GLENGARRY GLEN ROSS

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Llevamos una época así como de culturetas. Teatro de renombre, películas de directores personalísimos y temas supuestamente profundos han sido nuestros últimos viajes hacia la cuarta pared. Debe ser que estoy tan desacostumbrado a que me bombardeen el encéfalo con tanta información, que eso provocaba que no saliesen nuevas críticas. O eso, o que soy un vaguete y estos días no me he sentado a ello. O que realmente estaba ocupado con quehaceres importantes. Votad por una de las tres respuestas y ganad grandes premios.

El caso es que, aprovechando que estaba por tiempo muy limitado en el Teatro Español, con un plantel muy atractivo, la obra “Glengarry Glen Ross”, del guionista y dramaturgo americano David Mamet, premiada con el Pulitzer, pues por allí nos acercamos. Una obra de la que surgió una película llenita de gente muy importante de Jolibú, como Jack Lemmon, Al Pacino, Ed Harris, Alan Arkin, Kevin Spacey o Alec Baldwin y que no he tenido (aún) el gusto de ver, motivo por el que me dirigí al teatro sin mucha idea de lo que iba a ver (como me suelo dirigir a todos lados, sin mucha idea de nada).

Allí, en una barata butaca del segundo anfiteatro, intentando encontrar un ángulo de visión adecuado entre la mata de pelo de la del asiento de delante y la barra que impedía que la gente saltara a la platea, asistí a una obra cortita y con diálogos rápidos e inteligentes y descubrí lo buen actor que se puede llegar a ser sin sacarse la nacionalidad británica, admirando a dos gigantes de la profesión: Gonzalo de Castro y, sobre todo, Carlos Hipólito.

La historia es la de unos vendedores inmobiliarios que intentan ganarse los cuartos a base de verborrea, engaños, traiciones, anulación de la ética y demás manipulaciones, para intentar llegar a ser el mejor vendedor del mes, llevarse un premio-zanahoria con cuatro ruedas bastante atractivo y, sobre todo, no ser despedido, consiguiendo o manteniendo el estatus de todoterreno rentable.

El ambiente humano que se respira durante toda la obra es infernal. Un catálogo de personalidades retorcidas en las que la camaradería consiste en escoger la mejor alianza para lograr los propios intereses. Un trabajo en el que el currículo se formatea a golpe de mala racha y el brillo profesional dura lo que un informe de recalificación urbanística a las puertas de un ayuntamiento.

Cada personalidad tiene sus propios matices: el antiguo gran vendedor venido a menos, el jefe recién ascendido y con tendencias dictatoriales, la actual estrella de la oficina, el lameculos perdido y nervioso, el tramposo y liante… un muestrario de bajezas de nuestra especie con un denominador común: el éxito a cualquier precio. Parece ser que David Mamet concibió la obra después de haber sufrido un trabajo en una de estas oficinas y se ve a las claras que sabe de lo que habla y es capaz de expresarlo de una manera feroz.

De todas maneras, el texto y la idea no cristalizarían en la gran alquimia que vimos en el escenario sin una interpretación que consiga dotar de vida las palabras y ahí es donde entra el buen hacer de los dos actores antes mencionados, acompañados de Ginés García Millán, Alberto Jiménez, Jorge Bosch, Andrés Herrera y Alberto Gomez. ¿Cómo se puede poner tanta pasión y tanta credibilidad mientras se escupe un monólogo a la velocidad del sonido sin que se te haga un nudo en la lengua, sin desconcentrarse mientras suena un móvil en la sala (si amigos, los lerdos también van al teatro)? ¿Un actor como Carlos Hipólito nace, o se hace? ¿O muta?

Preguntas sin respuesta. Lo que sí se puede sacar en claro es que “Glengarry Glen Ross es una grandísima obra, no apta para cerebros proclives a la dispersión, enganchados a la acción y la risa fácil o con necesidad de evadirse a otras realidades. Dicholocualo, ahora pienso… ¿y por qué diantres me ha gustado a mí?

6 thoughts on “GLENGARRY GLEN ROSS

  1. A diferencia de tí, compa Heitor, yo no conozco esta versión teatral, y sí la cinematográfica que mencionas, que es excelente, buenísima. Pero ésta del teatro no me extraña que esté también a una altura impresionante: con ese texto, y contando en el plantel con Carlos Hipólito, no podía ser de otra manera.

    Un abrazo y buen día.

  2. Estoy en las mismas que el compa. La película es extraordinaria, y transmite ese mismo ambiente malsano, asfixiante, malrrollista que apuntas en la obra. Yo de ti no tardaría en agenciármela. Saludos.

  3. Pues he oido hablar bien de la obra si, hasta igual la voy a ver si se acerca a Bilbao. Por cierto Heitor estando en Madris, tardas y mucho en ir a ver el musical SPAMALOT, basado en ls caballeros del amesa cuadrada y adaptado por el tricicle. Por dios! Que vengan pronto a Bilbao!!!!

  4. Manuel Márquez: Pues apuntada la tengo la película. De todas formas, las magias del teatro y del cine son distintas, estoy seguro de que me gusta, pero ver a actores en directo me sigue impresionante. Hipólito es un crack.

    Marcbranches: Pues lo mismo digo, pendiente que tengo la película, aunque tengo tantas pendientes, que no sé yo cuando caerá. Desde luego, el plantel llama mucho para que no sea tarde.

    Xabrés: pois non da moitas posibilidades el servicio de blog, pero esta es una de las menos feas.

    Reparito: amigo mío, ¿pensabas que podía perderme una obra de los monty python dirigida por tricicle? Eso no es posible. Puedes ver la crítica aquí: http://heitorsnuncajamas.blog.com/2009/09/10/spamalot/

    Saludos a todos

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