JOHN RAMBO

Photobucket

Cuando íbamos al colegio, el cine se vivía de otra manera. Bastaba con que te pusieran delante a un tipo duro pegando tiros, una banda sonora que elevara el nivel de las imágenes y un par de secuencias de videoclip, para que un personaje se convirtiera en un icono y en semanas de conversaciones sesudas de recreo sobre lo que molaría ser uno de aquellos tipos duros. Si encima el personaje cuajaba y salían un par de secuelas, tenías un arquetipo de héroe asentado en la memoria por el resto de tus días.

Uno, afortunadamente, va evolucionando y, aunque recuerda con cariño ciertas figuras de su infancia, algunas van perdiendo nitidez en la foto. Si uno repasa aquellas películas que de canijo hacían que te construyeras un fuerte inexpugnable detrás de los sofás utilizando todos los cojines de la casa, hay algunas que resultan ahora infumables (no quiero ni recordar lo mala que fue aquella serie llamada “El guerrero americano”, con Michael Dudikoff y lo enganchado que estaba a sus secuelas).

Sin embargo hay otras películas de acción que aguantan el paso de los años. Ahí están los casos de “Depredador”, “La jungla de cristal”, “Kickboxer” (aunque solo la primera de ellas), o la que nos trae hoy a toda esta disertación, los traumas del ex boina verde John Rambo.

La primera de las películas nos traía un argumento que quizá tenía más de denuncia de la guerra que de acción sin sentido, con un traumatizado ex combatiente que traía en jaque a una pequeña comunidad. Paradójicamente, las dos siguientes secuelas, parecían una apología de la guerra en una trama de acción vertiginosa muy lograda, en la que la figura de Rambo se elevaba hacia la categoría de superhéroe y que nos trajo secuencias antológicas como aquellas flechas explosivas tan increíbles o su colegueo con los por entonces bravos y heróicos guerreros talibanes.

Para el resurgir de la saga, quizá Sylvester Stallone quiso mezclar la denuncia de aquel primer título con la acción sin límites de las dos siguientes secuelas y, como suele pasar en estos casos, el producto se queda un poco en tierra de nadie, sin definirse enteramente en ninguna de las propuestas y, por lo tanto, dejando algo insatisfechos a ambos tipos de público.

Cuando finalizó la proyección, el poso que me dejó no me lo esperaba. Yo creía que me iba a encontrar con el mazas de Rambo repartiendo estopa a diestro y siniestro durante toda la película y, por el contrario, “John Rambo” tiene una introducción a los acontecimientos que se extiende hasta la mitad del metraje, en la que se tratan de mostrar los sentimientos y los traumas del ex militar, que vive pacíficamente en Birmania (hay que ver el ojo que tiene el tipo para elegir destinos turísticos asolados por dramas de lo más sangriento).

Para cuando empieza el reparto de pasaportes rumbo al infierno, quizá estaríamos dispuestos a continuar explorando la psique de Rambo, aunque fuera a base de diálogos más bien flojos y pretendidas respuestas inteligentes llenas del vacío más absoluto, pero damos la bienvenida a la acción pura y dura y nos arrepantigamos en la butaca a la espera de la carnaza.

Efectivamente, Stallone no defrauda a la hora de mostrar salvajadas filmadas a ritmo trepidante. El gore se adueña de la pantalla y nos ofrece cabezas reventadas, sangre por litros y diversas formas de despedazar adversarios, pero toda esta acción se condensa en apenas un cuarto de hora, con lo que nos deja con el sabor de boca de que, a pesar de haberse cargado a todo un ejército, Rambo se ha vuelto un poco descafeinado.

¿Quién me iba a decir a mí, que iba a salir de esta película con la sensación de no haber visto demasiada acción? De momento, en el ranking de abuelos inadaptados, John McClane le gana la batalla por goleada al otro John, el melenudo, el del labio torcido: John Rambo.

Leer critica de John Rambo en Muchocine.net

9 thoughts on “JOHN RAMBO

  1. Dice doña Ángela que , muchas gracias por la información, pero que no tiene ganas de verla.
    Como no debe ser menos, yo me solidarizo con ella.
    Un abrazo.

  2. Pues me da a mí, compa Heitor, que no siendo el género el de mi mayor predilección, ésta como que tardará en “caer” (aunque sigo estando convencido de aquello de que hay que verlas todas, que conste).

    Un abrazo, y buen arranque de semana.

  3. Xabrés: me lo imaginaba, no sé yo por qué…

    Plissken: hombreeee, el gourmet del cine me llaman. Lo de señorito lo he leído con el tono de Gracita Morales, pero me cuesta ponerle tu cara, jeje.

    Manuel: lo de verlas todas, ya me gustaría a mí. Y si encima me pagasen pues mejor que mejor, pero el día tiene las horas que tiene así que habrá que elegir. Si este no es tu género, tampoco te pierdes nada demasiado importante.

    Saludos.

  4. creo que mi razonable buena salud mental… esta basada entre otras cosas en no haber visto ninguna de las tres anteriores, asi que como mi poco sano juicio ya esta bastante limitado por si mismo creo que esta tambien me abstendre y en su degecto intentare ver por ejemplo bajo las estrellas.

    saludos cosmicos

    reparito 2.08

  5. Otro de Sanci: No me imaginaba que solo hubieras visto una de las tres, tú, un tipo que se ha visto las escondidas películas de la filmografía de Van Damme. A por ellas pues.

    Reparito: jeje, la verdad es que en comparación con Bajo las estrellas, el pobre Rambo puede que se quede en cueros. Son cines distintos, sin duda.

    Saludos.

  6. Menos mal!! Yo pense que era la única persona sobre la faz de la Tierra que no había visto ninguna peli de la saga de Rambo… Ahora seré la única que no ha visto ninguna ni de Rambo ni de Rocky. Pero no por manía al amigo Sylvester eh? Porque si puedo decir que me trague Yo, el halcón (se llamaba así??) en el cine!!! Eso si, lo dijo en bajito para que nadie me oiga…

  7. Yo creo que eres el único de mi quinta que no ha visto ninguna de esas dos sagas. Y es que siempre te lo digo, no has tenido infancia…
    Por cierto, también vi en el cine “Yo el halcón”… vaya pareja de freaks.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.