HEREDITARY

Aparecer en las carteleras con el estandarte de “mejor película de (género) del año” suele ser una avanzadilla peligrosa. Las expectativas suben como la espuma y uno acude al cine con su rasero subidito y pidiendo guerra.

Además, las productoras, en contra muchas veces de la opinión del cineasta que ha realizado la película, suele simplificar la venta catalogando el producto dentro de un género que no se corresponde, o no del todo, al carácter de la historia, lo que juega en contra de las ideas preconcebidas que un espectador medio posee a la hora de entrar a la sala.

Con “Hereditary”, la opera prima de Ari Aster, se cumplen ambas premisas. Viene con la etiqueta de mejor película de terror de lo que lleva de año, así que, aunque yo ya estoy curado de espantos y estas loas rimbombantes las cojo con pinzas, esperábamos ver un producto con una calidad por encima de la media. Y por otro lado, la película es oscura, agobiante, claustrofóbica y tétrica en muchos momentos, pero calificarla de película de terror puede ahuyentar a algún público y decepcionar a otro que busque emociones fuertes cuando tan sólo la última recta entra de lleno en el género.

El resto de la película, aunque está sembrada de elementos oscuros e intrigantes aquí y allá, tiene mucho más de drama familiar que de terror. La disección de una familia con claras disfuncionalidades y un pavor paralizante a que la herencia de problemas psicológicos de la matriarca, cuyo entierro se celebra en el mismo arranque de la película, se vierta como una cascada por las siguientes generaciones.

El verdadero triunfo de la película consiste en la realización y el guión de Aster, que consigue dotar al relato de una personalidad propia, transitando por caminos que no se adscriben de pleno a ningún género pero armando un tono profundamente malsano, agudizado por un plantel de actores en estado de gracia que consiguen mantener al espectador en un estado de alerta y nerviosismo que no consiguen el 90% de la producción de horror del panorama actual.

A la cabeza de todos, Toni Collette, una actriz maravillosa que ya había dado muestras de desenvolverse a la perfección en cintas con componentes terroríficos como “El sexto sentido” o “Krampus”, sin olvidar papeles inolvidables en otro tipo de ambientes como “Little Miss Sunshine”, “La boda de Muriel” o su increíble papel en la serie “United States of Tara”. Una intérprete que siempre está a la altura que se le exige pero que en este caso raya la perfección, componiendo un personaje inestable y extremo, una auténtica montaña rusa que lleva al espectador a través de una sucesión inacabada de sentimientos, percepciones e incertidumbres.

Flanqueando su trabajo, como dos imprescindibles alfiles, los dos hijos del matrimonio. La hija menor está interpretada por Milly Shapiro, una chica de 15 años que lleva cantando y actuando desde los 5 y que ya interpretó el rol principal de “Annie” en las tablas de Broadway y el hermano mayor es Alex Wolff al que ya había podido ver en “My friend Dahmer” como el amigo del protagonista que posteriormente escribiría y dibujaría un cómic sobre su “amistad” con el que posteriormente se convertiría en el infame Carnicero de Milwaukee.

Ambos realizan un trabajo maravilloso y construyen momentos de intenso mal rollo que le dan a la película ese empaque que nos lleva, poco a poco, construyendo a través de las personalidades de los personajes, al terror psicológico que sobrevuela la película y se instala, como ya he dicho, sobre todo hacia el desenlace.

Por último, como parte serena y racional de la unidad familiar, se encuentra Gabriel Byrne que no necesita presentación y que aquí tiene el papel quizá menos lucido pero igual de necesario para dar realismo a esta familia repleta de traumas.

La película es una absoluta delicia y creo que sólo la desinformación o expectativas de ritmos más veloces pueden desilusionar a un potencial espectador, sin embargo, a nivel de historia, debo decir que el final me pilló con el paso cambiado y no llegué a disfrutarlo.

No estoy diciendo que sea un mal final, no creo que hubiera remates buenos y malos para esta película, sino que la elección me dejó con cierto sabor amargo que no cuadraba con lo que me estaba ofreciendo el resto de la narración o con lo que yo esperaba de ella.

Fallo mío por montarme historias en vez de ejercer de puro receptor.

De todas formas eso no es óbice para no considerar que el resto de la película debería estar destinada a entrar en el Olimpo de las películas oscuras y desasosegantes, en ese terror alejado de los sustos fáciles a ritmo de golpe orquestal que construyen atmósferas a través de la psicología de unos personajes perfectamente dibujados.

Y no olvidemos que ésta es tan sólo su primera película.

Ari, esperamos con ansia la segunda.

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