LA PIEL QUE HABITO

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Mi relación con Almodóvar es más bien breve. Y desigual. He visto cuatro películas hasta la fecha, dos me han gustado bastante/mucho y otras dos poquito/pcha.

“Átame” y “Volver” son hasta ahora mis dos preferidas. Dos películas distanciadas en el tiempo, con Almodóvares en dos etapas diferenciadas pero con historias que me atraparon, personajes coloridos y magnéticos y diálogos geniales, salidos de la tremenda verborrea del director manchego. En contraposición, “La mala educación” me decepcionó y aburrió, en una historia de chavales traumatizados en colegios de curas que no me aportó demasiado.

Por su parte, esta última, “La piel que habito”, me dejó más bien frío, aunque he de reconocer que me atrapó en determinados momentos, sobre todo cuando el peso de las piezas empieza a armar el puzzle de venganzas entre los personajes y me incomodó en algún otro, como en la intervención del tigre brasileiro que desentona enormemente con el resto del conjunto.

El tinglado empieza presentando una situación raruna en una mansión toledana, descolocando al espectador y proporcionando el misterio suficiente como para que uno quiera saber cómo se ha llegado hasta ahí. En dicha casona, una mujer con la deliciosa anatomía de Elena Anaya, vestida por una especie de malla que le tapa toda la piel de cuello para abajo, vive retenida en una habitación, mientras un médico chiflado con el cuerpo de Antonio Banderas (sin su acento malagueño, minipunto para el actor), la observa y la trata y un ama de llaves fiel con las maneras de Marisa Paredes, le provee de alimento y materiales para sus aficiones.

Tras la presentación de hechos y personas involucradas, Almodóvar va desvelando las cartas poco a poco, saltando hacia atrás en el tiempo en el momento justo para continuar con otra línea argumental que se unirá al presente en un cuidado Abracadabra final, todo ello salpicado con las recurrentes filias del director como relaciones familiares quebradas, sexo crudo y pasional y las peras de Elena Anaya, tan bonitas, redondas y perfectas que uno no se cansa de ver nunca, lo cual es una suerte, porque salen más que las caras de algunos personajes.

Es la parte del flasback hacia la génesis del conflicto lo que más me atrapó, ese momento en el que las pistas empiezan a destacar y uno empieza a armar el lego del por qué. Sin embargo, esta parte es tan sólo un pequeño pedazo central e introducción y epílogo ocupan la práctica totalidad del metraje. Con lo cual, el desarrollo se vuelve demasiado lento y la evolución de los personajes se torna algunas veces demasiado caprichosa, como la última vuelta de tuerca de la Anaya.

En cuanto a las interpretaciones, hay un poco de todo, como en botica. Sorprendente Antonio Banderas, alejado de los tics que le suelen acompañar en las pelis de Jolibú, que debe haber disfrutado en las manos de su mentor, especialista en la dirección de actores, que ha sabido vestirle con la piel de un tipo torturado, sádico y meticuloso, convirtiéndole en lo mejor del conjunto. Muy bien Elena Anaya, como casi todo lo que hace esta chica, envuelta en una naturalidad asombrosa, incluso en las situaciones más antinaturales. Correcta Marisa Paredes, que hace tiempo que interpreta papeles muy parecidos entre sí. Muy bien los jovencicos Blanca Suárez y Jan Cornet, en dos papeles difíciles y arriesgados, muy suertudos por empezar a darse a conocer entre esta pandilla de profesionales. Por último, fuera de lugar Roberto Álamo, en una intervención que parece imposible de acometer saliendo bien parado, en una ida de olla del director que debería servir de catalizador de ciertas actuaciones pero que aparece como una chincheta en el sendero que se nos deja un agujero infectado durante el resto de la caminata.

De lo que no cabe duda es de que Pedro Almodóvar sigue teniendo una visión fílmica única. Un sentido de la estética, una intuición colocando la cámara siempre en el lugar indicado y un oficio de director muy por encima de la media y eso no hay quien se lo niegue. Otra cosa es que muchas veces se meta en unos lugares enfangados que dificultan la visión de sus películas.

Además, agradezco este cambio de género, ya que demuestra ser un tipo inquieto al que no le gusta estancarse. Con esa mentalidad, estoy seguro de que nos dejará un buen número de peliculones a lo largo de su carrera. Aunque me haya quedado con la sensación de que éste no ha sido el caso.

Tú lo que quiereh eh que me coma el tigre, que me coma el tigre, que me coma el tigre…

2 thoughts on “LA PIEL QUE HABITO

  1. A mí la película no me desagradó, pero porque me gusta el inicio y el desenlace. La parte central me parece que está algo desaprovechada. No obstante, muy disfrutable, es cierto.

    Saludos.

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