HÉROES

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Normalmente, ya lo soy bien poco pero, en este caso, escribir mi opinión sobre la película de Pau Freixás, va a ser lo menos objetivo del mundo. Porque, a pesar de que hay aspectos de la misma que me parecen muy mejorables o, en otros casos, demasiado pirotécnicos, algo que explicaré más adelante, el ambiente, la historia y los protagonistas, me transportaron a una época de mi vida que recuerdo como una de las mejores. Y eso que puedo considerar el gran grueso de mi experiencia vital como muy feliz.

Estoy seguro de que no seré el único que viaje en este flamante autobus express hacia la nostalgia. Todo aquel que haya disfrutado esa etapa que comprende el paso de la infancia a la adolescencia, en la que las amistades son lazos inquebrantables y para toda la vida, en la que nos sentimos inmortales, en la que empezamos a ver a la amiga inseparable con la que crecimos de otra forma, en la que los veranos nunca llegan y en el momento en el que lo hacen, pasan de largo a toda velocidad dejando recuerdos que ni el más potente de los Alzheimer podrá destruir, viajará a otra época a poco que se deje llevar. Si además, has nacido a finales de los 70 o principios de los 80, lo flipaste con películas como “Los Goonies” o “Cuenta conmigo” y tenías una pandilla de pueblo de veraneo, el viaje será como un subidón de LSD mezclado con Peta Zetas.

Pau Freixas ha realizado un homenaje a estas pandillas ochenteras de pueblo familiar y se nota que pesa en su memoria el cine de Spielberg, Joe Dante y Zemeckis de la década de los 80 y, aunque a veces se le vaya la mano en la forma, el cariño con el que trata a los personajes de la película hace que pasemos de largo de todo posible defecto. Aquí lo que importa es la humanidad y el suave y mimoso trazo con el que dibuja a esa cuadrilla inseparable, el cuidado y la veracidad de muchos de sus diálogos (aunque alguno, de vez en cuando, suene algo forzado) y el empeño por plasmar una época plagada de referencias.

La historia se desliza por un tobogán en forma de flashback a esos años donde todo es más intenso y perdurable. Dos personas que cruzan sus caminos por azar y comparten un breve viaje en coche que les traerá recuerdos de esa época. En concreto, el último gran verano, aquel donde todo empezó a parecer un poco más adulto y también aquel que cambió sus vidas. En aquellas vacaciones, el grupo de los pequeños intentan arrebatarles a los pijos, los heavies y los moteros la conquista de la cabaña del árbol en la competición anual. Sala, Cristo, Colo, Ekaitz y Roth forjarán sus vidas y sus caracteres a golpe de aventura y amistad y a partir de entonces nada volverá a ser lo mismo.

Hay detalles en la película que me parecieron exagerados, forzados o directamente erróneos y aún así, la fuerza de la historia, la intención, la franqueza del guión y la dirección, los minimizaron hasta tal punto que casi desaparecen entre la amalgama de emociones con las que me bombardeó. Aún así, no puedo menos que ponerlos de manifiesto.

Los diálogos, certeros la mayoría de las veces, sonaban demasiado forzados en determinados momentos, tan dispuestos a provocar sensaciones que se notaban falsos en bocas de personajes que nunca podrían decirlos. El mismo efecto, el de provocar emociones intensas, que tenía por momentos una banda sonora que parecía sacada de los hits de M80, calculada para acentuar la nostalgia y, en ciertas escenas, demasiado tramposilla. La ambientación, en esa querencia por transportarnos a una época mágica, está demasiado recargada y nos deja sensación de atrezzo de cartón piedra, como los posters impolutos de películas de la época en la habitación del protagonista. Por último, ciertas escenas rozan la “pornografía sentimental”, destinadas a inundar los ojos del espectador de lágrimas tanto de emoción, como de tristeza.

A pesar de todo, los aciertos superan con creces a estas pequeños defectos, comenzando por el casting de los chavales, realmente asombroso. Desde Sala, el rubito protagonista (a mí me recordó muchísimo a otro rubito de mi pandilla del pueblo), la combativa Cristo, con una cara y una expresividad que pide a gritos una carrera de actriz, Roth, el colega disminuido psíquico que muchas veces pone cordura entre sus amigos, el rebelde Ekaitz o el rarito del grupo, Colo, con un parecido tan enorme al gran Rick Moranis que parecía otro reclamo a la nostalgia cinéfila de nuestra generación.

Estos chavales estaban muy bien acompañados por una galería de adultos que, en algún caso, construían algunos personajes más paródicos que reales, aunque sin desencajar en exceso. Emma Suarez, Lluis Homar, Elsa Anka, Constantino Romero (caracterizado de mi padre, ¡¡que es clavao!!), David Fernández (más conocido con el nombre de su “alter ego”, Rodolfo Chiquilicuatre), Montse Pérez, Anna Lizarán y, ya en el presente, Eva Santolaria y Àlex Brendemühl. Un elenco que parece entregado en cuerpo y alma a la película y que otorga a la historia humanidad en cantidades industriales.

Al final, la cercanía, la honestidad y el amor por los personajes, acaban triunfando ante la ñoñería, el sentimentalismo facilón y el abuso de recursos destinados a emocionar y la película acaba dejando un poso familiar y profundo, de los que te dejan rumiando la historia durante días.

Si eres de la generación que creció en los 80, el paisaje de “Héroes” es de paso obligado. ¿Quién no quiere revivir algunas de las sensaciones más poderosas que uno tiene en la vida?

7 thoughts on “HÉROES

  1. Tiene mucho encanto, pero demasiados errores para poder considerarla una gran película. Especialmente la sobreambientación. De todas formas, decías que ibas a hacer una crítica kilométrica y te has contenido muchísimo.

    Adoremos a Cristo

  2. Doy fe de que llegó a casa casi volando tras ver la película… No dejó de hablar de ella hasta las tantas de la noche… Lo que una tiene que padecer 😉

    Palabra del Señor.

  3. Carlos: Ya, no me he contenido, me ha salido así. Al final, está claro que no tengo muchas tantas cosas que decir como para que necesite más de un folio.
    Ya, errores y encanto es una buena definición. Cada uno debe decidir qué le pesa más.

    Elisa: hombre, llorando, llorando… a ver qué va a pensar la gente. Que soy un macho español de pelos en el pecho que es capaz de coserse una herida sin soltar ni un ay, ¿eh?

  4. jejeje creo que te has desvelado tu solito, yo puse “volando”, no “llorando”…
    Pero ya que lo publicas, sí que lloro, lloro mucho, nada de macho español!

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