LA ÚLTIMA CASA A LA IZQUIERDA —— 1972 VS. 2009

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La película tenía solera. Había oído hablar de ella como un hito en el cine de terror, el estreno por la puerta grande de un director con un bagaje en el mundo pesadillesco del celuloide importante. Wes Craven nos había regalado el icono de los malos sueños, Freddy Krueger, unas colinas llenas de ojos, la cosa del pantano y la gran trilogía de Scream, donde se reía de las normas de las películas que había construido, ayudado por Kevin Williamson.

En esta era de remakes, no podía faltar la revisitación de esta alejada casa en formato para adolescentes. Yo no había visto ninguna de ellas, así que era hora de poder hablar con fundamento (al menos por una vez, que nunca viene mal) y me puse al lío. Conseguí ambas películas y me hice una sesión grindhouse casera por orden cronológico.

Cuando acabó la primera de ellas, se me había quedado una cara de interrogación importante. Las loas que había leído sobre la película, solo podían ser debidas al estreno del director en el largometraje, porque la película es mala con ganas. Pero no mala en algún apartado, sino en todos y cada uno de los puntos cinematográficos que uno quiera ponerse a analizar… salvo, quizás, la idea en sí. Pero ya ves, yo día sí día no me levanto con una idea cojonuda y no por ello soy un buen guionista.

La historia es la de una adolescente que queda con una amiga para ir a un concierto y de camino, en busca de unos porrillos para amenizar el ambiente, acaban en manos de un cuarteto de maleantes con muy malaje. Los macarras, las llevan al bosque y les hacen todo tipo de maldades hasta que acaban matándolas. Acto seguido, deciden pasar la noche en la única casa que se ve en los alrededores (los malosos, no las chicas, que ya tan fiambres, que no escucháis), con tan mala pata que se trata de la casa de la chica, donde los padres esperan a que llegue. Cuando los progenitores se enteran (que ese es otro tema, vaya risa la forma en que se enteran) de lo que ha pasado, deciden vengarse sin piedad.

Las actuaciones son de traca, mal dirigidas, con diálogos forzados y sin gracia. Luego criticamos el unicareto del amigo Keanu Reeves, pero viendo la reacción de la madre de la criatura cuando se entera de lo que han hecho con su hija podía haber tenido un oscar (el Keanu, no la madre) al número de muecas por su papel de Klaatu en “Ultimatum a la tierra”. Atentos también a las reacciones de los malotes cuando se cargan a la segunda chica, otra pedazo de muestra de actores del método.

Pero Craven tampoco te deja concentrarte mucho en las actuaciones, ya que para amenizar el cotarro, añade una música electrónica en los momentos supuestamente tensos que consigue romper cualquier clima que hubiese pretendido otorgar. Por no hablar de los momentos en los que sale la pareja de policías que persigue a la pandilla (uno de los cuales será el mítico profesor cabroncete de “Karate kid”), con momentos cómicos tan solo comparables a los peores chistes de Marianico el corto y con una música similar a la de Benny Hill.

No acaban ahí los momentos vergonzosos, podemos hablar también del montaje, con escenas como el intento de huida de una de las chicas en el que, ahora estoy lejos, ahora estoy cerca, ahora pasan por encima de mí y no me ven, ahora me atrapan siguiendo mi rastro en el bosque, saltándose todas las normas de Epi y Blas en cuanto a las distancias, o esa gran elipsis en la que los malotes, cubiertos de sangre, se limpian en el río y acto seguido aparecen en la casa (la última a la izquierda, no os perdáis) como salidos de un tratamiento de belleza de Llongueras.

Así va transcurriendo el esperpento, hasta llegar al asombroso final, con la mujer (y sus emotivas reacciones, de las que ya hemos hablado) vengándose de uno de ellos no sin antes aprovechar para darse una alegría, una chica cayéndose a una piscina enorme, en un llano, con luz, dirigiéndose directamente hacia ella o el padre al mas puro estilo de matarife tejano, manejando una motosierra. Al menos, la coherencia la mantiene de principio a fin, sin ofrecer casi ni un momento que no produzca vergüenza ajena.

Después de este festival de horror (en el peor de los sentidos) aún saqué fuerzas para ver el remake, por una parte, porque me debo a mi público y por otra, porque peor era muy difícil que fuera y, como ya he dicho, la idea de la que parte el engendro, es incluso buena. Efectivamente, la película de 2009 mejora con respecto al original, pero tampoco os penséis que mucho.

Algo que es de agradecer a los guionistas, es que intentan dar explicación o contexto a todos los cabos sueltos e incongruencias que aportaba la original, lo cual es un trabajo de chinos. Una presentación de personajes para poder coger algo de empatía con los protagonistas, tanto padres como adolescentes, una relación entre el más joven de los kinkis y la moza que aporte un mínimo de credibilidad a las acciones, la justificación de que la banda busque apresuradamente una casa con una tormenta… ese tipo de cosas que elimina, al menos, el sinsentido total. Y lo más importante, algo por lo que les daría un beso en el cogote, es la eliminación de la payasa pareja de policías, que a punto estuvieron de provocarme acidez de estómago.

Se nota también diferencia en la calidad de la realización, pero a esto no le vamos a dar tanta imporancia, sobre todo porque en gran parte puede deberse a la exorbitante diferencia de presupuesto entre las dos cintas (aunque no debería ser excusa, solo hay que ver las maravillas que son capaces de hacer Carpenter o Cronenberg con unos cuantos billetes verdes). Así como diferencias hay en el pudor de las escenas, pero al revés de lo que se podría pensar, se enseñan más tetas y más culo en la de hace 35 años que ahora, lo que demuestra que los usamericanos se van volviendo más conservadores a medida que pasa el tiempo, como si les fuera la cuerda hacia atrás.

Para no dejar las historias iguales, también se introducen cambios en el final de la historia, con lo que, como era de esperar, la nueva no se queda solo con menos carne a la vista, sino con un remate mucho más blandito, quitando las dos únicas escenas de la primera película que, por lo bruticas y lo gore, me trajeron una sonrisa.

Resultado: tanto la original como el remake son ampliamente prescindibles y no me explico como algunas películas llegan a tener la fama que tienen. Eso de los films de culto es todo un misterio.

2 thoughts on “LA ÚLTIMA CASA A LA IZQUIERDA —— 1972 VS. 2009

  1. Pero es que Wes Craven es muy mal director… lo que mola es que inventó el género en los 70 dando una vuelta de tuerca a la serie B que había hasta entonces… y eso tiene un mérito importante. Es como George Romero, inventó el género zombie haciendo muy malas películas. El tiempo ha hecho que nuevos autores dignifiquen el género con pelis buenisimas.

    Coincido totalmente en lo prescindible de los remakes de las pelis de wes craven… bueno Las Colinas tienen Ojos (la nueva) tiene un pase..

  2. Bueno, no es tan mal director. A mí Pesadilla en Elm street me parece una gran peli. Lo que pasa, es que esta mezcla de cosas que no encajan ni con cola, pues me parece horrible. Es su primera peli y es razonable, pero lo que no entiendo es que esté encumbrada, por muchas vueltas de tuerca que haya dado. Estoy seguro de que hay por ahí películas escondidas, de directores que no se han hecho tan famosos, que también tienen novedades y son igual de malas y de las que nadie habla.
    En fin, cosas de la fama.

    Saludos!!

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