GOODBYE BERLIN

El viaje del héroe como metáfora de la entrada en el mundo adulto. Son tantas las películas que han abordado este tema, desde ópticas tan diferentes, que al verlas acaban generando un regustillo que nos suena a conocido.

Lo hizo Rob Reiner adaptando a Stephen King con la ayuda de River Phoenix y Will Wheaton en “Cuenta conmigo”. Lo vivió de forma repentina Tom Hanks convirtiéndose en ejecutivo de una multinacional para no olvidar lo importante que es no dejar jamás de jugar en “Big”. Lo retrató hace no mucho el gran Jeff Nichols en la sureña “Mud” con esta especie de revisitación de Tom Sawyer. A través de la música se marcaban una aventura ochentera los protagonistas de “Sing Street” de John Carney. En la memoria de todo viejoven de mi edad perduran los avatares de aquellos amigos que vivían en los muelles de Goon para salvar la casa de sus padres en la peli generacional de Richard Donner. Lo hacía en clave manga la pequeña Chihiro a través de mundos oníricos de la mano del maestro Miyazaki. Lo vivían a través de la poesía y la literatura entonando el oh capitán mi capitán los chicos de la la Welton Academy liderados por el molón profesor Keating.

Las formas que toma la aventura son variadas pero una gran parte de las veces suponen un viaje real que provocan un viaje mental, un cambio de perspectiva, una vía para cambiar las prioridades vitales que provocan, al final, un profundo cambio del o los protagonistas.

Maik es un chaval alemán con una situación familiar caótica. Su padre es un empresario mujeriego que intenta evitar a su familia todo lo posible y su madre ahoga las penas en vodka mientras divide su vida entre triunfos en campeonatos de barrio de tenis y visitas al centro de desintoxicación.

Fuera de casa es un inadaptado social. Es invisible a los ojos de la compañera de clase de la que está enamorado y apenas tiene amigos. Hasta que la llegada de Tschick, otro estudiante aún más raro e inadaptado, cambiará su vida con un viaje de verano repleto de situaciones extravagantes.

El punto de partida, el viaje, los dos protagonistas y muchas de las ideas que encuentra la película al paso del viejo coche robado son estimulantes y bonitas, sin embargo la estructura de la peli acaba siendo algo errática. Estos capítulos aparecen de repente y se acaban antes de llegar a ahondar en ellos. Algún personaje que podría dar mucho de sí desaparece demasiado pronto y demasiados momentos, aunque chulos, parecen incluidos de una forma algo forzada.

Todo parece indicar que la traslación al guión de la novela “Why we took the car” de Wolfgang Herrndorf no ha logrado quedar tan fluida como parece ser el material de partida y Fatih Akin, director de “Contra la pared” o “Soul kitchen” no ha conseguido dotar de armonía a las peripecias de Maik y Tschick. Aunque sí es cierto que aquí y allá aparecen extractos de conversaciones que elevan durante breves instantes la calidad de lo que se está viendo.

Es una pena, porque en realidad, el tono general de la película pervive en la memoria días después de la salida de la sala de cine, sin embargo, cuando uno planta la lupa y se va a escenas concretas, éstas aparecen algo desdibujadas, como por debajo del nivel que la película en su conjunto ha dejado en el recuerdo.

No obstante, la novela del alemán es carne de cañón para posibles adaptaciones de otros países. No nos extrañe ver, en poco tiempo, a alguna compañía americana haciéndose con los derechos y plasmando su visión jolibudiense de este iniciático viaje por carretera.

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