SITGES 2013 3/3

El último día sabíamos, de antemano, que iba a ser el más flojo. De hecho, habíamos tenido bastantes problemas para programar una agenda, ya que a las horas a las que nos daba tiempo a ir, no echaban absolutamente nada que nos convenciera. Era como si Ángel Sala se hubiese enterado del tute de los dos primeros días y estuviese empeñado en que descansásemos nuestro cerebros sobre la almohada, o visitásemos la Sagrada Familia o nos fuésemos a comer unos calçots y butifarra.

Aún así, intentamos aprovechar al máximo la experiencia festivalera y escogimos tres películas entre la, a priori, pobre oferta. Una de monstruos surgidos de la mente del típico “mad doctor”, otra de imágenes malsanas y onírias procedente de oriente y un proyecto de directores y actores salidos de la ESCAC, escuela de cine de Cataluña.

Efectivamente, no fue un gran día.

FRANKENSTEIN’S ARMY

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Las pelis de Mad Doctor nazilongo y sádico han brindado opciones respetables. Recordemos la italiana “Shadow”, cuyo inicio y final eran bastante mejores que una parte central algo estirada o la francesa “Martyrs”, que también se cebaba en una tortura demasiado larga en su parte central para rematar con un desenlace muy original.

Éste, sin embargo, no es el caso.

Un batallón ruso avanza en medio de la II Guerra Mundial por territorio enemigo, filmando sus hazañas para mayor gloria de la Madre Patria, cuando se encuentra con una iglesia abandonada con regalo dentro, como un Kinder con planta de cruz. Dentro, un científico chiflado experimenta sobre el diario de un tal Victor Frankenstein para construir engendros mitad humanos mitad herramientas de carpintería que habrán de servir a los fines del Fürer.

La única curiosidad que puede despertar la peli es asistir a los locos diseños de monstruos que pululan por los sótanos de la iglesia, asustando y, cuando procede, despedazando a los rusos que van cayendo uno a uno. Unos rusos que dudo que pudieran estar más esetreotipados: el jefe con experiencia, el loco sádico, el joven impresionable, el listo, el traidor y los que palman sin destacar demasiado.

La falta de argumento domina la película y el ambiente repetitivo cansa bastante rápido, transformándose la película en muchas ocasiones en el típico videojuego de terror en primera persona en el que uno se va encontrando bichos a lo largo de un laberíntico escenario. Solo que sin el mando para poder dirigir a los personajes para que no hagan las tonterías que dicta el guionista.

Primera en la frente.

RIGOR MORTIS

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En esta extraña producción china se produjo la mayor divergencia de opiniones entre Carlos y yo. Él opinaba que el ambiente raruno, los personajes y el oscurantismo argumental, repleto de fantasmas, vampiros y demonios propios de la mitología cinematográfica del país eran suficientes para sustentar una película que le pareció cautivadora. A mí, por el contrario, me pareció un coñazo donde nada tenía sentido y los personajes desfilaban por un escenario en ruinas cruzándose con seres del más allá aún más coñazo.

Como el blog es mío y me lo escribo cuando quiero, daré mi punto de vista.

La película empieza con la llegada de una deprimida antigua estrella del cine de acción a un edificio viejuno para suicidarse. El tipo se intenta ahorcar y mientras está ahí recibiendo cada vez menos riego al melón, aparece una especie de espíritu que le observa, luego un tipo que saca una katana, pega un chimpo y le salva de la muerte.

Y a partir de aquí, la locura.

Tipos que realizan magia negra bastante especial, niños que vagan de casa en casa, fantasmas de gemelas llenos de hilos, monstruos de personas que vuelven a la vida y una pelea final entre el prota y un monstruo que en la que van cambiando de escenario gracias a un tipo que retuerce (literalmente) su brazo moviendo una rueda que selecciona el tipo de elemento en el que se reparten los tortazos.

El guión es tan raro que no llego a conectar con la historia en algún momento, así que supongo que para disfrutarla hay que dejarse llevar y conectar más con los personajes y el ambiente que con la historia en sí.

Mi parte racional del cerebro no me dejó.

LOS INOCENTES

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Dos cosas me llamaron la atención de este proyecto en el que se embarcaron unos cuantos alumnos de la ESCAC, ayudados por los profesores. Una muy buena y otra muy mala. Sin medias tintas.

La buena es la conseguida factura de la misma, que no tiene nada que envidiar a producciones usamericanas que seguramente cuentan con mucha más pasta. Una dirección clásica y fluida, una buena fotografía, un montaje cuidado. Una filmación de libro que demuestra que las escuelas de cine de nuestro país son capaces de crear directores con una técnica envidiable. Minipunto para profesores y alumnos.

La mala es, lo habéis adivinado, el guión. Una sucesión de clichés, tópicos y giros de manual, copiada una y mil veces en las películas de Slasher. Desde “Halloween” hasta “Destino final”, pasando por “Pesadilla en Elm Street”, “Viernes 13” y la ingente cantidad de películas con asesino y víctimas que han pasado por los cines. Una ingente cantidad de producciones que, con el paso del tiempo, han establecido unas reglas básicas que parodiaba a la perfección Wes Craven en la genial “Scream: vigila quien llama”, escrita con acertadísima pluma por Kevin Williamson.

Pues bien; se han cogido dicho manual y lo han seguido al pie de la letra, sin saltarse ni una coma. Fecha señalada: check. Trauma inicial para dar lugar al asesino: check. Si follas mueres: check. Muertes que ganan en brutalidad a medida que pasa la película: check. Al menos dos pares de tetas para atraer al público adolescente: check. Gracioso del grupo que provoca el efecto “Pedro y el lobo”: check. Pareja de guapos que se gustan sin tocarse son los más propensos a salvarse: check. Giro final: check. Último susto: check.

Todos. No faltaba ni uno.

Minipunto para Montoro.

Tomaos esta última frase como un chiste. Lo que en realidad merece el ministro es una colleja a lo Sole.

El caso es que si se supone que los estudiantes son los que más ganas tienen de romper tabúes y clichés, de investigar en nuevas formas de cine, de abrir caminos y derribar muros antes de ser devorados por la industria y resulta que ya vienen aborregados de casa, mal vamos.

El visionado de “Los inocentes” se pudo resumir en una sóla palabra: decepción.

Será que el inocente era yo.

EPÍLOGO

Y esto fue lo que dio de sí Sitges 2013. Seguro que nos  perdimos grandísimas películas del resto de días, descubrimientos que no disfrutaremos jamás y gemas ignotas que se perderán como lágrimas en la lluvia, aunque hemos acordado que debemos conseguir películas de ediciones pasadas y, de vez en cuando, organizar retrospectivas privadas para seguir desenterrando las grandes ideas del cine de género moderno.

Así que, seguiremos dándoos la paliza.

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