LA COMEDIA DE LA VIDA

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Una vez más, se confirma que no soy un crítico. Puede que un “opinador”, como dice mi amigo Stipey, un tipo que plasma sus sensaciones tras observar, no analizar, una obra – no tiene por que ser solamente cinematográfica – o un bandarra que pierde el tiempo uniendo palabras con un mínimo de sentido. Lo que está claro, es que no soy un crítico, porque si no, no se explica que una película que ha obtenido un buen puñado de galardones internacionales en festivales como el de Chicago, el del cine sueco, el Fantasporto o el de Cannes, me haya parecido tan sosa, plana y aburrida.

La película es una suerte de tragicomedia en la que se plantean situaciones comunes y se las pasa por el tamiz del absurdo, intentando a partir de ellas llegar a conseguir sensaciones en el espectador, entre la tristeza y la carcajada. Si dejo esto así, podemos pensar en una mezcla entre los Monty Python, Mr. Bean y Woody Allen, pero tengamos en cuenta que esto no es el cine de un humorista, sino de un director sesudo y el tema no viene de las islas británicas, sino de la fría Suecia. Por lo tanto no hay rápidos e ingeniosos diálogos ni personajes entrando y saliendo de la escena, sino conversaciones repetitivas, monólogos pausados y encuadres fijos donde todo sucede a ritmo muy lento.

Y lento y tedioso es cómo me pareció que discurría el tiempo mientras contemplaba las idas y venidas de unos personajes muy singulares. En ningún momento me identifiqué con ninguna de las mini-historias de la película y en muy contadas ocasiones consiguió arrancarme una sonrisa (y eso que soy de risa más bien fácil). Será que la concepción de la comedia que tienen los suecos y la mía difieren un abismo.

Durante una hora y media escasa, contemplaremos escenas de la vida de una pareja bastante atípica y nihilista, de los miembros de una banda de música, de una adolescente enamorada de un guitarrista de un grupo de rock, de un hombre anodino con sueños extraños, de un psiquiatra disgustado con su trabajo… pero nada hay que me haya dejado poso. Una vez vista la película los personajes se diluyen, las situaciones se olvidan y todo queda en una nube gris que no tardará en desaparecer.

Roy Andersson, el director y guionista ha inventado un nuevo término para referirse a su cine. Él lo define como “trivialismo”, la capacidad a través de sus historias de partir de una situación cotidiana o trivial para llegar a abordar temas más profundos y filosóficos del ser humano. Debe ser que mi limitada y simplista concepción del mundo que nos rodea, no me permite encontrar la doble lectura que se esconde detrás del sueño de un tipo que se ve a sí mismo rodeado de una familia desconocida haciéndoles el truco del mantel para luego ser juzgado por duros jueces que beben cerveza. Le veo el mismo trasfondo filosófico que a un sketch de cruz y raya (dicho esto sin menospreciar ninguna de las dos cosas, que hay números del dúo cómico español que me han hecho mucha gracia).

En fin, que la mejor manera de averiguar si esto tiene trasfondo o hace gracia, es comprobarlo por uno mismo. Que no os condicione demasiado el que yo me tirase toda la película mirando con ojos incrédulos sin entender. En realidad tampoco los Monty Python me hacen demasiada gracia.

4 thoughts on “LA COMEDIA DE LA VIDA

  1. Jeje, nunca dejo de sorprenderte, ¿eh?
    En realidad tendría que volver a ver “La vida de Brian”. Lo hice cuando era un renacuajo y no me gustó nada de nada, pero supongo que la mayoría de las coñas no las pillaba.
    Eso sí, vi hace poco “El sentido de la vida” y no me emocionó. Pero cuando llegue a Madrid “Spamalot” no me la pierdo. Musical de risas… ahí estaré.

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