GUARDIANES DE LA GALAXIA

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He vuelto.

Septiembre lo tenía reservado para unas generosas y aventureras vacaciones y reconozco que el final de agosto traía ya consigo un agotamiento mental que provocó que Nunca Jamás permaneciera más silencioso que de costumbre.

Sin embargo, el viaje surtió el efecto esperado (y otros muchos no esperados y muy bien recibidos) y las neuronas se dedicaron a mirar, oler, degustar y fotografiar, sin pensar para nada en letras, palabras y frases.

Tengo planeado narrar en unos pocos posts el tremendo viaje que nos pegamos Khaleesi y yo por las tierras de Tailandia y espero cumplirlo, pero antes debo un comentario a una de las películas que disfruté antes de irme.

Me van a quedar algunas sin comentar, como “Los mercenarios 3”, que demostró que la gran idea que nos emocionó a los fans de la acción ochentera empieza a perder demasiado fuelle, o “Lucy”, una historia que mezcla la acción que tanto le gusta a Besson con el atrevimiento de los manga de ciencia ficción, pero, dado el carácter del blog, el de su autor y el de los carteles que adornan la cabecera, hay una peli que no podía dejar de ser invitada a este espacio.

Supongo que ya habéis adivinado cual es (quizá incluso ayude un poco el título del post). Marvel, en una jugada maestra que DC sigue, a día de hoy, estudiando cómo replicar, ha dejado la libertad creativa a un director friki, joven y no demasiado conocido entre el gran público, para liarla con personajes de la casa hasta ahora bastante desconocidos y ha dado la campanada.

James Gunn y su “Guardianes de la galaxia” son dos de las mejores cosas que les ha pasado a todos aquellos niños ochenteros criados entre uvehacheeses, cines de barrio y cintas de Spielberg, que ahora habitan cuerpos de treintañeros con síndrome de Peter Pan. Un ejercicio de nostalgia, humor gamberro, jitazos musicales y acción medida que podría llegar a ser la semilla de los frikis de las décadas que han de venir.

Peter Quill podría ser el nuevo Indy o Han Solo de las generaciones que esperan, agazapadas, a ocupar nuestro lugar.

“Guardianes de la galaxia” es todo lo que quisimos que fuera “Super 8” y no fue. Ese eterno síndrome de abstinencia de sensaciones vividas delante de una pantalla, cuando sumábamos entre ocho y diez años, siempre frustradas, nunca satisfechas, se ve saciado desde el momento en el que el héroe se dispone a robar una reliquia en un abandonado planeta, a ritmo de “Hooked on a feelin”. Esto se produce antes del minuto diez de metraje y ya no abandonaremos la sonrisa hasta el final.

Además, Peter Quill, no llega solo, sino rodeado por una pandilla de perdedores entrañables, un conjunto de personalidades repletas de locura, como si de un cruce entre “12 del patíbulo” y “Los Goonies” se tratase, que llena la película de momentos fantásticos. Un mapache deslenguado y nihilista, un ser arbóreo parco en palabras y bonachón, un despiadado brutote con un cerebro literal y una asesina con problemas paternales deseosa de pertenecer a una familia. Cada uno de los protagonistas tiene su momento, su frase, su oportunidad para pasar a ser el favorito de un niño. Me puedo imaginar perfectamente patios de colegio llenos de guardianes galácticos desfaciendo entuertos entre la cancha de baloncesto y la clase de matemáticas.

Quizá se le puedan achacar un par de puntos menos positivos a la cinta de Gunn. Por un lado, ahora que estamos acostumbrados a ver acción de todas las velocidades y colores con tanta peli y serie superheróica, ésta, aquí, no llama tanto la atención. Es necesaria, ya que son un puñado de tipos tratando de salvar el universo de los malintencionados planes de un supervillano y por supuesto, existe. Pero quizá no tiene la potencia y planificación de un Joss Whedon o unos hermanos Russo. Aunque, en mi opinión, prefiero mil veces que sea así al mareo de imágenes vertiginosas de muchas otras superproducciones.

Por otro lado, quizá su punto flaco es que entre un grupo de protagonistas tan bien elegido, tan acertadamente interpretado y tan carismático, el antagonista que les pone en aprietos es un poco soso. Que sí, que viene con su querencia de destruir el universo y todo eso, pero en ningún momento parece un verdadero peligro para nuestros héroes. James Gunn se preocupa más por hacernos disfrutar con ellos que por encogernos el corazón poniéndolos en peligro mortal.

“Guardianes de la galaxia” se ha convertido en la película de Marvel que más ha recaudado, Por delante de “Los vengadores”. Además, lo ha hecho con personajes poco o nada conocidos previamente por el público y dándole, justo después de la polémica entre la productora y Edgar Wright, un poder creativo brutal a un joven director con grandes ideas. Y es que, puede que no sea la película más emocionante de la editorial, ni la más adrenalínica, ni la más espectacular, pero sí que podría ser la más divertida.

Y eso, amigos, es el objetivo básico de las aventuras de los tipos en mallas salidos de las viñetas. Volvernos a hacernos sentir como niños.

En nuestro caso, niños ochenteros.

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