LA BRUJA

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Hay un error de base, no ya en la promoción de esta película, sino en las expectativas que la prensa de medio mundo ha vertido sobre los potenciales espectadores.

No ha sido una vez, ni dos, ni tres, las que he leído el siguiente titular: “La bruja es la mejor película de terror del año”. Tal aseveración me parece, cuanto menos, arriesgada, pues los términos de “la mejor” y “la peor” varían, no ya de persona a persona, sino de momento a momento. Y si no, decidme si vuestra respuesta a cuál es vuestra película favorita es la misma hoy que hace 10, 20 o 30 años. Incluso es probable que hoy en día no tengáis una respuesta al respecto.

Sin embargo, mi declaración inicial no va por esos derroteros. No es cuestión de que el primer largometraje de Robert Eggers sea el mejor o el peor de este año o el pasado, sino que, claramente, no es una película de terror. Vale que por momentos puede resultar inquietante, claustrofóbica o incómoda, pero también puede resultarlo “Requiem por un sueño” e incluso tenía una amiga a la que le resultaba terriblemente angustiosa la escena de la cárcel del “Robin Hood” de Disney.

El que vaya esperando una película de terror al entrar en la sala en la que proyectan esta cinta, cuyo título completo es “La bruja: una leyenda de Nueva Inglaterra”, saldrá decepcionado con un 90% de posibilidades. Ojo, ese es el mismo porcentaje que el que un dentista te recomiende mascar chicle sin azúcar después de las comidas. O sea, una probabilidad del copón.

Esta película, como dice su título, es una leyenda. Sí, hay una bruja y sí, aparece de forma clara y concisa unas pocas veces a lo largo del metraje, sin intentar aparentar ser una metáfora de nada. Es decir, aparece en pantalla una bruja, de esas viejas y malas que buscan niños recién nacidos para hincarles el diente y cambian de forma según les conviene para atraer a nuevos incautos y la podemos ver con meridiana claridad. Y puede incluso resultar que esos momentos de aparición brujil nos ponga los pelos de punta. Sin embargo, el grueso del relato no recae en ella, sino en la convivencia de una familia que es excluida de una comunidad por ser demasiado santurrones y tocar los bemoles al resto de parroquianos. En el temor que se apodera de unas gentes que viven en una tierra inclemente y que deben lidiar con la culpa de una enorme pérdida. En el miedo a Dios y al Demonio de una familia liderada por un patriarca ultradevoto y los efectos de vivir en soledad, alejados de una comunidad, donde la fe y la obediencia son las únicas leyes a acatar.

La intención de Eggers, más que la de crear una cinta que transmita terror, es la de filmar, casi como si de un antropólogo se tratase, una de esas leyendas de los primeros ingleses al otro lado del charco, reproduciendo, algunas veces de forma literal, los diálogos escritos por aquellos señores. No en vano, lo primero que podemos leer, en sobrio blanco sobre negro, es un cartel que reza:

Este filme está inspirado por muchas historias populares, cuentos de hadas y registros escritos de casos de brujería, incluidos periódicos, diarios y actas judiciales.

Gran parte de los diálogos ha sido extraída de esas fuentes históricas.

Así que, si yo tuviera que atribuir un género a la peli, quizá elegiría el de drama histórico. Vale, con algún elemento fantástico, sobre todo a medida que nos vamos acercando al final. Pero incluir el tag “terror” sería engañar al público. Esto no es una nueva película de James Wan, ni se le acerca.

Ahora, una vez situados en qué es lo que vamos a ver, ya podemos opinar sin la desilusión previa de unas expectativas no cumplidas. Y desde este prisma, no sabría deciros con seguridad si “La bruja” me gustó mucho, algo o nada.

Desde luego, me provocó incomodidad en muchos momentos. Me mantuvo atrapado casi toda la película. Me pareció excesivamente monótona en otros momentos. Me costó adaptarme a ese inglés raruno de hace dos siglos. Fue superando las expectativas a medida que avanzaba, con dos momentos cumbre muy bien conseguidos y provocó que la tuviera en la cabeza mucho tiempo después de salir de la sala.

Yo creo que, poniendo todo esto en la balanza, el resultado final es satisfactorio. Y estoy casi seguro de que hubiese salido con mejor sabor de boca de la sala si hubiese entrado sin los prejuicios resultantes de haber leído los titulares a los que me refiero al comienzo del post.

Así que, para nuevos viajeros: no, no es de miedo y sí, tenéis que ver la peli con paciencia. Dicholocualo, el veredicto es todo vuestro.

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