LA NIÑERA MÁGICA Y EL BIG BANG

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Era ya sábado por la mañana y empezábamos el día con energías y dispuestos a enfrentarnos a una dura sesión de cinefagia, con seis películas por delante, una por la mañana y cinco por la tarde. Sabíamos que el viaje sería duro, habría que aprovechar las posibles siestas en los momentos clave, el avituallamiento con cafeína y productos del chino más cercano debía de hacerse con una sincronización perfecta y los sentidos debían mantenerse activos hasta el último momento. La misión, daba comienzo.

Y daba comienzo con una sesión blandita de cine británico para toda la familia. Un film de un personaje con un extraño parecido a Mary Poppins, pero afeada, con un bastón en lugar de un paraguas y sin canciones, sacado de una serie de libros de los años 60 que Emma Thompson se ha encargado de adaptar y protagonizar. Una cinta con moraleja, buenos sentimientos, colores pastel, malos paródicos, buenos celestiales, niños traviesos y magia divertida. Una ensalada que puede dejarte boquiabierto si tienes menos de diez años y de una factura lo suficientemente correcta para no aburrirte si te ha tocado ser el acompañante (o en este caso, el avezado participante del SyFy).

Así, una madre debe lidiar con tres hijos revoltosos mientras su marido se encuentra en la guerra, sacar adelante a la familia con unos ingresos escasos y una pequeña granja y, para colmo, le vienen de invitados dos pomposos y repelentes niños ricos a los que sus pomposos y repelentes padres mandan al campo mientras tramitan el divorcio. Demasiado para un solo ser humano. Así que, recibe la visita de una nanny con poderes mágicos, entrenada por el gobierno de Su Majestad, con un lema: “mientras no me queráis pero me necesitéis, me quedaré y cuando me queráis, pero no me necesitéis, me iré”. Así, por cada lección aprendida por los infantes, la niñera se irá volviendo más guapiña, que así es más fácil querer.

Por la pantalla se sucedían las travesuras bienintencionadas de los chavales, rememorando otros tiempos de corrección moral en la literatura y en el cine, en donde “Los cinco”, “Los Hollyster” o “La tribu de los Brady” mantenían a los chavales entretenidos (yo siempre fui de los Hollyster, ¡vaya aventuras!), observaremos como se salvan de las artimañas del pícaro cuñado de la sufrida madre, que pretende saldar sus deudas de juego vendiendo la casa familiar y los ojos de los chavales harán chiribitas con la magia de la estricta niñera, capaz de lograr que los cerdes hagan natación sincronizada, de hablar con un simpático pájaro negro o de recoger la cosecha de la familia en un espectáculo de fuegos artificiales.

Los menos peques, al menos, podrán disfrutar con las actuaciones de un plantel de actores british y algún usamericano que se apuntan a un bombardeo, aunque tengan papeles de ínfima duración (yo de mayor quiero ser actor inglés, tener talento desmedido y pasármelo pipa en este tipo de producciones) como Maggie Gyllenhaal en el papel de la madre, Rhis Ifans, Ewan McGregor, Ralph Fiennes, Maggie Smith o la ya nombrada Emma Thompson.

Así, entre pequeñajos que empezaban a descubrir la magia del cine y algún friki que se atrevía a acudir a un evento tan familiar, dimos por inaugurado el sábado de festival. Aún nos quedaba por delante un menú grasoso en una perdida cafetería y películas para todos los gustos y colores, desde anime loco, pasando por pajas mentales y visuales, franceses amnésicos con ansias de venganza, chavales con muy mala leche o experimentos genéticos increíbles.

Y por supuesto, las perlas de nuestra Leti.

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