LA GRAN APUESTA

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“Lo que nos mete en problemas no es lo que no sabemos, sino aquello que sabemos y estamos seguros, pero que simplemente no es así.”

Mark Twain.

Cuando yo iba a E.G.B. (sí, empiezo así, en plan abuelo cebolleta) lo hacía en un colegio cool y progre y teníamos asignaturas tan chulas como dramatización o imagen, ambas con profesores entusiastas y con enormes ganas de contribuir a cimentar las bases de los chavales. No se trataba tan sólo de introducir conocimientos en los cerebros a medio construir, sino de enseñar a pensar, a sentir, a vivir.

El de imagen, por ejemplo, además de explicarnos cómo funciona una cámara, nos ponía películas. Siempre he tenido una memoria horrible, así que os puedo poner pocos ejemplos, pero sí recuerdo que vimos durante sus clases “En busca del fuego”, una peli donde una tribu de neandertales buscan cómo dominar este elemento fundamental y donde salía alguna teta. Imaginaos a un grupo de chavales, de once o doce años, insoportables, haciendo bromitas por ver una teta durante una clase. Este profe tenía que tener una paciencia de santo.

Esta introducción, que nada tiene que ver con la película, viene a que me imagino perfectamente a aquel profesor poniendo en sus clases “La gran apuesta”. Dejando calar en sus alumnos, entre las coñas y el montaje frenético, el germen de la rebelión contra un sistema sanguinario, cruel, inhumano y egoísta. Quizá, sólo tenga un fallo para atraer la atención de un preadolescente: que en esta película no sale ninguna teta.

Obviamente, esto es una broma. El problema que puede tener este film es el abigarrado lenguaje económico que se ve obligado a utilizar en muchos momentos, que sólo los más versados en el complejo mundo de los brokers, banqueros y otras gentes de mal vivir, lograrán entender en su totalidad. Aunque el director, Adam McKay, acostumbrado a las comedias muy locas y al ritmo del Saturday Night Live, trata de aproximarse a los aspectos técnicos de la manera más lúdica posible, rompiendo la película de cuando en vez para que rostros conocidos, como Margot Robbie o Selena Gomez, pongan símiles facilones que nos permitan entender mejor todo el rollo de los bonos, las swap, las hipotecas subprime y los tejemanejes de este gran engaño a nivel mundial.

Sin embargo, a pesar de que sea inevitable perderse de vez en cuando en medio de la jerigonza monetaria, se sigue perfectamente la historia de cómo los bancos, con la vista gorda de los gobiernos y la ayuda de las agencias de calificación, se dedicaron y se dedican, sin descanso, a estafar al ciudadano medio con total impunidad, ocultando lo que viene siendo un timo de toda la vida, dentro de enormes edificios con enormes cristaleras, repletas de yupis trajeados que se creen superiores a los mortales a los que tratan de colocar nuevos inventos destinados a vaciarles los bolsillos.

“La gran apuesta” cuenta la historia real de unos cuantos curiosos muy listos que previeron la explosión de la burbuja inmobiliaria antes que nadie y decidieron apostar en contra de su propio gobierno y de sus propios bancos para sacar tajada, por una parte y para probar que el mantra que se repetía una y otra vez que rezaba “el mercado inmobiliario es estable y seguro” era una soberana patraña, por otra.

La suerte es que esta historia está contada de forma soberbia, con un plantel de actores que brillan en sus papeles, como Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling o un Brad Pitt que produce y se reserva un pequeño papel fundamental en la historia, con una de las mejores alocuciones de la cinta. Las dos horas de película pasan en una exhalación y es casi imposible no salir cabreado de la sala cuando te están enseñando de una forma tan clara lo primos que somos y lo poco que nos rebelamos contra la estupidez sin escrúpulos de los mercados.

Por eso, estoy convencido de que mi profe de imagen nos hubiese puesto esta película si hoy fuéramos a clase con él y de que quizá el mundo se volviese un poquito mejor si una buena parte de la población fuese capaz de verla, reflexionar y dejar partidismos y fanatismos a un lado para darse cuenta de que nos sodomizan continuamente y sin compasión.

Sin embargo, sabiendo que una gran parte de Valencia, volverá a votar al mismo partido que tiene al 90% de su ejecutiva imputada, eso va a estar difícil que pase.

“Todo el mundo, en lo más hondo de sus corazones, está esperando que el fin del mundo llegue.”

Fragmento del libro “1Q84” de Haruki Murakami.

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