IRON MAN 2

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Tenía pendiente por escribir mi opinión sobre la incursión más reciente del universo Marvel en el celuloide desde hacía ya un montón, pero recuerdo que cuadró en aquel interminable ramillete de críticas de las pelis del festival SyFy y el asunto se demoró más de lo previsto. Pero una película tan de mi estilo, no podía faltar en el mundo de Nunca Jamás, así que voy a cerrar muy fuerte los ojos, hasta que vea chispazos blancos, para intentar recordar lo que pensé al salir de la sala (aparte de lo guay que sería tener un traje de la factoría Stark para darse unos garbeos aéreos a la velocidad del sonido).

La Marvel, con el dinero de la todopoderosa Disney (que ahora que tiene los derechos para el cine de la editorial y a los genios de Pixar se estará haciendo de oro), sigue construyendo paso a paso su amplísimo universo de héroes. Algunas veces con gran acierto (“Iron man”, “Spiderman”, “X-men”), otras con un éxito discreto (“Hulk”, “Wolverine: origins”) y otras veces con resultado catastrófico (“Spiderman 3”, “Los 4 fantásticos”, “El motorista fantasma”), pero sus pasos dan esperanzas a los fans para disfrutar durante mucho tiempo.

“Iron man” se confió a un director que tenía más experiencia delante de las cámaras que tras ellas (fue el novio multimillonario de Monica en “Friends” y el director de “Elf” y “Zathura: una aventura espacial”) pero lo suficientemente friki y seguidor de comics de superhéroes como para implicarse de lleno en el proyecto. Esta parte, la de la dirección, era importante, pero no lo fue menos el encontrar al actor ideal para encarnar a Tony Stark/Iron man, un multimillonario con un coeficiente intelectual fuera de lo normal, adicto al alcohol y las mujeres, con un ego desmedido y una personalidad absolutamente magnética. El sí de Robert Downey Jr. al personaje fue un seguro de vida para la saga del hombre de hierro. Pocas veces se ha visto una simbiosis mejor entre un actor y un héroe de la Marvel, excepto, quizás, el caso de Hugh Jackman y Lobezno (si no fuese por el físico, ya que Lobezno en los cómics es un retaco).

La unión de actor y director fructificó en una amistad y una compenetración que logró una química perfecta en pantalla y la primera parte de cabeza de lata suscitó las alabanzas de los fans a lo largo del planeta tanto por la magnífica interpretación de Downey Jr., como por el ritmo acelerado de la película, los acertados efectos especiales y los necesarios toques de humor que caracterizan la personalidad de Stark (algo que se echaba de menos en el Spiderman de Sam Raimi).

Una vez puesto en pantalla el nacimiento de Iron man, la segunda parte se presentaba una empresa realmente complicada. Por un lado, había que ofrecer un villano a la altura, por otra, ya que sorprender al espectador iba a estar difícil, se imponía un guión con mayores dosis de acción y emoción y por último, había que seguir enlazando las piezas del mundo de Marvel, avanzando sin tregua hacia esa consumación orgásmica que puede suponer la película de “Los vengadores” (o la más triste de las decepciones, todo puede ser), cuyo equipo acaba de ser presentado en la ComicCon de San Diego (convención de comiqueros mundiales que suele servir de trampolín a producciones cinematográficas de esas que nos ponen los pelos del sobaco de punta a los frikis).

La historia arranca donde acaba la anterior película, con Tony Stark disfrutando (y padeciendo) la fama por haber revelado al mundo que él está detrás del colorado traje de hierro. Pero poco podrá disfrutar, porque varias amenazas surgen en el horizonte. Por un lado, otro millonario ambicioso, un tal Justin Hammer, que trata de hacerse con la tecnología de Stark, mejorarla y venderla al mejor postor. Por otro, un ruso con ansias de venganza, hijo de un antiguo colaborador del padre de Tony que fue repudiado y olvidado y con la tecnología y mala uva suficiente como para hacer peligrar la integridad de Iron man. Y por otro, la depresión que supone ver que el invento que le mantiene con vida, la fuente de energía que hace latir su corazón, le está envenenando y no puede hacer nada por evitarlo.

Tres frentes abiertos que, a mi modo de ver, se entremezclan con cuidado para no saturar el guión, como pasaba en “Spiderman 3”, que tanto villano y tanto problema dejaban el libreto de la película como una sucesión de sketches sin demasiado sentido. En este caso, no sucede así. La historia avanza sin grandes saltos, mezclando con tino la espectacularidad con las dudas existenciales y suicidas de Tony Stark.

Quizá las partes más aisladas sean las que tratan de enlazar al superhéroe con los planes de SHIELD y su futuro proyecto de Los vengadores, a veces metidas un poco con calzador. Especialmente el personaje de Natasha Romanoff, alias Viuda Negra, más una figura decorativa (y vaya decoración, esa Scarlett Johansson enfundada en negro) destinada a un posible “spin off”.

Para paliar estos momentos de relleno, asistimos a un par de secuencias que nos dejan con la boca abierta. Por un lado, la aparición de Ivan Vanko como Whiplash en el circuito de Mónaco para darle un par de bofetones al ego de Stark y, por otro, la batalla final, con la aparición de Máquina de guerra en un mano a mano con el hombre de hierro contra un montón de clones con ganas de juerga.

Ayudan también al triunfo de la película unos cuantos actores en estado de gracia, tanto el ya mencionado Robert Downey Jr., como Sam Rockwell y Mickey Rourke en los roles de villanos y otros tantos que, sin deslumbrar, resultan efectivos, como Don Cheadle, Gwyneth Paltrow (con mejores líneas que en la primera parte, que parecía que se habían olvidado de ella) o Samuel L. Jackson en su papel de Nick Furia, unión entre las diferentes sagas comiqueras de la editorial.

Una secuela, en definitiva, que no levanta el pie del acelerador, que deja unos cuantos guiños a los fans de los cómics (la aparición del escudo del capi es brillante, así como el epílogo, que enlaza con la siguiente superproducción de la casa), con su dosis de humor fantasma (ese descubrimiento de un nuevo elemento para la tabla periódica, ahí es nada) y su perfecto dominio de la acción repleta de adrenalina, elemento en el que Favreau se mueve como pez en el agua.

Ya estamos esperando, con las glándulas salivales a pleno rendimiento, los tres siguientes bombazos del universo marvel: “Thor”, “El capitán América” y, por fin “Los vengadores”. Si lo pienso mucho, lloro de la emoción.

2 thoughts on “IRON MAN 2

  1. Veamos, styo bastante de acuerdo contigo, Spiderman 3 es una de las peores películas que uno haya visto jamás junto con X Men 3, por cierto Lobezno orígenes es muchísimo mejor que X MEn 3, pero de aquí a Lima!!!

    Fracasos marvel, dc o lo que sean por el camino (yo esas cosas nunca las distingo), daredevil, elektra, superman returns (mejor si se huiera quedado en casa), y sin embargo hay en el cine de super heroes aunténticos peliculones, los primeros X Men, Spiderman 2, ( a ver que tal el nuevo pardiez!!), Batnman (los dos de Nolan probablemete sean lo mejor qu ese a hecho en plan superheroes!) y así unas cuantas más. Lo de Hulk con Ange Lee especialmente… ufff… quizás algunos super heroes es mejor no llevarlos al cine, y lo cierto es que el capitan amarica me da un repelús que no veas tú.

    Concedamos tiempo al tiempo… pero el cne de super heroes es un poco mo los huvos kinder, por fuera todo choolate delicioso, por dentro, lo mismo es un cochecito que mola, o es un puñetero trocito de plástico deformao!!!

  2. Uf, cierto, no me acordaba de Daredevil, una penita de adaptación que provocó que ni siquiera fuese a ver Elektra.

    De todas formas, mi corazoncito friki alberga esperanzas en cada nueva producción, así me llevo chascos y alegrías más o menos a partes iguales. Pero cuando una está bien hecha… que gozada!!

    Saludos.

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