LA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS (LA LA LAND)

Es cierto lo que dicen. La historia de amor con fusas y semifusas entre Ryan Gosling y Emma Stone tiene ese aroma nostálgico y añejo a las producciones musicales del Hollywood clásico. Huele a “Cantando bajo la lluvia”, a “Sonrisas y lágrimas”, a “Sombrero de copa”, a “Un americano en París”, a “Los caballeros las prefieren rubias”. Es colorido, elegante, rítmico y repleto de gente bella.

A todo el que le gusten los musicales disfrutará de lo lindo, desde la secuencia inicial en la que un aburrido y desesperante atasco se convierte en una coreografía con saltos mortales, sonrisas perfectas y voces angelicales hasta el número final, en el que por fin se desarrolla la melodía central que aparece a ráfagas a lo largo del metraje.

Es imposible no dejarse enamorar por dos tipos tan guapos, simpáticos, cercanos y asombrosamente naturales como los protagonistas. Emma Stone es la nueva y enésima novia de América, la vecina de al lado a la que todo el mundo quiere invitar a desayunar churros con chocolate, mejor amiga para ellas y novia enrollada para ellos, de belleza cercana que no intimida. Y Ryan Gosling es un tipo elegante, mesurado, de sonrisa tranquila y trabajador. Tanto que durante los tres meses previos al rodaje aprendió a tocar el piano de la forma en la que se ve en la peli, consiguiendo que el director no tuviera que filmar los primeros planos de las manos sobre el teclado con dobles ni una sola vez.

Y sí, a mí, particularmente, me gustó mucho. No era difícil que lo hiciera pues como melómano me encantan las canciones de los musicales, como bailongo inquieto las coreografías masivas me dejan hipnotizado en la butaca meneando el pinrel y como creyente en la religión del romanticismo, me derrito con las historias de amor de todos los tipos, las de perdices tras el The End y las de finales trágicos, las de triunfadores y las de loosers, las fantásticas y las basadas en hechos reales.

Y aún así, con lo expuesto hasta el momento, no consigo entender del todo la cantidad de nominaciones, expectación, elogios, premios e histerismo que ha levantado. De repente, el segundo largometraje de Damien Chazelle, tras la potente “Whiplash”, se alza con el récord de ser la película que más Globos de Oro ha conseguido en la historia del cine jolibudiense. No sólo eso, sino que iguala el récord de nominaciones para los Oscar, con catorce, algo que hasta el momento ostentaban “Titanic” y “Eva al desnudo”.

Repito, la película me gusta mucho, salí encantado y moviendo mi cucu del cine pero, echando la vista atrás, me gustaron más “La llegada”, “Del revés”, “Her”, “Match point”, “Olvídate de mí”, “Big fish”, “Cadena perpetua”, “La lista de Schindler”, “El silencio de los corderos”, “El golpe” o “Matar a un ruiseñor”, todas ellas calificadas como obras maestras en mi memoria cinéfila personal. Incluso la propia “Whiplash” me parece más redonda.

Ninguna de ellas es un musical capaz de cautivar al académico de la misma manera, diréis, capaz de atrapar al espectador en la red de notas musicales, clasicismo, romanticismo y buen gusto que es capaz de transmitir “La la land”.

Pues para responder a esto, me he dejado una baza para el final. Si la película de Chazelle ha batido récords por las galas por las que ha desfilado, antes de ella tuvo que haberlo hecho “The Artist”, una película que destilaba clasicismo, que estaba poblada de gente bella, que tenía un argumento romántico, que contaba con números musicales impresionantes, que atesoraba actuaciones brutales y encima tenía algo que no posee “La la land”: un perro adorable y más listo que el hambre.

Desde luego, no le fue mal a la película de Michel Hazanavicius que catapultó a la fama a Jean Dujardin, consiguiendo cinco Oscars, tres globos de oro, siete premios BAFTA y seis premios Cesar, aunque sigue lejos de lo que está logrando “La ciudad de las estrellas”.

Y es que quizá “The Artist” partía con dos claras desventajas. La primera, que sus actores ni eran tan conocidos, ni tenían tanto glamour. Y la segunda, y más importante, es que era francesa, una patada demasiado violenta en el ego de los académicos usamericanos.

One thought on “LA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS (LA LA LAND)

  1. Han tenido que pasar unos poquitos meses para poder comentar una peli que por fin he conseguido ver (en fascículos porque Pablete no es muy de ver pelis en las que no aparezcan minions o Rayo McQueen) y nuevamente, ¡opino lo mismo que tú!
    Es un precioso homenaje al cine musical con el que hemos crecido. Sus protagonistas están geniales (Ryan Gosling lo hace todo muy bien y Emma Stone es… ¡maravillosa!), la historia gana especialmente en el número final, me encanta que aparezca Tom Everett Scott y que decida entrar en el club, ese ridículo baile que se marca J.K. Simmons haciendo un medio guiño a soy el cabrito de “Whiplash” aunque sé sonreír, la preciosa melodía de la canción que te encanta que suene en tu cabeza en lugar del maldito des-pa-ci-to, pero…
    No, no es una película como para tanto reconocimiento. Todas las que has citado, son mil veces más originales y aún así, esta se ha llevado muchos premios. ¿Por qué? ¿Será de nuevo esta absurda moda de reinventar cosas que ya existían? En la misma película se muestra el nuevo jazz y sí, todo muy bonito, pero no, no es jazz…. ¡Feliz día amigo!

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