KINGSMAN EL CÍRCULO DE ORO – LA GRAN ENFERMEDAD DEL AMOR – THOR RAGNAROK

¿Os acordáis de cuando en este blog se escribían críticas de películas casi todas las semanas?

Ya, yo tampoco.

La tripulación ha estado dedicándose a otros menesteres, ni más obligatorios ni más urgentes, simplemente distintos y la digitalización de procesos mentales cinematográficos ha sido relegado a un discreto segundo plano.

Puede ser el final de año, que siempre nos pilla cansados y con ganas de asueto. Puede ser una moda pasajera o un hastío localizado. Puede ser que voy perdiendo neuronas a ritmo acelerado.

Sea lo que sea, vamos a intentar enmendar de la manera menos mala posible el bucle en el que nos hemos instalado y hacer otro somero repaso a algunas películas pendientes antes de que acabe el año, a ver si empezamos el siguiente con la cuenta a cero. Todo ello con el peligro que da la distancia a la memoria, pues algunas de ellas quedan ya atrás y entre brumas mentales.

KINGSMAN: EL CÍRCULO DE ORO

Soy bastante fan de Matthew Vaughn. Resulta que a lo tonto he visto todas sus películas menos la primera, un thriller llamado “Crimen organizado” protagonizado por Daniel Craig. A partir de ahí, la frikez declarada del realizador me ganó. “Stardust”, “Kick-ass: Listo para machacar”, “X-men: primera generación” y las dos entregas de Kingsman eran proyectos que actuaban como una baliza irresistible para mis gustas cinéfilos.

Y, aún así, creo que Vaughn aún no ha tenido su película de explosión definitiva. Todas tienen una calidad entre aceptable y muy buena y estoy seguro de que un tipo con sus habilidades para filmar acción nos regalará, en algún momento, una obra maestra de la frikez.

La primera entrega de estos agentes británicos que combaten el crimen mundial elegantes como pinceles y casi sin despeinarse supuso una ventana abierta que aireó una habitación llena de superagentes secretos que empezaba a resultar algo monótona. La mezcla de humor británico y acción desenfrenada concebida para las páginas de comic por Mark Millar y Dave Gibbons era una delicia repleta de adrenalina y muy divertida.

En este nuevo capítulo, con la reaparición de Taron Egerton convertido en un nuevo caballero de la moderna tabla redonda, Mark Strong repitiendo como el hechicero de la tecnología, Colin Firth dado por muerto, las hilarantes incorporaciones de agentes usamericanos a cargo de Jeff Bridges, Channing Tatum y Pedro Pascal y la villanía de turno con el buen hacer de Julianne Moore, se continúan las aventuras de este grupo de dandys dedicados a la salvaguarda de la paz británica y, si tal, mundial.

La diversión sigue ahí, las escenas de acción locas y de filmación asombrosa también y por supuesto el carisma de los personajes, pero en el camino he perdido algo. Llámalo frescura, originalidad, novedad. Algo que convierte un cúmulo de aciertos en una película que me resultó algo rutinaria.

A pesar de pasármelo bien, de disfrutar con cada una de las propuestas visuales y de encontrar puntos de genialidad, sobre todo en las mencionadas incorporaciones yankis, me quedé con la sensación de que, o me hago mayor y ya no me vale cualquier pelea molona o la fórmula se había agotado un poco.

LA GRAN ENFERMEDAD DEL AMOR

Kumail Nanjiani es un cómico nacido en Pakistán y residente en los Estates que empezó ganándose el pan por los escenarios del stand up comedy americano hasta que empezó a probar suerte como actor. Las cosas no le fueron mal, porque los más frikis lo conoceréis por encarnar a Dinesh en la serie “Silicon Valley”.

Para la que debe ser su primera película como protagonista – no os fiéis mucho de este dato, porque no lo he comprobado – se basa en sus propias vivencias, trasladadas al guión de forma más cómica de lo que seguramente debieron haber sucedido, para contarnos la historia de cómo conoció a su gran amor y las dificultades que tuvieron que sobrepasar para llegar a estar juntos.

Sí, os acabo de soltar un spoiler del copón como quien no quiere la cosa, pero tratándose de una comedia romántica de estas características, es probable que lo sospechaseis.

Para ello le ayuda una de las grandes musas del cine independiente actual, la nietísima Zoe Kazan, para narrar la vida de dos seres humanos con enormes defectos pero grandes corazones. Aunque, sin dudarlo y como buen comediante, Nanjiani incide mucho más en sus propios errores y en su personalidad infantil y errática a la hora de vagar por la historia repleta de desencuentros entre él mismo y la muchacha y su relación con su propia familia, arraigada en las tradiciones pakistaníes.

Toda la historia está tratada con mucho cariño y toneladas de autocrítica, como si la construcción de la película estuviera destinada a exorcizar los demonios interiores del actor. Aunque hay unos cuantos dramas a lo largo de la cinta no deja de tratar cada paso con mucho humor sin evitar poner sobre el tapete sus miedos y sus frustraciones.

El único problema es que si es la primera vez que escuchas hablar de él, puede que esta sesión terapéutica te resulte poco más que simpática, una peli que quizá se olvide demasiado rápido.

THOR: RAGNAROK

Si las elecciones de Marvel Studios a la hora de elegir los directores que se encargan de los sucesivos capítulos del universo son, muchas veces, curiosos, en el caso de la nueva entrega de la deidad escandinava es asombrosa.

Supe quién era Taika Waititi cuando coincidió ver en un festival de género un mockumentary (falso documental de coña) llamado “Lo que hacemos en las sombras” sobre un grupo de vampiros centenarios que compartían piso, uniendo los problemas de ser un chupasangres nocturno y el típico erasmus, en general también bastante nocturno.

La película es una delicia y, si no la habéis visto, estáis tardando pero a lo que voy es: ¿qué pueden ver los gerifaltes de Marvel Studios en un film de estas características para pensar que este director debe encargarse de las nuevas aventuras del dios del trueno?

El caso es que no sé cómo lo hacen pero dan en el clavo muchas más veces de las que los mandamases de DC les gustaría. Y en este caso convierten la película en la mejor de las entregas del personaje que encarna Chris Hemsworth, con mucha diferencia. Una cinta repleta de color, de frescura, de acción y de humor a raudales, no en vano Waititi asegura que un 80% de los diálogos han sido improvisados. Quizá se ha tirado el pisto, pero estoy seguro de que ha dado carta blanca a los intérpretes para tirar de imaginación.

Hay tantos aciertos, que es difícil enumerarlos sin caer en una lista insulsa, así que intentaré dar tan sólo unas cuantas impresiones de por qué es una película tan inusual como necesaria en el universo que está construyendo la Marvel.

Por una parte, es una aventura aislada de los sucesos que están llevando la trama global hacia la Guerra del Infinito. Como si fuera uno de esos comics autoconclusivos y más gordos de lo normal que encontrabas en el kiosko a mitad de verano. Una sin tanta épica como las tramas largas, que enfrentaba al héroe de turno con personajes de lo más excéntrico y variopinto.

No hay un villano antagonista claro contra el que debe estar perdiendo durante toda la película para superarse a sí mismo y vapulear al final de la misma, sino una sucesión de acontecimientos cargados de coña que pone a los héroes en aprietos durante todo el metraje, retomando el final de “Thor: El mundo oscuro”, donde dejábamos a Odin desaparecido y a Loki guiando los destinos de Asgard.

Y sí, digo héroes porque no es sólo el rubiales el protagonista de la trama, sino que la comparte amablemente con el Gigante Esmeralda, el propio hermanastro y dios del engaño y una amazona estupendamente interpretada por Tessa Thompson.

Entre los malosos de turno, por delante de todos, Cate Blanchett, que está como siempre maravillosa, pero también tenemos a Jeff Goldblum tirando de experiencia y pasándoselo en grande con una caricatura de gobernante interestelar e incluso a un enorme demonio con cuernos que quiere destruir Asgard para siempre.

Sí, la trama de la Blanchett y su Hela es la más importante, pero el enfrentamiento con ella sucede casi al final de la cinta en el apoteósico desenlace que toda trama de superhéroes requiere, pero hasta llegar allí faltan muchas risas y muchos puntos de genialidad a los que el realizador neozelandés ha sabido sacar mucha chicha.

Siento que la comparación entre DC y Marvel esté presente en un 99% de las críticas cinematográficas de estos dos gigantes, pero sólo diré que los nuevos regidores de los destinos de la casa de El deberían ver esta peli con amplitud de miras y recapacitar sobre qué hace que Marvel Studios les vaya ganando la partida con facilidad.

Los personajes consistentes a lo largo de las películas, con arcos de desarrollo que les hagan evolucionar en una dirección bien pensada y el cambio de estilo y hasta género a lo largo del universo son claves, por no hablar de la paciencia necesaria para vencer el instinto de acelerar los pasos y saltarse proyectos necesarios para construir unos buenos cimientos que te permitan seguir experimentando.

DC debe olvidarse de pillar la carrera de Marvel, debe ir con calma y sobre todo trazar un plan conjunto que decida en qué dirección debe ir su mundo, en vez de improvisar a cada película y frustrarse con los resultados.

Pero eso es otro tema y lo importante aquí es que Marvel y Taika Waititi nos han brindado una de las películas más divertidas de la saga, quizá en dura pugna con los Guardianes de la Galaxia de James Gunn antes de introducirnos en la épica de la guerra contra Thanos el Nihilista.

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