LA VERGÜENZA

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El cine español, en estos momentos, se batalla en tres frentes abiertos a través de las carteleras que se esparcen por nuestra piel de toro (que poético que he empezado, oiga). Por un lado, los estrenos de los directores conocidos para la gran mayoría del público, Almodóvar, Garci, Amenabar y compañía. Por otro, los productos para adolescentes plagados de caras televisivas y cuerpos de infarto, que están funcionando francamente bien y, aunque no iría a verlos en mi sano juicio, me parece fenomenal que se hagan si logran atraer a tanto público. La tercera de las propuestas (y la más presente), es todo lo relacionado con el cine de denuncia. Somos un pueblo protestón por naturaleza y nuestro cine es un reflejo de ello. Racismo, guerras civiles, inmigración, terrorismo e injusticias de toda índole tienen su propia pancarta en las salas.

La semana pasada elegimos una de las opciones de la tercera categoría y fuimos a ver “La vergüenza”, película sobre el tema de la adopción, dirigida y escrita por el desconocido David Planell e interpretada por Alberto San Juan. Su argumento trata el tema de las adopciones de chavales lo suficientemente mayores como para tener memoria sobre el calvario que supone pasar por familias desconocidas y reubicarse en un país diferente, tras un garbeo por un centro de adopción. Un bonito caldo de cultivo de traumas, inadaptación y problemas psicológicos varios.

En ningún momento llegué a creerme la historia que me contaba Planell, en parte porque la película no llega a definirse entre la comedia y el drama y dicha mezcla resulta artificiosa, como si se pretendiera abordar el tema sin molestar demasiado al espectador. En gran medida, ayudan a esta sensación las interpretaciones, tanto las que me parecieron buenas como las que no. Me explico.

Alberto San Juan me parece un buen actor. Quizá aún no he visto en él una versatilidad “brandoniana”, pero sí ofrece una personalidad propia, un estilo único y reconocible, una marca que imprime en todos sus personajes aportándoles un nombre propio, lo que a mi modo de ver ya es una buena cualidad (algo así como el superpoder antagónico al de Fernando Tejero, que consigue que quiera atizarle con lo primero que tenga a mano cada vez que aparece en pantalla). Eso sí, donde más cómodo le veo es en el mundo de la comedia y son los momentos cómicos lo más apreciable de esta película, casi en su totalidad desencadenados por él. El problema es que, esto me saca constantemente de la historia y provoca que esté deseando el siguiente punto de San Juan, más que saber en qué acaba todo.

En el otro lado de la línea, tenemos las actuaciones que no llegaron a arrastrarme a la empatía con la historia, que son prácticamente todas las demás. Ni la mujer de Alberto San Juan (Natalia Mateo), ni la asistenta que enmaraña la, ya de por sí, difícil situación (Norma Martínez), ni la preguntona asistente social que desestabiliza por completo a los padres a partir de sus preguntas (Marta Aledo) logran convencerme.

Si a todo esto sumamos un final descafeinado, que ni alegra, ni entristece, ni se moja, ni conmueve, ni responde, ni sorprende, nos queda un producto ligero, sin calorías que enciendan el remordimiento ni sabor que nos endulce el paladar cinéfilo. Un producto “desaborío”, que dirían los andaluces. Una de tantas cintas que pueblan una cartelera abarrotada hasta los topes, con muchas más propuestas que pueden generar algún tipo de emoción en los espectadores. A favor o en contra.

Leer critica La vergüenza en Muchocine.net

6 thoughts on “LA VERGÜENZA

  1. jejeje, pues sí y esa ya está escrita. Igual que la de Amores perros, que la vi hace poco. Y también me falta Monstruos vs. Aliens. Si es que estos parones blogueros no son buenos…

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