GHOST RIDER: EL MOTORISTA FANTASMA

 

Las películas de superhéroes son mi debilidad. Una forma de evasión de las mejores, que me hace disfrutar del cine como cuando era un canijo. Intento no perderme ninguna (desde “Batman” de Tim Burton creo que solo he rechazado “Elektra”, y no creo que la vea) y hay muy pocas que me defrauden totalmente (“Daredevil” fue una de ellas).

Con todo esto estoy diciendo que no pido mucho. Adaptar un cómic a la pantalla no es una tarea fácil. Lo que en una viñeta queda elegante y vistoso, en el cine puede resultar ridículo. Hay un arduo trabajo en la adaptación para que todo resulte creíble. No me quiero imaginar como podía haber quedado “X-Men” si se adapta literalmente de los primeros cómics de los personajes, donde el hombre de hielo parecía el hombre de nieve, o todos llevaban unos horribles trajes idénticos.

Asimismo hay que saber elegir la historia. Hay villanos que no dan juego si no les sacas todo el jugo y hay historias que convertirían la película en una parodia.

Pues bien, “Ghost rider” adolece de gran parte de estos problemas y le suma uno más, éste último totalmente subjetivo: a mí Nicholas Cage no me gusta. Esa sobreactuación, y esos caretos de tarado le funcionaron muy bien en la genial “Leaving Las Vegas”, quizá su única actuación que me gustó, pero es el único recurso que tiene.

La historia es sencilla (quizá demasiado). Un chaval llamado Johnny Blaze (Nicholas Cage) hace un trato con un diablo llamado Mephistopheles (Peter Fonda), para conseguir que su tío se cure milagrosamente de un cáncer, a cambio de su alma. Ambos son motoristas de acrobacias. El diablo se lo concede pero a continuación provoca la muerte de su tío, consiguiendo que Blaze lleve el resto de su vida la culpa de este acto. Unos años después Blaze es reclamado de nuevo por el diablo para que consiga un papelote y elimine a cuatro demonios malotes.

Las actuaciones de los actores son bastante pobres, salvo la posible excepción de Peter Fonda o de Wes Bentley (el chaval de “American beauty”) en el papel de Blackheart. Cage está bastante ridículo interpretando al motorista, con unas poses que parecen salidas de una peli manga, y su química con Eva Mendes es nula.

La historia se desarrolla a saltos, sin ninguna preocupación por explicar ni desarrollar nada. Se convierte en el motorista fantasma, controla sus poderes a la primera, se va cargando a los malos uno a uno sin ningún problema y cuando te quieres dar cuenta ya estás en el beso final sin que haya pasado absolutamente nada realmente interesante.

Incluso los efectos especiales, que podría resultar lo más llamativo, son tirando a flojos. La calavera llameante y la moto diabólica no llaman mucho la atención.

En fin, que ya puedo unir esta película a la lista de “Daredevil” y esperar con ilusión las llegadas de “Spiderman 3”, “Los 4 fantásticos 2”, “Iron man”, la nueva de Batman… será por adaptaciones de cómics.

P.D. Para Magú: el actor cachondo que interpreta a Johnny Blaze en la adolescencia se llama Matt Long. Ala, ya puedes buscar fondos de pantalla del susodicho.

 

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