LA CARA OCULTA

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Hay que ser gilipollas.

¿En qué momento haces una película que, hacia el final, o al menos una vez traspasado el meridiano temporal, contiene un giro argumental de esos que te dejan la boca abierta (al menos a mí, que nunca me consigo adivinar estas cosas) y viene un pollo de alguna productora a destripártelo en el trailer?

Atención, porque ahora vienen spoilers de algunas películas míticas que, si no habéis visto, no deberíais leer. Así que, CUIDADÍN y si veis algún título que algún tengáis pendiente en el siguiente párrafo, NO LEÁIS.

¿Os imagináis un trailer de “Psicosis” en el que Anthony Perkins aparece disfrazado con una peluca cana con moñete y mirando a cámara con una sonrisa desquiciada? ¿Podéis concebir un trailer de “Se7en” en el que Kevin Spacey, arrodillado y con las manos en la nuca, le cuente a Brad Pitt lo que ha visto Morgan Freeman en la caja? ¿Toleraríais un trailer de “Sospechosos habituales” en el que Kevin Spacey (otra vez él, que imán para elegir grandes guiones) deje de cojear en medio de la calle, comience a caminar recto y se vea su alias sobreimpreso en la pantalla? ¿No os cabrearíais con un trailer de “El sexto sentido” en el que Bruce Willis tenga un flashback hacia los primeros minutos de peli en el que se descubra por qué Haley Joel Osment se lleva tan bien con él?

Podría poner muchos más ejemplos y alguno acabaría mentando a mis familiares y no es eso lo que queremos. El caso es que, cuando vas a ver “La cara oculta”, descubres que el avance oficial destripa totalmente la película. Vamos, que los siete pavos que te ha costado la entrada se te indigestan por culpa de dos minutos de imágenes gratuitas que la distribuidora de esa propia peli y que se supone que quiere promocionarla y no hundirla, ha tenido a bien ofrecerte.

Yo supongo que Andi Baiz, el director colombiano que ha construido la historia, tiene que estar revolviéndose en su silla de director (sí, yo me imagino a los directores con una de esas sillas con su nombre en la cabecera de la mesa del comedor y al tío ahí revolviéndose inquieto) y me pregunto hasta que punto tiene mano el realizador para impedir semejante estulticia, cuando él es el máximo responsable, junto con el guionista, de la historia. Supongo que no será agradable ver que cogen a tu criatura y le bajan los pañales enseñando sus vergüenzas al mundo.

Si no hubiese sido por ese detalle, hubiese disfrutado un thriller de misterio coproducido entre España y Colombia que se deja ver muy bien. Con un Quim Gutierrez que enseña un registro totalmente distinto al que exhibe en “Primos”, una Clara Lago que sigue creciendo actoralmente desde aquel debut infantil en “El viaje de Carol” y una guapísima Martina García que es capaz de dar una imagen tierna y al segundo siguiente parecer una arpía sin sentimientos.

La historia, sin destripe, la de un director de orquesta que se ha ido a Bogotá por trabajo y que conoce a una camarera una noche depresiva en la que intenta ahogar la pena de un abandono sentimental en un vaso lleno de güisqui, se la lleva a su casa y, allí, la señorita, empieza a notar una presencia extraña y agresiva que parece querer echarla del lugar.

Un thriller con algunas pautas de manual y algún bajón en la historia, pero con una buena idea muy bien llevada a cabo, con actores comprometidos que dan brillo a las imágenes y con una puesta en la escena de factura impecable. Como me gusta que cada vez sea más frecuente ver buenas películas de género en nuestro país, aunque sea coproduciendo con amiguitos. El camino es este y yo creo que en veinte o treinta lustros podremos ver hasta buenas series televisivas de género, con formatos de tiempo coherentes y sin tener que cambiar de horario por peleas entre meretrices y folclóricas en directo.

Igual me he venido arriba y he pedido demasiado.

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