JOHN WICK: PACTO DE SANGRE

No recuerdo si fue antes cuando empecé a oír hablar de este mercenario al que le complican la jubilación y después cuando la cogí por Netflix una tranquila tarde de procrastinación o al revés. El caso es que aquella tarde en la que me repantigué en el cheslón para zamparme algún producto facilito, me maravillé al darme cuenta de que esta estupenda cinta de acción fantásticamente dirigida y con imposibles coreografías de tiroteos había pasado desapercibida por la cartelera.

Estoy seguro de que no lo hubiera hecho en los 90, cuando estas cintas de acción pura y trama esquemática copaban las carteleras, las paredes de los adolescentes y los juegos de los recreos, gran parte de las veces con mucha menos calidad. En aquella época el Chuache, Stallone, Lundgren, Norris y Seagal repartían rijostios con resultados dispares pero siempre bajo la atención de unos chavales en plena pubertad que buscábamos incesantemente la siguiente frase lapidaria, el siguiente combate épico, la siguiente venganza sanguinaria.

La peli de Chad Stahelski y su secuela son herederas de este espíritu, pero tratadas en esta ocasión con respeto y con un aire comiquero que eleva el personaje interpretado por Keanu Reeves a un cruce entre James Bond y un superhéroe capaz de acabar con ejércitos con rostro impertérrito. A esta vocación de dibujar un héroe indestructible y carismático, se le une la imaginativa y genial construcción del submundo en el que viven los asesinos a sueldo. Una intrincada red de contactos con estrictos códigos morales y geniales personajes y escenarios por los que va pasando el señor Wick para descansar, rearmarse, mantener diálogos con acérrimos enemigos en terreno neutral o vestirse para la ocasión.

Todas estas ideas que se plasmaban en la primera parte, se continúan y engrandecen en esta segunda, que retoma la historia en el minuto siguiente a donde acaba la anterior. John Wick sigue queriendo retirarse, está a punto de recuperar su amado bólido y ha adoptado otro compañero canino. Lo único que quiere es salirse del mundo que le hizo famoso y temido para llorar la pérdida de su amada en soledad.

Pero va a ser que, de momento, no es posible.

El mismo código moral que le protege en ocasiones y que le convierte en un marine con más potencia de fuego que un portaaviones militar en otras, le obliga ahora a cumplir un contrato firmado con sangre hace tiempo. Algo que desencadenará, de nuevo, las ansias de vendetta del protagonista.

Nuevos y lujosos escenarios y personajes, como el sommelier y su bodega o la bañera en las catacumbas romanas y su reina mafiosa y el reencuentro con los antiguos, como las franquicias del hotel Continental y sus directores, con la aparición del mítico Franco Nero, harán las delicias de los que hayan disfrutado con la primera película.

Y por supuesto, las persecuciones motorizadas y las tremendas coreografías de pistoleros que asombraban en la precuela, siguen haciéndolo, con mención especial para una de las últimas secuencias entre un mar de espejos, al más puro estilo “Operación dragón”.

La franquicia empieza a convertirse en un producto de culto y su estilo ya está empezando a ser imitado. Sin ir más lejos, hace poco me he enterado de la existencia de un film titulado “Once upon a time in Venice”, en el que participan Bruce Willis, John Goodman, Jason Momoa y Famke Janssen en el que un camello secuestra el perro de un tipo duro retirado y éste tendrá que unirse con antiguos colegas para recuperarlo a base de puños y balas, todo con un aspecto bastante de tebeo.

No hay mejor baremo para saber si una película ha calado entre los aficionados que contar el número de copias más o menos veladas que aparecen a continuación.

Parece que Mr. Wick va, en este sentido, por buen camino y que tendremos desventuras suyas para rato.

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