LA CINTA BLANCA

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Ya está confirmado. De hecho lo sospechaba, pero siendo de ciencias, se imponía un riguroso estudio científico que confirmara el teorema. O bien algún contraejemplo que lo desmintiera, que como suponía, no apareció. Finalmente, puedo constatar, sin temor a equivocarme, que soy un tarugo, un tipo simple, un “empanao”, un espectador del pueblo llano sin el más mínimo glamour gafapastístico. Yo lo intenté, yendo a ver “La cinta blanca”, película del desasosegante Michael Haneke y gran vencedora en Cannes (y seguramente será premiada también en los Oscar en el apartado de película de habla no inglesa, ya veréis). Pero a pesar de que intenté llevar las neuronas preparadas para el ejercicio psicológico y filosófico (y seguramente otros muchos “óficos” que me perdí), el bostezo mental hizo eco de pared a pared del cráneo más de una vez.

La película parece que trata (y digo parece, porque lo leí en varios sitios en donde escribe gente mucho más lista que yo) sobre la semilla del nazismo. Es decir, una ficticia ojeada sobre un pequeño pueblo alemán al azar, en donde la niñez y la adolescencia tratan de sobrevivir en un entorno ultrarreligioso y sobredisciplinado. Un ambiente paterno y social profundamente estricto, que asfixió hasta tal punto la infancia, que dio origen a un pueblo que acabó eligiendo democráticamente a un tipo ultrarreligioso, sobredisciplinado y de bigote ridículo que se dedicó a intentar conseguir la pureza de una raza superior en donde todo el mundo fuese alto, rubio y guapo (cuando él era bajito, moreno y más bien feucho).

La peli se supone que va de esto, aunque si no me dicen nada, yo hubiese salido pensando que había visto un drama social, ambientado en un pequeño pueblo (que pude deducir que era alemán porque hablaban así como cabreados, pero si quitamos el idioma, podría haberse situado en Canadá o Zarzalejos del campo) en el que se nos muestran las miserias de un grupo de familias y la investigación de unos actos vandálicos que revolucionan a los vecinos. Por mucho que estuviera situado en Alemania y se nos deje bien clarito que está a punto de estallar la primera guerra mundial, no habría tenido la destreza mental de contextualizar todo esto con el nacionalsocialismo.

Todo está narrado con sobriedad, en un espartano blanco y negro, en una clara relación del fondo con respecto a la forma. Al igual que toda violencia (que es mucha) es contenida tras unos dientes bien apretados, la envoltura de la película nos da esa sensación de falsa compostura, de que hay algo podrido y maloliente detrás de los buenos modales o del clasicismo de la propuesta. Todo lo políticamente incorrecto o salvaje se desarrolla fuera de plano, detrás de una puerta cerrada o más allá de donde alcanza nuestra visión y la pureza de los más pequeños, parece a punto de quebrarse en cualquier momento, haciendo añicos la inocencia necesaria a cierta edad.

Una vez más, Haneke, como ya hizo con “La pianista” y “Funny games”, me provoca repelús, hace que me remueva inquieto en el asiento y consigue menear un “queseyó” que me deja mal cuerpo, pero esta vez, exceptuando alguna escena que se me queda clavada en el cuerpo retiniano (como el niño regalando el pájaro a su padre para que no esté triste, o el adolescente que duerme atado para no ceder a la tentación de la carne, o el muchacho que destroza un campo del terrateniente movido por la impotencia), son demasiados los tramos en los que me aburre o me da la impresión de que no pasa nada (a lo que no ayudan sus 145 sosegados minutos de duración).

Así que, con este nuevo experimento, queda demostrada mi simpleza y mi carencia de sensibilidad artística. Después de todo este exceso de cultura, no quedó más remedio que cambiar de tercio en los siguientes eventos cinematográficos y dramatúrgicos echando mano de misterios, crímenes, risas, frikis y dibujos animados.

Que ya me estaban saliendo arrugas de tanto fruncir el ceño.

4 thoughts on “LA CINTA BLANCA

  1. La simpleza es el camino de los sabios, y si no lo dijo Confucoi, pues debería.

    Hay quienes pretender ser grandes instigadores de la cultura, referentes cuasi morales, en el día a día… quizas hayas dado con uno de ellos, el tal Haneke.

  2. Elisa: desde luego, con este nivel intelectual, no vamos a ningún sitio.

    Reparito: no sé si es un instigador de la cultura, más bien, a mí me pareció un istigador del bostezo en ese momento. Pero he de reconocer, que otras películas suyas me pusieron muy nervioso.

    Saludos.

  3. Jajjajaj, pero qué exagerado que eres… Hombre, si ese pueblo lo trasladas a todo un país (o a buena parte de él) se puede entender que de ahí salga un gobierno pútrido, pero si sólo se piensa en una localidad dificilmente puede uno pensar que la represión y el fanatismo reinante en un lugar como el que transcurre el film vaya a tener consecuencias más allá que en dicho lugar… Total, lo que sí es seguro que Haneke sabe cómo transmitir “yuyu” al espectador. Eso sí, a mí no se me hizo pesada en ningún momento.

    ¡Saludos!

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