ICE AGE 3: EL ORIGEN DE LOS DINOSAURIOS

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Se acabó el pterodáctilo de los huevos gigantes de oro. La primera película de la saga, allá por 2002, introdujo a la Twenty Century Fox en el juego de la animación, con una cuidada historia situada en la edad del hielo, en la que unos animales extinguidos tenían que devolver a un bebé humano a su familia. Una serie de cortos promocionaban la cinta, en los que una ardilla adicta a las bellotas la liaba parda.

Tres películas más tarde, después de una segunda parte en la que todo seguía funcionando bastante bien, la magia se ha acabado y la única que se sigue salvando es Scrat, la ardilla tontorrona, que está pidiendo a gritos una película propia. Aunque, teniendo en cuenta que es el mimo de la función, sin diálogos, tan sólo pura esencia clown, haría falta la pericia de un Pixar para poder llevarla a buen término (no sé cómo me arreglo, pero siempre menciono a Los Genios cuando hablo de cualquier película de animación).

En esta ocasión, Mani, Diego, Elli y las comadrejas tendrán que rescatar a Sid, el atolondrado perezoso, de un mundo perdido repleto de peligrosos dinosaurios a la vez que asistiremos a la aventura de la paternidad en la que se embarcan los mamuts. En este mundo frondoso y oculto (recuerda un poco al paraíso que buscan los dinosaurios de “En busca del valle encantado”) conocen a Buck (al que pone voz Simon Pegg, del que justo hablamos en el anterior post), una especie de cruce entre Tarzán y el personaje de Robin Williams en “Jumanji”, ágil, temerario y totalmente tarado. Vamos, un lider nato que se convierte en el mejor personaje de la película, con permiso de Scrat.

El argumento es muy simple, para no despistar a pequeños y el humor también se ladea hacia el infantilismo, con lo que los niños grandes apenas contamos con un par de carcajadas en todo el metraje. El resto oscilará entre la sonrisa y la condescendencia, lo que la pone en un plano muy inferior a las anteriores entregas.

Como todas la últimas películas para enanos, también tiene versión tradicional y plana y versión 3D con gafas rayban último modelo (con lo que si llevamos al infante de turno, siempre podemos dedicarnos a sacarle fotos para la posteridad), aunque en esta, prácticamente lo único que consigue es una profundidad de campo de la que nos olvidamos una vez metidos en la trama. Se nota que no se pensó en las posibilidades de las tres dimensiones mientras se planificaba la película, ya que la cámara no se mueve buscando sorprender, sino que simplemente adapta una historia en 2D al hecho de tener profundidad. Así como en “Los mundos de Coraline” eché de menos las gafas, en esta lo que eché de menos fueron los euros que faltaban en mi bolsillo por haber elegido la modalidad gafotas.

Así que, si tienes un habitante en tu casa de entre 3 y 7 años, no lo dudes, acompáñalo a ver las aventuras de los habitantes de la era glacial, se lo pasará en grande con las gansadas de sus protagonistas más mímicos. Si no, sigue aguantando un poco más. Los globos de la nueva maravilla de Pixar ya se ven asomar por encima del horizonte.

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