argumento. Agarraos. Ah, y por si tenéis alguna tentación de verla en el cine, no me voy a cortar a la hora de dar detalles del mismo. Pero podéis seguir leyendo. Total, para lo que cuenta…

Un tipo muy raro que da poesía en un colegio público de barrio pobre y tiene un amigo con un bigote raro acude a la lectura del testamento de su madre que, probablemente, se ha suicidado. No lo dice claramente pero a veces salen imágenes de alguien ahorcado, así que suponemos que es la madre. El caso es que, esta madre muerta le trollea, porque le deja una casa y le dice que no vaya nunca. La razón es que de pequeño soñaba con un señor con cabeza de buho y del miedo se intentó ahogar en la piscina, lo que le ha creado un trauma y le ha convertido en un señor que pone caras raras cuando le hablan.

El protagonista conversa con su único amigo, el del bigote raro y le dice que hojeando un libro, ha encontrado un dibujo muy siniestro suyo (suyo del de las caras, no del de bigote raro) de cuando era pequeño y se ha asustado muchísimo. Obviamente, cuando le vemos asustarse, pone una cara muy rara al hacerlo. Así que está decidido a ir a la casa a resolver el misterio del hombre buho.

Para que os hagáis una idea, mientras esto sucede, hilvanado todo con diálogos de descartes de la peor telenovela venezolana, aparecen imágenes rarunas, como árboles, orugas, pájaros y ojos. Todo muy victoriano.

Cuando llega a la casa heredada, hay una pin-up de boca enorme leyendo fuera y le dice que la llave está debajo del felpudo. Os cuento lo de la llave porque no es un detalle baladí; las llaves son muy importantes en “Lord of tears”. Cada vez que coloca un cuadro que está torcido, abre un cofre de tocador o estornuda, aparece una nueva llave que abre algo super misterioso.

El tipo se instala allí y se hace amigo de la pin-up. Esto lo sabemos porque leen juntos, toman el té juntos, se bañan en la piscina juntos, se van a hacer picnic en pleno invierno juntos o buscan versículos de la biblia juntos, que esto une mucho. Además, él parece que se empieza a enamoriscar un poco porque sueña con ella poniendo caritas. Y en un momento ella baila mientras él está sentado en una silla. Mucho rato. Tanto rato que en algún momento me dormí y cuando me desperté, ella seguía bailando.

Pero no todo podía ser felicidad para el hombre que pone caras. También empieza a soñar con el hombre trajeado con cabeza de buho, que habla con la voz de Iñaki Gabilondo y le dice cosas que podrían salir de la mente de un Iker Jiménez hasta el ojete de peyote. Y, mientras tanto, más imágenes de más orugas y nubes y el tío del bigote raro poniéndole caras a la cámara como si fuese una tía abuela delante de su sobrino nieto recién nacido.

En fin, el caso es que después de una eternidad, nuestro protagonista que pone caras descubre que la pin-up no es una pin-up, sino que en realidad es la nanny que tenía de canijo y en realidad está muerta. Como recuerda que en algún momento la ha besado, pone caras. Y ella de repente se pintarrajea con maquillaje blanco, como si fuera el Jocker y empieza a hacer cosas muy raras delante de la cámara, como si tuviera espasmos a cámara lenta. Y le persigue por la casa restregándose contra la pared y contoneándose como si intentase hacer sh’bam y no supiera.

Al final él consigue que el espíritu de la nanny muerta descanse en paz (no sé muy bien cómo, creo que en este punto volví a quedarme ligeramente traspuesto) y ésta se vuelve a maquillar de pin-up y se va. Mientras, él pone caras.

Al final de todo hay otro giro sorprendente que involucra al colega de bigote raro, el hombre buho, nuestro colega el de las caras y el padre del de bigote raro, pero esto no os lo voy a destripar por si, después de todo esto, aún estáis interesados en ver este esperpento.

Resumiendo: los actores parece que lo hacen mal adrede, los diálogos provocan vergüenza ajena, la ambientación es una castaña pilonga y mención especial para el montaje. Mira que yo no entiendo mucho de esta disciplina y seguro que me pongo a montar un vídeo y queda raro de testículos pero llama tanto, tanto la atención la forma en la que los planos cambian, que dudas de que nadie involucrado en esta película haya estudiado nada sobre cine. Es más, llegas a dudar de que hayan visto más películas.

Y pensar que la amiga productora y guionista llegó diciendo que nos preparásemos para una peli al más puro estilo Hammer…

Que valor.

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