LA NIEBLA

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Hay algunos directores de los que puedo decir que me fío al cien por cien, ya que aún no me han desilusionado con sus trabajos. Puedo considerar sus películas mejores o peores, pero siempre consiguen que salga del cine con la sensación de que ha sido dinero bien invertido y de que siempre seguirán entreteniéndome, interesándome o asombrándome. Por poner algún ejemplo, puedo nombrar a David Fincher (“Seven”, “Zodiac”), Guillermo del Toro (“Cronos”, “El laberinto del Fauno”), James Cameron (“Terminator”, “Titanic”), Brad Bird (“El gigante de hierro”, “Los increíbles”) o del que en esta crítica nos ocuparemos; el mejor adaptador de Stephen King que ha habido, el gran Frank Darabont.

Primero nos sorprendió a todos con la adaptación de “Cadena perpetua”, que se convirtió rápidamente en una de mis películas favoritas, para luego volver a dar en el clavo en “La milla verde”, otra de género carcelario desde un prisma totalmente distinto. Tras la desilusión de que su guión de la cuarta aventura de Indiana Jones fuese desestimado por el caprichoso Lucas, ha vuelto a la carga con la adaptación de un nuevo relato del genio de Maine. Esta vez, plasma el terror a lo desconocido y muchas de las obsesiones de King en “La niebla”.

En un pequeño pueblo de Maine (como no), gran parte de la pequeña comunidad se ve obligada a encerrarse en un supermercado ante la aparición de una misteriosa niebla que parece engullir a la gente.

Ante el miedo a lo desconocido y la angustia de encerrarse en un sitio tan desprotegido, las tensiones entre los vecinos no tardarán en aflorar de tal forma que no tardarán en darse cuenta de que el verdadero terror, no está de puertas afuera, sino en la propia naturaleza del hombre.

Darabont crea así una película de terror psicológico sin necesidad de grandes efectos especiales, ni de sustos para quinceañeros, ni de una música excesivamente histriónica. Le basta con mostrar a personajes humanos, con dobleces y con dudas y unos actores solventes, donde destaca por encima de todos la excelente interpretación de Marcia Gay Harden de una auténtica y genuina hija de puta, de las que son capaces de remover al espectador en su asiento deseando callarla de un puñetazo.

El guión está magníficamente ideado, instalando el ritmo de la película en un “crescendo” de ritmo y agobio, en el que verdaderamente nos llegamos a sentir dentro de ese frágil supermercado de barrio usamericano, deseando que todo cobre sentido en algún momento.

Cada parte del rompecabezas va ocupando poco a poco su lugar hasta que Darabont se reserva el lujo de colocar una última pieza final, desoladora y desesperanzadora, muestra de la estupidez que rodea al género humano y prueba irrefutable de que nuestro destino está guiado irremediablemente por la ley de Murphy.

Una película intensa y sin fisuras que nos hace pensar en lo que podrían haber dado de sí las aventuras del doctor Jones en manos de este gran creador de historias. Espero que la próxima semana no haya cabida para este pensamiento, cuando estemos en medio de la búsqueda de las calaveras de cristal, látigo en mano y disfrutando con nuestro reencuentro con el viejo arqueólogo.

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