LA RATONERA

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Como decía en el anterior post, una vez que se calmó nuestra vorágine intelectualoide, nos dejamos de guiones sesudos y profundos y nos dedicamos a otros menesteres mucho más acordes a nuestro coeficiente intelectual instalado en la media. ¿Y qué mejor para empezar, que un buen asesinato, a sangre fría y a traición? Uno pertrechado por la dama del crimen perfecto por excelencia, la prolífica Agatha Christie.

“La ratonera” es una de las obras de teatro más famosas del mundo y la más veterana del teatro moderno, pues se está representando en el West End londinense, ininterrumpidamente, desde 1952 (casi como “Verano Azul” en TVE). Una obra basada en un relato corto de Christie que, por voluntad de ella, no saldrá publicado en el Reino Unido ni tendrá su versión cinematográfica hasta que se deje de representar en las islas. Algo que no parece que vaya a suceder pronto, ya que se ha convertido en una atracción turística más, una cita ineludible para amantes del teatro de todo el mundo.

La obra es una muestra del género que hizo popular a la autora, el de “la habitación cerrada”, en el que un montón de sospechosos, a cada cual con más motivos de haber cometido algún crimen, son reunidos finalmente en una habitación, mientras el/la sagaz detective nos desvela, guiado por la fría lógica, cómo ha descubierto al asesino (un género que tan bien desempeñó en la pequeña pantalla Angela Lansbury en su papel de Mrs. Fletcher o que fue genialmente parodiada en la imprescindible comedia “Un cadáver a los postres”).

Cuentan los que han ido (y en este caso, a mí me lo ha dicho la señorita Wikipedia), que cada vez que la obra toca a su fin en Londres, se le pide el público que no desvele a nadie el giro final de la historia para mantener la magia de quien va a verla por vez primera, pero este ritual se lo han saltado en nuestro país, quizá conscientes de que somos unas marujas incapaz de callarnos y que solemos hacer lo contrario de lo que se nos aconseja. Así que, os lo digo yo, que sé que me respetáis y me hacéis caso como si de un decimoprimer mandamiento me tratase: niños, estaos callados y cerrad la boquita si la veis. Y ya que estáis, no desveléis finales de nada, ya sea “El sexto sentido”, “Seven”, “Sospechosos habituales”, “Psicosis” o “Lost”, que nunca se sabe qué ha visto la gente.

El núcleo del argumento se toma prestado de un hecho real, acaecido en Shropshire (ala, intentad pronunciarlo sin escupir la pantalla), una región del oeste de Inglaterra, en donde un niño murió en una granja, mientras estaba a cargo de una familia de acogida. Este punto de partida será el detonante de un asesinato en una parte de Londres, en donde el criminal perderá un papel con dos cosas: una canción infantil titulada "Tres ratones ciegos" y una dirección, la de una posada en la que acabarán recluidos, a causa de un temporal, un grupo de personas que tendrán motivos para ser, tanto víctimas como verdugos.

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Los actores que dieron vida al misterio en nuestra cita en Madrid fueron, mi paisana María Castro (la pelirrojaza de “Sin tetas no hay paraiso” o “Pratos combinados”), Gorka Otxoa (el gran cómico de “Pagafantas” o “Vaya semanita”), Leandro Rivera (“Sin tetas no hay paraíso”, “7 vidas”), Paco churruca (el portero bajito de “La tira”), Aroa Gimeno (una morenaza que aparecía en, espera, déjame pensar, sí “Sin tetas no hay paraíso” o “Amar en tiempos revueltos”), Alvaro Roig (un clásico de las tablas que no aparecía en “Sin tetas”, pero sí en “Amar en tiempos revueltos”), Maribel Ripio (otra dama del teatro con cara de Srta. Rottenmeier) y Guillermo Muñoz (un joven actor que aparecía en “Amar en tiempos revueltos” y que se me parece un montón a Juanra Bonet, el que sustituye a Wyoming los viernes en “El intermedio”).

Algunos me gustaron más que otros (evidentemente), pero tan sólo voy a señalar que me sorprendió muy gratamente el papel de Gorka, que aunque lo adereza con pinceladas de su enorme vis cómica, nos hace olvidar a la persona para llevarnos al personaje, con una intensidad que corrobora el planteamiento de que para hacer comedia hay que ser muy buen actor.

Una propuesta para adictos al suspense que aún estáis a tiempo de disfrutar por la capital. Una noche en la que será imposible salir del teatro sin parar de tararear una enigmática canción infantil… “un ratón, y otros dos, los ves correr, ciegos los tres…”

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