LIFE

“Life” parte de una situación de desventaja con respecto a otras películas y son las continuas comparaciones de su trama con la de una película de culto instalada en la memoria cinéfila de millones de potenciales espectadores. Aún sin haberla visto, el comentario es casi automático: a ver cuánto se parece a “Alien, el 8º pasajero”.

Esta asociación se produce de forma natural e injusta, como si la película del xenomorfo fuese absolutamente original y no bebiese en absoluto de influencias fílmicas como las de “El enigma de otro mundo” o “El terror del más allá” y literarias como el relato corto “Junkyard” de Clifford D. Simak o “Strange relations” de Phillip José Farmer, nunca escondidas por Dan O’Bannon, autor del guión.

Es más, una vez vista la película de Daniel Espinosa, quizá tenga más referencias a “La cosa” de John Carpenter que al clásico de Ridley Scott, sin embargo la idea de una nave en el espacio cuya tripulación se enfrenta a una forma alienígena nos lleva inevitablemente más a la segunda que a la primera.

Es una pena, porque la película protagonizada por Jake Gyllenhaal, Ryan Reynolds y Rebecca Ferguson tiene la suficiente personalidad propia como para resistir comparaciones ajenas y construir una película de entretenimiento plagada de suspense y una muy buena dirección. Algo que se puede apreciar desde la primera escena, una larguísima secuencia sin cortes muy bien planificada en la que los tripulantes de la nave se preparan para detener la sonda que se aproxima a toda velocidad con el primer hallazgo de una bacteria extraterrestre en su interior.

Quizá el diseño del bicho no sea tan espectacular como el que diseñó H. R. Giger para “Alien”, o el de Stan Winston para “La cosa”, sin embargo es original y muy efectivo. Un ser vivo que no es movido por la hostilidad o un furor guerrero, sino por la simple y primaria supervivencia al que, movido por ese pensamiento disneyano tan humano, el biólogo llega a confundir con una mascota, o un ser de pensamiento racional y empático, descuidando precauciones elementales.

En esta carrera por la supervivencia entre dos especies, el director no trata de engañar a nadie y se embarca en una frenética lucha que va reduciendo opciones y espacios volviendo el ambiente más y más claustrofóbico, aumentando la tensión a medida que se reducen las probabilidades de que los humanos ganen la batalla. Funciona como un reloj en sus escenas de terror, sin necesidad de sustos innecesarios ni trucos escondidos bajo la manga y el nivel de entretenimiento se mantiene alto dejando claro que no pretende pasar a la posteridad con filosofías baratas u otro objetivo que no sea el de mantener al espectador pegado a la butaca durante un par de horas.

Así que, desconfiad de las opiniones que os digan que esta película es una burda copia pues, o bien no la han visto o bien se han quedado en la superficie de sus prejuicios y no han entendido nada.

Ni de ésta ni de la otra.

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