INTRUDERS

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Dice el director que quiso plasmar en una película esa angustia hacia lo desconocido que sentimos cuando somos pequeños. Esas sombras que se dibujan en el techo una noche de invierno, que se escapan en cuando encendemos la luz, esa mancha en la pared que parece haber cambiado y que nos mire fijamente, esa silueta que acecha en el otro extremo de la habitación, que si lo pensamos racionalmente sabemos que es el perchero con un par de abrigos, pero pasada la hora bruja ya no estamos tan seguros.

Miedos infantiles al hombre del saco, al monstruo del armario, a boogeyman, a asomarse al oscuro hueco que separa el suelo de la habitación de la parte inferior de la cama. Todo ello condensado en una historia que transcurre en dos países diferentes, en los que dos chavales parecen estar soñando con el mismo tipo, un monstruo sin cara, dispuesto a robar una para poder salir al mundo.

Sin duda, la realización de Juan Carlos Fresnadillo, el director que nos había regalado dos películas potentes como “Intacto” o “28 semanas después”, saliendo airoso de algo tan complicado como una secuela de una película de éxito, es lo mejor de la cinta. Ciertamente mucho más acertada que un guión que le sigue la marcha a distancia considerable, con lugares demasiado comunes, trucos de prestidigitador al que le vemos enseguida la carta en la manga a base de repetición en miles de películas del mismo palo y el clásico giro final, tan clásico, que a poco avezado que uno sea empezará a intuirlo antes de que suene la fanfarria de sorpresa. Al menos, más observador que yo, que metido en el film nunca consigo adelantarme a los acontecimientos hasta que mi compañera de butaca me lo comenta en un susurro, con una media sonrisa en los labios, como diciéndome: tú también lo habías pensado, ¿no?

Pues no, pero es porque en mi condición de cinéfilo de pro estoy atento a tantos detalles que no puedo fijarme… vale, que soy bastante ñu para esas cosas.

La película empieza muy arriba. Con la historia de un chaval madrileño al que le encanta escribir historias. Todo iría fenomenal si no fuera porque un ser que parece haber salido de sus peores pesadillas, consigue materializarse en su casa y perseguirlo por los andamiajes que rodean el edificio una fea noche de tormenta. Es en esas secuencias cuando Fresnadillo demuestra la fuerza de sus imágenes, el empaque de su narración.

La pena es que mantener ese poderío a lo largo de la cinta cuando la historia no acompaña, es complicado. A pesar de que los actores pongan de su parte como para que así sea. Quizá el que sale mejor parado sea Clive Owen, también porque su parte es la más jugosa, la del padre superado por los acontecimientos, que ve como un ser sin rostro persigue a su hija para intentar arrebatársela.

También los chavales están bastante bien, Izán Corchero y Ella Purnell y el papel de Pilar López de Ayala no es que dé para mucho, pero cumple. Por otra banda, en la parte menos lucida, ese rol imposible de cura enrollado que se calza el casi siempre efectivo Daniel Brühl y que aquí rechina un montón.

Una película clásica de terror por encima de la media que marca mucha de la fast food que nos llega del otro lado del Atlántico, pero por debajo de lo que puede ofrecernos un tipo como Fresnadillo. Espero que la siguiente vez se encuentre en su camino un guión que le permita despuntar con mayor brillo.

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