LA HABITACIÓN

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No basta con tener una idea cojonuda. Si no encuentras la visión adecuada, el proyecto se puede venir abajo tan fácil como en el último movimiento de la Jenga.

Estoy seguro de que todos recordamos películas a las que acudimos con grandes esperanzas, que vimos derrumbarse en pantalla ante nuestros ojos por un mal planteamiento, a pesar de que el punto de partida e incluso buena parte del desarrollo tenían potencial.

Pues bien, ese no es el caso de esta película oscarizada. Lo comento porque, precisamente, es un buen ejemplo de cómo lograr que una película gane enteros otorgándole la visión adecuada a la historia. Una historia que, a priori, podría parecer simple pero que no necesita otra cosa que un gran guión, unos intérpretes sublimes y una mirada acertada para conseguir un peliculón como la copa de un pino.

Casi nada.

Voy a intentar no desvelar apenas nada del argumento y tan sólo daros el punto de partida. Un inicio que se descubre a los cinco minutos de película. El resto será un camino que deberéis recorrer vosotros mismos si decidís acercaros a esta minúscula habitación que alberga un universo inabarcable.

Joy lleva encerrada siete años en un zulo. Vive allí presa, después de ser raptada por un tipo que aparece una vez al día para alimentarla y violarla. Con ella vive su hijo Jack, que acaba de cumplir cinco años. Lo que quiere decir que no conoce nada que esté fuera de esa habitación o de las imágenes que proyecta un pequeño reproductor de televisión pasado de moda.

Ese es el punto de partida. Así planteado, quizá no sea algo demasiado novedoso, ¿verdad? Podría incluso aparecer como la sinopsis de una de esos aburridos telefilms de media tarde. Sin embargo, lo que la hace grande es la visión. Es el modo que tiene de enfocar la historia el director, Lenny Abrahamson, a partir de ese escalofriante punto de partida.

Para empezar, todo aquel que haya sentido claustrofobia y angustia leyendo el párrafo que describe el arranque, que se quite esos sentimientos de la cabeza. Hay muchos otros y, obviamente, muchos de ellos serán negativos, pero la idea del director no pasa en ningún momento por meter al público en la piel de alguien condenado a vivir en 10m2. Si queréis emociones de ese estilo podéis ver “Enterrado”, la angustiosa cinta de Rodrigo Cortés. Abrahamson no cree que sea necesario enclaustrar al público en la misma caja en la que vive la protagonista, sino construir, delante de sus ojos, el extraño universo que la madre ha construido a su hijo, poniendo en contraposición la firme determinación de una mujer que pretende proteger a su retoño contra las furtivas miradas de desesperación que de vez en cuando se le escapan.

Así que, el que haya pensado que no va a ir al cine a sentir angustia, que respire aliviado. Como ya he dicho, la película es dura y triste en muchos momentos, pero nunca claustrofóbica. Y esa decisión es quizá uno de los puntos más acertados de la película.

Sin embargo, sólo con eso no hubiese funcionado. Se trata de la relación íntima de dos personas que sólo se tienen la una a la otra. La peli también hubiese cojeado si los intérpretes no hubiesen estado a la altura.

Pues estamos de suerte. Ella es Brie Larson y acaba de recibir el Oscar a la mejor actriz protagonista. No he visto todas las películas que incluían esta nominación, sin embargo puedo garantizar que el titánico trabajo de esta muchacha de 26 años es impresionante. Esa capacidad para expresar docenas de sentimientos en una sola mirada que tanto admiro, se palpa en cada plano.

Por suerte, no está sola. Jacob Tremblay tiene nueve años y no sólo consiguió enamorar a todo el que se cruzó con él en la alfombra de los Oscar, llevando unos gemelos molonérrimos de Star Wars con calcetines a juego. El tío hace tal trabajo actoral en esta película que uno deja de plantearse la pregunta de si el actor nace o se hace. Desde luego, este chaval ha nacido para conmover delante de una cámara.

No se vayan todavía, que aún hay más. También aparece por ahí una de mis actrices favoritas, la insigne Joan Allen y el polifacético William H. Macy unos breves instantes. Todo para enmarcar una de las películas mejor construidas de la temporada de premios.

Desde luego, habrá que dar seguimiento a este Lenny Abrahamson, del que aún tengo pendiente su película “Frank”, de la que se habló cantidad en su momento al contar con un Michael Fassbender que escondía su careto debajo de un enorme cabezón de cartón piedra.

Y cómo no, al talento en bruto del colega Jacob, que habrá que comprobar si decide continuar con su carrera como actor y convertirse en un nuevo Christian Bale o Joseph Gordon-Levitt o dedicarse a otros menesteres y dejarnos un pequeño recuerdo indeleble, como en su día hizo Barret Oliver, el prota de “D.A.R.Y.L.”, “La historia interminable” o “Cocoon”, que decidió cambiar de profesión antes de que le salieran pelos en la barba.

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