HANNA

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Ay, la grandeza de las diferencias en los gustos. Lo que a mí me puede parecer una genialidad tocada por el cetro de las deidades cinematográficas a ti te puede parecer una castaña pilonga envuelta en las deposiciones de una gaviota descompuesta y al revés. Y ahí está lo bonito del cine, en que al final yo tengo razón y tú eres un gusano ignorante y todos contentos.

El caso es que me acerqué a ver “Hanna” animado por las críticas de los blogs que más sigo en la red de redes. La ponían como una rareza dentro de un género, el de acción, mezcladito con thriller. Una película contenida, con mucho más que ofrecer que patadas y persecuciones, con buenas interpretaciones y un guión inteligente. Y el caso es que yo debí entrar en otra sala con una película con el mismo título, como cuando a los fabricantes de yogur les da por hacerse la competencia y mezclan en las estanterías el Activia con el Activius y el Bifidus con el Bifidia, porque la película que yo vi, sin embargo, tenía un guión que se sustentaba con pinzas de tender la ropa, planos largos y con una intención de “autor” que los convierte en ridículos, una banda sonora que consigue transportarnos a auténticos anticlímax y unos personajes a cada cual más antipático. En cuanto a las actuaciones… pues yo que sé, supongo que todo lo bien que se puede estar en esas condiciones.

Hanna es una quinceañera que ha sido entrenada desde pequeñita por su padre para ser una asesina despiadada y letal. Tiene la puntería de ojo de halcón, la fuerza de Lobezno y la sonrisa de Blancanieves y lo sabe todo sobre el mundo porque su padre le lee cada noche una enciclopedia, que es una gran manera de quedarse sopa en un pis pas.

Viven en una cabaña en algún bosque nevado, pero, en cuanto esté preparada, la niña deberá pulsar un botón rojo, como el del bat-teléfono y activar una señal que provocará que una mandamás de los servicios secretos usamericanos líe Roma con Santiago para darle matarife. Aún sabiéndolo, la chiquilla pulsa el botón y pensándolo bien es algo razonable, todos preferiríamos enfrentarnos a los balazos de los más entrenados marines antes que escuchar las definiciones de una enciclopedia por enésima vez.

En ese momento, Hanna emprenderá una carrera hacia un parque de atracciones, donde su padre le esperará junto a un payaso retirado, mientras la chiquilla indaga en sus orígenes oscuros, se pelea con los neonazis más estereotipados del universo, con sus botacas militares, su pelito rapado, sus pantalones de camuflaje y su Bomber, se hace amiga de la pija más insoportable después de “oye tía Nube tía” con besico lésbico incluido y asiste a un sarao flamenco improvisado en España viviendo un primer ligue de forma ligeramente violenta.

Es en ese punto, a partir del viaje iniciático de la protagonista, donde cada plano interminable y cultureta, cada giro de guión, cada compás de la machacona música de los Chemical Brothers, se hace inaguantable. Cada vez que cambiaban de escenario, se me abrían más los ojos de la incredulidad, pareciendo los cambios de fase de algún videojuego ochentero, cada uno más estrafalario que el anterior hasta llegar a ese final que juega con la metáfora de caperucita y el lobo de forma tan absurda que no puede uno más que descuajaringarse de la risa.

Eso sí, no te fíes para nada de esta modesta y acertadísima opinión. Hay mucha gente, de renombre y del pueblo llano, de gustos refinados y gustos comunes, de periódicos o blogs de andar por casa, a los que les ha gustado la película y les ha parecido redonda. Así que, es probable que sea una de esas cintas que se aman o se odian. Tú podrías pertenecer a cualquiera de los dos bandos. Sólo tienes que probar.

4 thoughts on “HANNA

  1. Magú: soy como santo Tomás, si no meto el dedo en la llaga, no me lo creo.

    Carlos: ¡¡En serio!! Para mí que no la entendimos o algo.

    Neovallense: Bueno, el que tú y yo no estemos de acuerdo no es ninguna novedad. Lo raro es cuando pasa al revés!!

    Saludetes.

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