FESTIVAL DE SITGES 2017. DÍA 3

Llegó el tercer día y parecía que llevábamos dentro tres meses. Es tal la densidad de los días y la cantidad de información que el cerebro debe asimilar que, para que quepa, dilata el tiempo. Ya sabéis los clásicos: los sentimientos se magnifican, se forma piña, la burbuja se convierte en la única realidad…

Vale, en realidad no es para tanto, pero sí que cuesta reposar todo lo que se ve y las sensaciones que dan las películas son distintas que si se ven fuera de un festival.

Esto fue lo que dio de sí el siguiente día. O al menos esto es de lo que me acuerdo, tanto tiempo después.

THE LODGERS

No sé si sería el sueño y el cansancio acumulado, pero demasiado lento me pareció este cuento gótico irlandés en el que dos hermanos huérfanos se ven obligados a sobrevivir en una antigua mansión, siguiendo unas reglas muy estrictas para no enfadar a unos espíritus que viven en las aguas que vigilan bajo la misma.

Que sí, que su ambientación es tremenda y su fotografía sugerente y todo lleva todo el rato al mundo de Poe y de Lovecraft. Que la relación entre ambos hermanos pone de los nervios constantemente y sus actores, Charlotte Vega y Bill Milner están muy bien, pero al final, la historia tarda demasiado en desarrollarse y los secretos, cuando salen a la luz, ya han dejado de importarme.

Por otra parte, la historia del adolescente lisiado que regresa de la guerra a un pueblo que le rechaza, tampoco acaba de convencerme demasiado, así que, a mi pesar, me tiré toda la película con la desagradable sensación de que no acababa de encontrarme cómodo.

Como ya he reiterado en demasiadas ocasiones como para no resultar cansino, por muy bien empaquetado que venga el producto, por muy bien que entre por el ojo, si no hay un armazón narrativo que me ordene la neurona es difícil que me acabe gustando el resultado. En este caso, la premisa se cumple a rajatabla. Todo es precioso pero esa belleza no se conduce con determinación en ninguna dirección.

A SILENT VOICE

Con el bullying llegó la polémica. Y menuda polémica, amigos.

Este anime japonés habla del maltrato escolar, al principio sobre la figura de una nueva estudiante sorda que trata, sin éxito, de adaptarse en el siempre difícil ambiente de instituto, que suele estigmatizar lo diferente y, más tarde, sobre la propia figura del acosador, que ve cómo se da la vuelta a la tortilla y pasa a ser objeto de las burlas.

Tiempo más tarde, el acosador/acosado se reencuentra con la muchacha de la que se rió y trata de acercarse a ella, enmendar su error y limpiar su karma, pero el destino y el entorno de ambos protagonistas no pondrá las cosas nada fáciles.

A priori se podría pensar que la sensibilidad de los nipones en sus producciones animadas trataría el tema con delicadeza y profundidad y así lo pensaron mis compañeros de avatares que salieron entre extasiados y simplemente satisfechos de la película. Sin embargo, a medida que transcurría el film, mi incredulidad, al principio, mi molestia, a continuación y mi ira por la cantidad de reacciones absurdas de los personajes de la mitad hacia delante, marcaron el devenir de mi visionado.

Siento que la película haya quedado tan lejana en el tiempo como para que pueda poneros ejemplos concretos, ya que como un trauma infantil mi cerebro ha intentado borrar todo rastro de lo visto, sin embargo recuerdo que para mí, nada tenía sentido. Chistes verdes en medio de dramas cuando no venían a cuento, personajes que cambiaban de personalidad a cada escena en función de las necesidades del director de crear un nuevo momento lacrimógeno, reacciones marcianas y un cúmulo enorme de despropósitos argumentales me impidieron centrarme en lo que supuestamente se quería denunciar.

A la salida se me tacharía de insensible, de pirado, de un tipo que jamás entenderá el bullying porque no lo ha sufrido en sus carnes. Todo esto en broma, claro está, que para eso están los amigos, para insultarte de risas a la salida de las películas. Y me gustaría contrastar más opiniones para ver si fui yo en ese momento el que la tomó con unos personajes que le cayeron antipáticos, si hay que pasar por encima de unas reacciones ininteligibles para disfrutar del verdadero corazón de la película o si de verdad nada de lo que hacían los seres que desfilaban ante mis ojos tenía puto sentido.

En fin, quien la vea, que me saque de la duda.

ERREMENTARI

Tras la debacle mental de la anterior sesión, necesitaba algo sencillo, una película en la que poder desconectar la mente y dejarme llevar, sin profundidades, sin dobles lecturas, simple diversión y eso me lo ofreció, de sobra, una pequeña película vasca, producida por Álex de la Iglesia y rodada en euskera sobre una fábula local.

En un pequeño pueblo alavés, a mediados del 1800, vive un solitario y extraño herrero del que se cuentan historias horripilantes. Tal es su fama que se dice que es el mismísimo diablo. Un día, una huérfana valiente, testaruda y entrañable se cuela en el caserío del herrero y descubre la verdad sobre el señor y su relación con Satanás.

La película inspira ternura desde el principio. Se nota que está hecha con un amor desmedido hacia el género y esa sensación se traslada a todos los apartados de la cinta. Las interpretaciones son auténticas, los efectos especiales, a pesar de sus limitaciones por tratarse de un presupuesto ajustado, están muy bien aprovechados y son muy pintones, la historia es de esas que se cuentan en los pueblos en invierno al calor de la lumbre y al final salí con la sensación de haber asistido a un campamento entre amigos, con olor a leña quemada en la ropa y unos chorizos criollos en el estómago.

También he de decir que a mí me plantan delante una historia que sucede en un pueblo pequeño del norte, con una niña de protagonista e historias del averno y ya me tienen medio ganado a poco que hagan, pero si encima lo hacen con mimo y atención a los detalles entonces ya me consiguen emocionar.

PSYCHOPATHS

Con la cuarta película de la jornada quedó claro que aquel no iba a ser el mejor día del festival. También había sido una opción que había dictado el calendario más que nuestros gustos personales y al final casi hubiese sido mejor quedarse en el apartamento jugando al tute.

El argumento oficial reza como sigue: “El alma de un asesino en serie recientemente ejecutado desciende nuevamente a la Tierra y posee a sus seguidores en una noche de luna llena”. Sin embargo, hasta lo que vi de película lo que había era una serie de escenas interminables y sin relación alguna entre ellas en las que hay alguien violento y malvado masacrando a alguna víctima despistada.

Sí, digo hasta lo que vi de película porque cuando llegué a la certeza de que aquel galimatías no tenía ningún tipo de sentido y que las escenas ni siquiera estaban bien dirigidas ni tenían el menor sentido del ritmo, intenté echarme una cabezada. Y cuando eso tampoco funcionó, me salí con el Maestro de Motores a la cola de la siguiente película a discutir sobre el bullying de los japoneses.

Desde luego, no sería un Sitges como el Spaghetti Volador manda si no existe una película con la peor nota posible y ésta por fin había llegado.

Check.

A otra cosa, mariposa.

THE BRINK

Además de caracterizarse por una nota media de películas regulera, el día también se distinguió por una diversidad total de géneros y temas. Un cuento gótico de fantasmas, un drama de instituto sobre el bullying, una fábula vasca sobre el diablo, un thriller de psicópatas asesinos y ahora tocaba una china de policías y artes marciales. Que no se diga que no tenemos los gustos bien repartidos.

La película va de un detective obsesionado con atrapar a un contrabandista y que reparte estopa de lo lindo en multitud de escenarios, como si de pantallas de un videojuego molón se tratase. Que si un aparcamiento, que si un casino, que si un barco en medio de un vendaval.

La historia no la recuerdo aburrida, pero si os tengo que decir la verdad no la recuerdo demasiado tampoco. Lo que sí ha quedado en mi memoria es que la peli contaba con coreografías de sopapos muy bien filmadas y ejecutadas. Quizá no demasiadas, tampoco, lo que daba lugar a algún bajón de ritmo hacia el ecuador del metraje, pero las suficientes como para llevar a mantener la atención.

En definitiva, una película que resultaba entretenida, emocionante incluso, cuando se ponía a repartir mamporros. Algo que, visto cómo iba el día, fue de agradecer.

THE ROOM

Y para rematar y aprovechando que movíamos una de las películas de aquel día al día siguiente, nos dispusimos a zamparnos, por sugerencia de Plissken, la que está catalogada como la peor película del cine moderno y así preparar el terreno para poder sentarnos juntos a ver la versión de James Franco sobre aquel rodaje unos meses más tarde titulada “The disaster artist”.

No es fácil describir “The room”, una película que tiene tantas carencias, tantos desatinos, tanta falta de comprensión del lenguaje cinematográfico que ha acabado convirtiéndose en una película de culto. Tampoco es fácil explicar por qué su visionado puede resultar tan divertido o tan exasperante dependiendo de las condiciones en las que se ejecute.

Si decidís ver la obra magna de Tommy Wiseau con colegas, sabiendo un mínimo de su historia y dispuestos a echaros unas risas, es difícil que os arrepintáis. Yo no recuerdo muchas veces en las que me haya dolido la barriga de reírme después de una película y ésta fue una de ellas.

Si por el contrario decidís verla en soledad, es probable que os cueste aguantar hasta el final. Desde la escena de entrada queda claro que no hay nada en ella que funcione bien: ni las interpretaciones, ni el guión, ni el montaje, ni la escenografía, ni la coherencia interna… parece un manual de malas prácticas para que el principiante evite errores de bulto.

Sin embargo, todos esos errores juntos dan lugar a algo mágico. Una colección de disparates que, en buena compañía y con los comentarios oportunos pueden dar lugar a una velada memorable.

Si tenéis suerte, algún día encontraréis una de las sesiones golfas que se proyectan a lo largo del globo y debéis saber que hay todo un ritual de gritos y acciones mientras transcurre la película. Debéis llevar cucharillas de plástico que serán lanzadas en ciertos momentos, un balón de rugby para poder jugar con el resto de espectadores y, si sois verdaderamente temerarios, una mezcla de güisqui y vodka llamado scotchka. Además deberéis gritar “who the fuck are you?” en ciertos momentos de personajes extraños, imitar la curiosa risa de Wiseau y muchas cosas más.

Es decir, tenéis que estudiar antes de ir a una de estas proyecciones, pero las risas están garantizadas.

Es posible que “The room” no sea exactamente la peor película del cine moderno; he estado en festivales donde he visto cosas que jamás creeríais, pero sí que tiene un montón de elementos erróneos, mal ejecutados o simplemente absurdos que la convierten en una película especial. Todo ello sumado a la particular personalidad del propio Wiseau, un tipo enigmático, egocéntrico, vanidoso y pelín sociópata que se suma a la leyenda de la propia película la convierten en un hito cinematográfico.

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