LADY BIRD

Es la segunda película que vemos en la temporada Oscars que trata sobre la vida. Así un poco en general. Retratos de una pequeña muestra de población que deambulan a través de sus preocupaciones, problemas, sueños, esperanzas, traumas, prejuicios y carencias narradas de esa forma tan reconocible de las películas independientes.

“The Florida project” y “Lady bird” comparten ese mismo ADN aunque su estructura, su forma de abordar ambas familias y su tono no se parezcan en nada. Mientras que la película de Sean Baker parece rodeada por un halo de fatalidad y tristeza, en gran parte por la figura de esa madre irresponsable y tarambana, la de Greta Gerwig que hoy comento tiene un aire luminoso y optimista y a pesar de los muchos defectos de sus protagonistas está guiada por el amor. El amor que se tienen dentro de una familia con falta de comunicación, el amor de la protagonista por la ciudad en la que vive y de la que trata desesperadamente de escapar y el amor que busca constantemente en su vida romántica.

Mientras que Baker se apega a la más cruda realidad de su país, Gerwig se aferra a sus propias vivencias y a su visión de la vida y, por supuesto, viene influida por las películas en las que ha participado hasta el momento, ya sea protagonizando y co-escribiendo (“Frances Ha”) o co-dirigiendo (“Noches y fines de semana”) en ese estilo de comedia independiente en el que se ha movido hasta la fecha y del que incluso la han considerado musa.

Sólo hay que ver alguna de las entrevistas a las que Greta Gerwig ha acudido para la promoción de su película para darse cuenta de algunos rasgos de la personalidad de esta muchacha: una timidez inherente combinada con una brutal carga de sinceridad y una candidez entrañable a la hora de explicar los temas por los que le preguntan. Es muy curioso el momento en el que en esta entrevista Stephen Colbert le pregunta por el spin off de “Cómo conocí a vuestra madre” que estuvo a punto de protagonizar y ella dice que no funcionó porque el público de test que utilizan los estudios para valorar la posibilidad de dar luz verde a una serie marcaba su disgusto cada vez que ella aparecía en pantalla. Entran ganas de plantarle un abrazo a la muchacha.

Por tanto, es fácil suponer que el personaje de Lady Bird en la película homónima tiene muchos puntos en común con su directora y guionista, al menos en épocas pretéritas. Una adolescente insegura pero repleta de determinación, con un pronto temible pero muy cariñosa, con una labia incontenible y que busca su lugar en el mundo sin encontrarse demasiado a gusto en ningún sitio.

Christine McPherson es una chica que vive su último año de instituto, deseando ser admitida en una universidad de algún otro estado, escapar de la aburrida vida de Sacramento y poder evolucionar en un ambiente más cultural. Para ello debe convencer a su madre, con quien tiene una relación tensa que se equilibra entre el amor y la frustración, mientras su padre, en paro desde hace algún tiempo y con problemas de depresión, le apoya incondicionalmente.

Mientras da cuenta de este último curso, conocerá chicos de los que se enamorará, tendrá alguna que otra discusión con su mejor amiga y tratará de ubicarse entre las diferentes clases sociales que pueblan su círculo social.

La película tuvo, durante mucho tiempo, un 100% de aceptación en Rotten Tomatoes, una de las webs de críticas cinematográficas más influyentes del mundo, lo cual es una proeza que ninguna película había conseguido hasta el momento y parece que en gran medida, aparte del acertado guión de Gerwig, es culpa de la actuación de su protagonista, Saoirse Ronan, una actriz a punto de cumplir los 24 años que cuenta ya con tres nominaciones a los Oscar a sus espaldas, ahí es nada.

El trabajo de esta neoyorkina de padres irlandeses que se mudó a Dublín con tres años es impresionante. La naturalidad con la que encarna a Lady Bird es pasmosa y las conversaciones que mantiene con su madre, como si fueran combates de esgrima, exudan verdad, provocando empatía inmediata. Sin olvidar el gran trabajo realizado para cambiar su acento, ya que la actriz tiene en su vida real un fuerte deje irlandés, al menos en las entrevistas que he escuchado.

Unas conversaciones que no funcionarían de la misma forma si no fuera por el acierto de otra actriz inconmensurable, Laurie Metcalf, que los más jóvenes conocerán por encarnar a la madre de Sheldon en “The big bang theory” y los más maduritos por ser la hermana de Roseanne en la serie homónima protagonizada por Roseanne Barr y John Goodman.

Ambas han sido premiadas con sendas nominaciones a los Oscar, aunque se los arrebataron Frances McDormand y Allison Janney respectivamente y ambas son el alma y los pilares de la película, moldeando a la perfección los rápidos y agudos diálogos que Greta Gerwig imaginó.

Y aunque ellas dos son el motor que empuja la trama, los actores que las rodean tampoco son moco de pavo. Tracy Letts está achuchable todo el rato como padre de Christine, Beanie Feldstein es la típica mejor amiga que toda adolescente ha tenido en el instituto, cándida y comprensiva y Timothée Chalamet, con su breve tiempo en pantalla, confirma que su precisión actoral en “Call me by your name” no es de chiripa y está llamado a ser uno de los grandes actores de su generación.

“Lady bird” es una película que puede cansar y hasta molestar al público que no aprecie un cine independiente con unas características muy marcadas. En algún momento puede hasta parecer que está repleta de pequeños sketches que no tienen trama central alguna y a la salida del cine tuvimos una pequeña discusión en cuanto a si el personaje central había sufrido algún cambio a lo largo de la película o seguía siendo exactamente la misma.

A mí, personalmente, me ha encandilado. Volviendo al ejemplo de “The Florida project” mi problema con aquella es que era incapaz de sentirme identificado con ninguno de sus personajes. Sin embargo en ésta, es fácil entender los miedos y las motivaciones de su protagonista, aparte de caerme muy simpática.

No sé si un 100% de consenso será mucho decir, pero sí que me parece difícil salir de la película sin que a uno le guste nada de ella.

Al menos el pelazo de Chalamet, oye.

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