LET’S GET LOST VS. THIS IS IT

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Todo parece indicar que cuando llevábamos octubre mediado, un día cualquiera me levanté de la cama, me miré al espejo y me sentí cultureta. Evidentemente, esas sensaciones hay que mantenerlas todo lo posible, pues no pasan muy a menudo, así que las dos películas que vi las siguientes semanas fueron dos documentales sobre músicos de vidas raras, fallecidos. Aunque dicen los gafapastas, que uno de los documentales es cultureta y el otro no. En este ejercicio de agudeza mental, el intrépido lector tendrá que adivinar cual es apto para el gafapastismo natural y cual no lo es. Empecemos las pistas.

Uno de ellos es un documental en blanco y negro, de un trompetista de Jazz maldito y drogadicto, realizado por un fotógrafo obsesionado por su figura, a través de viejas fotografías y entrevistas personales tanto al músico como a aquellos que lo conocieron y padecieron y montado de forma etérea y confusa. El otro es una especie de backstage de los ensayos de los 50 megaconciertos que estuvo a punto de dar uno de los mayores iconos de este siglo y el pasado, capaz de vender más camisetas, gorros y guantes con lentejuelas que nadie, en color, con sonido sensurroundmasterblaster, en el que tanto el músico como los que le rodean hablan poco y que se centra en su mayoría en los ensayos de las coreografías y la música.

Uno trata sobre Chet Baker. El otro sobre Michael Jackson. El primero estuvo nominado a los Oscar en la categoría de mejor documental. El otro pretende ser un taquillazo y aupar su banda sonora a los discos más vendidos. ¿Ya vamos intuyendo cual es el minoritario?

Pues mientras me quito mis gafas de pasta falsas y mi camiseta a rallas verdaderas, ya os voy diciendo que me lo pasé mejor en el del amigo Jacko que en el del jazzista yonkarra. Sensación cultureta off, vuelta al mundo mainstream.

“Let’s get lost” nos muestra una visión de un músico caradura, genial, demacrado y manipulador. Un tipo con un don para generar melodías inmortales a través de una trompeta que vivió tan sólo para sí mismo. Un enamorado de la música, los coches, las mujeres y los viajes psicotrópicos.

Sin embargo, un ritmo desmesuradamente lento y un montaje demasiado “poético” me sacó a menudo de la historia de esta fuerte personalidad dejándome un batiburrillo de personajes que desfilaban por la pantalla, en su mayoría destacando la parte gamberra del personaje. Exnovias, exmujeres, examigos, excamellos y explicaciones (como hilo, ¿eh?) del propio Baker forman el retrato de un vividor sin complejos, al que si dejáramos sin su don se quedaría en un tipo sin amigos ni magnetismo.

Por otra parte, “This is it” no sé si se puede calificar de documental. Es más bien un “making of” de los conciertos que MJ tenía previsto dar en Londres, poniendo así punto final a su experiencia encima de los escenarios (o eso decía él).

Lo que más interesante me pareció de “This is it” fue lo poco que se podía entrever de la personalidad del artista y lo mucho que se barrunta sobre su estado de salud en el momento de los ensayos.

Las pocas partes de la cinta en la que Jackson no está bailando o cantando y se pone a hablar, dejan entrever un carácter infantil y tímido al mismo tiempo. Vemos a una persona acostumbrada a estar siempre rodeada de gente que no para de alabarla. Una falsa modestia planea casi siempre entre sus frases a la vez que trata de parecer la mejor persona del universo en su trato hacia los demás. Si a esto le unimos una forma de expresarse más bien pobre, estos momentos sin música dan lugar a un buen número de momentos que desfilan entre la comicidad y la ternura.

En cuanto a su estado físico, desde luego no era boyante. Mantiene el sentido del ritmo innato que le caracterizó en su carrera y se le nota un gran esfuerzo a la hora de intentar llevar sus coreografías a sus tiempos clásicos, pero no vemos ni uno de sus famosos giros a toda velocidad, ni un “Moonwalker”, ni una posturita sobre las puntas de sus pies. Por el contrario, su voz sigue siendo la de siempre. Los gritos, los agudos, las canciones funky y las baladas melosas siguen sonando prácticamente igual que en los discos. Es impresionante ver cómo es capaz de dar instrucciones a la sección rítmica de los músicos imitando un bajo y una batería sólo con su voz, o competir en virtuosismo vocal con una veinteañera.

Desde luego, a este paso nunca voy a entrar en la élite cinéfila, prefiriendo un Transformer a Klaatu, “Star Wars” a “Blade Runner” o “Good morning Vietnam” a “Apocalipse now”. ¡A la hoguera conmigo!

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