LA HUELLA vs. LA HUELLA

Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket Photo Sharing and Video Hosting at Photobucket

Hace 35 años aparecía en las carteleras de cine la que sería la última película de Joseph L. Mankiewicz. Este director usamericano había firmado grandes títulos como “De repente el último verano”, “Cleopatra”, “La condesa descalza” o “Eva al desnudo”, sin embargo eligió para despedirse una compleja obra de apariencia teatral, muy pocos personajes, grandes diálogos e astuto guión, firmada por el dramaturgo Anthony Shaffer. Por si esto no bastase, eligió para interpretarla a dos auténticos genios, un par de antagonistas que consiguieron elevar la película a la categoría de clásico, el joven Michael Caine y el increíble Lawrence Olivier. La película en cuestión se titulaba “La huella” y desde el momento en que la vi, se convirtió sin duda alguna en una de mis preferidas.

En ella, un rico escritor de novelas policíacas invita a su mansión a un peluquero de origen modesto que, sin tratar de ocultarlo, se está beneficiando a su mujer. Desde el primer momento, la película se convierte en un macabro juego, en el que el rico trata de manipular a su antojo al pobre, en el que el culto trata de poner en ridículo al humilde trabajador sin estudios, en el que el poderoso trata de amedrentar al anónimo.

Toda la obra es un complicado y peligroso juego en el que nada es lo que parece, sembrado de secuencias memorables y de una poderosa fuerza visual. Desde el primer momento, en el que Milo Tindle (Michael Caine) llega a casa del famoso escritor Andrew Wyke y tiene que buscarlo en el laberinto del jardín, pasando por el interior de la mansión de Wyke, inundada por un patológico gusto por los juegos, como el puzzle en blanco, el complicado juego similar al ajedrez, la diana que oculta las riquezas y un ciento de juguetes mecánicos esparcidos por las diferentes habitaciones.

La película no solo cuenta, a lo largo de 138 minutos que pasan en un suspiro, con un guión perfectamente ideado y diálogos exquisitos sino que pone el jaque mate a la partida con uno de los mejores finales que se han visto en el séptimo arte, redondeando la película de forma magistral.

Hace unos cuantos meses escuché la noticia de que se estaba realizando el remake de la obra maestra y de que Michael Caine participaría interpretando el papel que Lawrence Olivier clavó en la original. Su antagonista sería el que es considerado sucesor de Caine por su elegancia y por ser el elegido para dar vida a otro de sus personajes más recordados: Alfie. Además, el encargado de manejar la batuta de este atrevimiento, sería el inteligente Keneth Branagh, fiel lector de Shakespeare y responsable de un buen puñado de buenas películas.

Mi opinión al respecto pasó por un buen número de etapas, desde la estupefacción absoluta ante tal osadía, pasando por la indignación por que traten de rehacer algo que es casi perfecto, la seguridad de que la jugada les iba a salir fatal, la incomprensión de que Caine se embarcase en dicha nave e incluso la curiosidad insana y morbosa por comprobar cual sería el resultado final.

Así que finalmente este fin de semana fui a satisfacer la curiosidad, antes de que un gato sufriese por mi culpa y, como el típico demonio rojo que suele aparecer en el hombro en estos casos me aseguraba, la difícilmente inevitable decepción cayó sobre mí.

La historia esta vez empezaba de forma muy similar, con nuestro protagonista, Milo Tindle, esta vez convertido en actor, acudiendo a la mansión del cornudo escritor, solo que en esta ocasión, el recargado ambiente de la casa que se podía apreciar en la original, era sustituído por el minimalismo decorativo (no confundir con el mineralismo de Arrabal) y el abuso de lo tecnológico. En este escenario, el primer tercio de película se presenta interesante, con diálogos también muy trabajados y un gran trabajo de los dos actores, aunque con una trama bastante cercenada y menos implicada en los detalles. Una gran prueba de ello es que el metraje se ve acortado desde los 138 minutos de la primera a los 86 de ésta, por lo que todo se desarrollo de forma más acelerada, sin que de tiempo a paladear el misterio ni a sorprenderse con los giros de guión.

Pero en algún momento, de repente, todo cambia. Parece que al guionista, el parece ser que reputado Harold Pinter, le entre la urgencia por separarse todo lo posible del original, por sorprender al público que ha visto la primera de forma magistral y se inventa una nueva y peligrosa relación entre los protagonistas. Y es en este momento cuando la caga, de forma abundante y diarréica. Es en ese momento cuando la película empieza a vagar sin sentido, aderezada con diálogos absurdos y en busca de un final que sorprenda pero sin herramientas para hacerlo posible.

Es en este momento cuando me reafirmo en mi primer sentimiento de observador enfurruñado y aflora a mis labios el “ya te lo dije” que le hubiera soltado al señor Branagh si lo hubiera tenido a mi lado (y entendiese castellano, claro).

Además, durante toda la duración de la peli, me embargó la curiosa sensación de que estaba hecha para los que habían visto la primera, con continuos chistes sobre la profesión de Tindle (“creía que era usted peluquero…”). Como si el guionista quisiera sorprender a los que, como yo, nos enamoramos de la primera versión, y se olvidara del resto del público.

Una vez vista, y haber hinchado mi ya de por sí gran ego, constatando que este remake iba a ser un error, solo puedo instar al posible lector a que encuentre “La huella” primigenia y se sumerja en una de las historias más inteligentes que se han hecho para la gran pantalla. Estoy seguro de que entonces, no solo será una de mis preferidas.

6 thoughts on “LA HUELLA vs. LA HUELLA

  1. Yo creo que su mayor handicap es que no resiste la comparación con la anterior. Ahora bien, no sé hasta que punto la pelicula esta concebida para ello. Porque, si así fuese, no hubiesen mutilado el gión de la forma que lo han hecho, ni habrían incluido giros inesperados. Entonces… ¿Por qué el arranque recuerda tanto a la primera y por qué hacer referencias a ella? Preguntas, preguntas, preguntas. Es lo que tienen los remakes. Sin ser una mala pelicula (aunque a veces lo son) nunca mejoran el original. Y este es un caso claro.

  2. jferreiroc: Yo sigo pensando que, a pesar de que la peli esté bien hecha, aunque no fuera un remake, no saldría satisfecho del cine. Vamos, que no resultaría una película para la posteridad.
    Tomy: las buenas ideas existen, pero entre que no llegan a tener financiación y que se tiran muy poco tiempo en la cartelera, llegar a apreciarlas está muy complicado.

  3. Aunque biene a ser lo que ya comenté en mi blog, vuelvo a reafirmar lo mismo. Pese a lo perfecto que parecía en un principio Harold Pinter para el guión, no consigue superar al de Shaffer. Además ¿cómo es posible hacer en hora y media lo que duraba dos horas y media? Es lógico que no se hallan desarrollado todo que que cabía los personajes ni la trama.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.