LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS

Hace seis años, la Fox, en una jugada que ya había intentado con mayor pena que gloria con el reboot de Tim Burton, volvió a coger el universo distópico de una tierra dominada por simios creado por Pierre Boulle en su novela “El planeta de los simios” y dio luz verde a una precuela que casi todos acogimos con cierto escepticismo.

El encargado de llevar el regalo envenenado a imágenes fue Rupert Wyatt, un director que tan sólo contaba con un largometraje en su curriculum titulado “The escapist”. Película que no me sonaba de nada hasta que la he buscado.

Sorprendentemente, la jugada salió muy bien. Gracias a la química entre James Franco y un excepcional Andy Serkis, ya abonado a ponerse artilugios de captura del movimiento e interpretar seres no del todo humanos (Gollum, King Kong, Líder Snoke) y a la claridad de ideas de un guión que no trataba de imitar, sino de relatar con inteligencia el punto de partida que nos condujo al planeta que sufrió Charlton Heston en la película de 1968, la crítica, el público y yo mismo respondimos muy bien.

Así dicho origen acabó convirtiéndose en una trilogía, comandada en las siguientes dos películas por el polifacético Matt Reeves y que acaba (aunque esto de que acabe del todo está por ver) con esta guerra final entre primates y humanos que, ya sabemos, parece que se va a decantar por los más peludos.

Las tres películas se centran en Cesar, en cómo el simpático chimpancé que se hace colega de James Franco llega a ser la figura mesiánica y el líder militar y espiritual que mencionan una y otra vez en la original “El planeta de los simios” y creo que la evolución que lleva a cabo el personaje desde el origen hasta esta guerra, pasando por el amanecer, es uno de los mejores arcos de personaje del cine moderno.

Un personaje que, a pesar de correr el riesgo de convertirse en la contrapartida de todos los defectos que asolan a la raza humana, el egoísmo, la vocación autodestructiva, el individualismo, el racismo y muchos otros ismos, se construye con sus propios defectos, que al contrario que los antagonistas humanos, se va redimiendo por el amor que profesa a su propia especie, en general y a su familia en particular.

Es muy fácil que al espectador le caigan bien los monetes, incluso los que van en contra del grupo que comanda Cesar, porque los humanos contra los que luchan, personificados en el personaje de Woody Harrelson en el caso de “La guerra del planeta de los simios”, poseen muchas de las características que odiamos de nuestra propia raza y, aún así, Reeves y el resto de guionistas se cuidan bastante de no endiosar a los monos y de no demonizar a todos los humanos.

A ese efecto, al de no poner a toda la raza humana en el mismo saco de podredumbre, está el personaje de Nova, interpretado por Amiah Miller, que pone el punto de inocencia necesario y que, además, sirve para explicar una de las características que poseían los humanos en la película original. Por otra parte, para que los monetes no parezcan el sumum de la épica y la profundidad, se presenta al personaje de Bad Ape, interpretado por Steve Zahn, que sirve como necesario alivio cómico en una película repleta de tensión y, como decíamos, momentos muy épicos.

Reeves es muy inteligente poniendo frente a frente a dos líderes con características casi religiosas para sus seguidores y marcando con claridad los aspectos que les diferencian. Las ansias de venganza de Cesar se presentan siempre con sentimiento de culpa y la necesidad de no dejar tirado a su pueblo, mientras que la resistencia inquebrantable del coronel, tanto contra los monos como contra el resto de humanos que no piensan como él, se muestran enfundadas en un traje de fanatismo y xenofobia, que será lo que a la postre se consolide como la caída en desgracia de la raza humana.

Obviamente, el título ya remite a una película bélica y durante gran parte del metraje, lo es, con poco veladas referencias u homenajes a “Apocalypse now”, sin embargo Reeves también alivia en ciertos momentos la carga militar con momentos de cine de fugas y valles de calma anterior a la tormenta que aportan los diálogos más filosóficos.

En definitiva, “La guerra del planeta de los simios” pone punto (¿y final, y aparte?) a una trilogía de precuelas que ha sabido beber sabiamente de la fuente original y aportar una historia muy inteligente a aquel final en la playa que dejó con el culo torcido a toda una generación y al mítico Charlton Heston arodillado en la playa lamentando la estupidez de su propia raza.

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