LAND OF MINE

La Segunda Guerra Mundial ha acabado. El destino de los vencidos es incierto y variado. Algunos se retiran a su país, para intentar reconstruir una nación en ruinas, otros son juzgados, otros asesinados y alguno que otro se suicida en un bunker junto con su gente más cercana.

En Dinamarca se toma una decisión que, a priori, podría parecer perfectamente justa. Algunos de los soldados alemanes deben quedarse en el país para limpiar las playas de las minas que ellos mismos han sembrado. Parece lógico, ¿verdad? Vosotros habéis convertido las orillas danesas en un cultivo de muerte, así que antes de volver cosecháis los tubérculos explosivos y nos dejáís de nuevo la zona de playa como la patena.

Esto es lo que piensa el Sargento Rasmussen cuando espera a los reclutas a los que ha de custodiar hasta que completen la misión. El trato es mucho más de lo que merecen esos nazis que se han dedicado a masacrar el mundo y sólo espera que no le salpiquen demasiado los que cometan errores. Así se lo planteará a grito pelado emulando al sargento de hierro.

Eso es lo que piensa hasta que llega el puñado de adolescentes y pre-adolescentes temblorosos y perdidos que tiene a su cargo, hasta que escucha sus gritos de dolor llamando a sus madres cuando les revienta algún miembro, hasta que observa sus ojos acuosos e inocentes tras los que hay una vida aún por construir, hasta que se da cuenta de que ellos son tan víctimas de la barbarie y la sinrazón como cualquier otro.

Es increíble cómo siguen apareciendo nuevos capítulos de esa inmensa guerra que asoló el planeta, nuevos instantes donde detener la mirada para llegar a la conclusión de que como raza nos queda aún un buen trecho por mejorar. Éste, en concreto, tiene mucho más de drama humano que de cine bélico. No hay secuencias de acción y sí mucha humanidad y mucha escena de suspense fantásticamente filmada en la que el corazón del espectador galopa pendiente de la vida de esos muchachos que tratan de desmantelar cada una de las minas escondidas bajo la arena.

La película fue escogida para representar a Dinamarca en los premios Oscar y llegó a pelear por él en el quinteto final, algo bastante lógico por la propia estructura de la película, que tiene una concepción muy americana. Personajes que se redimen a través del dolor, hermanos que permanecen unidos ante la adversidad, altos mandos inmisericordes e incapaces de empatizar con nadie… temas muy hollywoodienses que han sido tratados en millares de películas.

Sin embargo, aunque es muy fácil empatizar con los personajes y caer rendido ante la construcción precisa de las escenas de suspense, la película no me pareció perfecta. El arco de los personajes principales, necesarios para que la peli funcione y recorra el camino planteado por el guionista, me pareció, por momentos, poco natural. Demasiado forzado en algunos de sus giros. Con cambios en la conciencia de los protagonista demasiado agudos para el tiempo en el que se producen, sin un hilo conductor algo más trabajado que los lleve de A a B.

Esta sensación se quedó en la parte trasera de mi cabeza, como una niebla poco densa que no impidió ver el resto del espléndido paisaje que pinta Martin Zandvliet, el director y guionista de la cinta. Un mal menor en una película que logró que alguna lágrima acabara asomándose, furtiva, en la oscuridad de la sala.

2 thoughts on “LAND OF MINE

  1. Válgame el Monstruo Spaghetti Volador, me está dando hasta miedo. Necesitamos ya un Sitges para volver a discrepar y discutir a brazo partido.

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