FESTIVAL DE SITGES 2017. DÍA 2

Sigamos en plena aceleración supersónica que esto ya no hay quien lo pare. Y sigamos con las películas que teníamos pendientes del año pasado.

¿Os acordáis de que allá por Octubre fuimos al festival de Sitges? Pues fuimos más de un día y vimos más películas de las que he comentado hasta ahora. Y resulta que el segundo día vimos: la película que se llevó el premio gordo del festival, la película que se llevó nuestro propio premio gordo (que cómo no, nada tenía que ver con la primera) y un par de joyitas dignas de recomendar a los lectores más frikazos de este blog.

La pena es que los lectores más frikazos de este blog son, en su mayoría, los que vinieron al festival conmigo, así que voy a seguir en mi línea y limitarme a dar la tabarra. Sin más.

Veamos lo que dan de sí mis neuronas para recordar aquel imparable galimatías de imágenes.

JUPITER’S MOON

La primera película del día, a la que asistimos con las legañas pegadas al lagrimal pero sin el cansancio con el que acabaríamos a final de semana fue, a la postre, la ganadora del Festival. Aunque, cuando salimos de la sala ninguno de nosotros hubiera apostado por ella.

Su director, el húngaro Kornél Mundruczó, me sorprendió hace tres años con una curiosa película llamada “White Dog”. Una alegoría sobre la humanidad de los animales y el animalismo de los humanos que me flipó.

Ahora llegaba, tras su paso por Cannes, con otra alegoría, esta vez sobre Europa, con la historia de un inmigrante ilegal que llega a Hungría desde la vecina Siria y que, tras un disparo y ser dado por muerto, adquiere la habilidad de volar, o más bien flotar. Perseguido por las autoridades y ayudado por un médico que ha perdido su licencia por chapichear es tomado por un ángel por muchos de los que se va encontrando mientra lo que él quiere es, simplemente, reunirse de nuevo con su padre.

¿Dónde está la metáfora con nuestra Unión de países? Bueno, en que la luna de Júpiter de la que habla el título y que se menciona al inicio de la película, que parece albergar agua bajo su superficie y que, según algunas teorías locas, podría ser un refugio para la humanidad en el futuro, se llama Europa. Y en que el Sirio cruza a Europa, también, supongo. Y que al inmigrante ilegal le tratan como el ojete.

Sin embargo, el argumento de la película no tarda demasiado en dejarme de importar. La insufriblemente lenta huída de Aryan y una trama terrorista secundaria en la que me perdí en más de un momento me apartó de la peli y sólo me dejó huecos de disfrute en aquellos momentos en los que Mundruczó se luce con la cámara y conforma imágenes muy bonitas, sobre todo en las levitaciones del protagonista.

No me parece suficiente como para que el jurado de la muestra le haya entregado el máximo galardón. Parece como si hubieran intentado hacerse los guais con la propuesta más intelectualoide pero, amigos, esta heterogénea pandilla festivalera no comulga con lo guai. Somos unos gamberros y unos kamikazes. Y lo de aparentar no va con nosotros.

FELIZ DÍA DE TU MUERTE

La fortuna quiso que lo que nos encontramos a continuación fuese una película gamberra. Tampoco demasiado kamikaze, pues tira de un montón de ideas que no exhiben una originalidad desmedida, pero sí son muy divertidas y paródicas. Así que la gamberrada en forma de bucle temporal fue todo un chute de buen humor.

Tree es una estudiante universitaria que se levanta, con una resaca de tres pares de marmotas en la habitación y la cama de otro universitario al que no recuerda haber visto en su vida. El chaval parece majo y atento pero ella no tiene los bajos para farolillos, así que se pira de malas maneras para comenzar una jornada que promete ser de mierda.

Tan de mierda es que, después de los encontronazos habituales con sus pijas compañeras de la fraternidad, de dejar tirado a su padre en la comida y de tener que asistir a su fiesta de cumpleaños sorpresa, es asesinada. ¿Spoiler? No, amigos, porque justo a continuación la rubia clasista vuelve a despertar en la misma cama, el día anterior teniendo que hacer frente de nuevo al mismo día de mierda.

Vale, sé que estáis pensando que todo esto os recuerda a “Atrapado en el tiempo”, pero la película no lo esconde en ningún momento. Toda la trama es un homenaje pasado por el tamiz del género slasher e incluso se permite el lujo de nombrar la película de Harold Ramis en una escena post-créditos.

Y el homenaje, con arco de aprendizaje de la protagonista incluido, es muy divertido, gracias a unas interpretaciones muy solventes, comenzando por la de su actriz protagonista, Jessica Rothe y siguiendo por un sentido del humor lo suficientemente negro como para tener poso y lo suficientemente abierto como para poder gustar a toda clase de público.

Una película muy noventera en muchos aspectos, con algunas sorpresas que salpican el guión aquí y allá y con la fuerza suficiente como para despertar la carcajada general en más de una ocasión.

Tan poco minoritaria es que vio su estreno en salas comerciales no hace mucho.

Este “Happy death day” supuso la inyección de energía que necesitábamos después del sopor anterior y con ella pudimos entrar con ganas en la siguiente propuesta, que se revelaría como la gran joya del festival.

BRIGSBY BEAR

No las tenía yo todas conmigo antes de entrar en la siguiente sesión. Cuando El Maestro de Motores y yo estábamos haciendo la pre-puntuación de las películas del festival, a la hora de organizar el horario del viaje, no existía tráiler de la misma y sólo había un pequeño clip de una escena. Y todo era muy raro. No parecía terror, no parecía fantasía… no parecía nada en concreto, sólo una ida de olla importante con un protagonista muy peculiar.

Ay, cuan equivocado estaba. La película es una locura, un peliculón, una obra maestra a mi juicio. Lo malo es que es uno de esos argumentos que no debe uno desvelar. Es una de esas películas a las que es mucho mejor acudir sin saber nada de ella. Una de esas que te recomienda un amigo sabio, apuesto y galante y a la que acudes cerrando los ojos y lanzándote de cabeza. Así que voy a decir cómo empieza, nada más. Los 5 primeros minutos de película.

Un chaval de unos treintaypico, que vive aislado con sus padres, ve un programa infantil protagonizado por un oso desde que era un niño y del que obtiene todo su conocimiento del mundo. Es un verdadero experto y lleva un blog sobre el mismo.

Y hasta aquí puedo leer.

Y ahora, se me plantea lo siguiente. ¿Cómo hablo yo de las bondades de una película de la que no puedo contar absolutamente nada?

Pues os vais a tener que fiar. Lo que sí os diré, para ver si os convenzo, es que todos estuvimos de acuerdo de que la película era muy buena, aunque fuera en varios grados, obviamente. Y que sale Mark Hamill sin hacer de Luke Skywalker. Y Greg Kinnear. Que no tiene sangre, ni asesinatos, ni sustos, sino que es una cinta que te reconcilia con el mundo y de la que sales con una ancha sonrisa plantada en los morros. Que está escrita por dos amigos de la infancia que acabaron trabajando juntos en el Saturday Night Live y que son el director y su actor protagonista. Que es una comedia dramática deliciosa, con un punto de candidez y que genera unas cuantas risas y unas pocas lagrimillas de emoción.

Y ya está, copón, no sigáis tirándome de la lengua. Si me queréis, vérsenla.

COMPULSIÓN

Con la mente plagada de endorfinas después del buen rollo del Oso Brigsby, nos fuimos a probar la sala Tramuntana por primera vez con una película que a todos nos daba algo de mala espina. Era una opción condicionada por los horarios y no teníamos más información de ella que su título y un póster setenterillo. Una producción española de bajo presupuesto que nos enviaba unas vibraciones algo inquietantes.

En este caso no hubo sorpresa. Este slasher bastante de manual sobre la doble vida de un maromo que esconde a su pareja su lado psicópata y se dedica a descuartizar muchachas en sus ratos libres no tiene casi nada de peso que la pueda sustentar. Es una sucesión de escenas previsibles que nos llevan por el descubrimiento de la cara oculta del maloso y a la novia tratando de salvar a una prostituta de ser convertida en muestrario anatómico al peso.

Al menos, la película es corta y no da demasiado tiempo a aburrirse, pero sí a sufrir el relleno que suponen algunas decisiones bastante absurdas de los personajes. Un guión que parece estar escrito en una tarde que tan sólo sirve como vehículo para realizar una película sin mayor pretensión que la de practicar rodando un largometraje.

Que no digo yo que no sea un motivo tan bueno como cualquier otro, pero está claro que no tiene la categoría para acudir a un festival de género tan importante como éste y es más bien algo para enseñar a tu profesor, tus amigos o tus familiares.

No vamos a extendernos más ni a hacer sangre, así que pasemos a la siguiente.

HOW TO TALK TO GIRLS AT PARTIES

Sin perder el paso ni el ánimo, nos acercamos a la siguiente película, una curiosa y psicotrópica propuesta del realizador John Cameron Mitchell sobre un relato del inclasificable Neil Gaiman, el autor de esa obra de arte del cómic llamada “The Sandman”.

El argumento está al nivel del extraño y delirante universo del autor y habla de un trío de preadolescentes que adoran el punk que, en busca de una fiesta donde continuar la noche, se dan de bruces con una comuna de extraterrestres.

Uno de ellos queda prendido de una alienígena muy mona y rubita y juntos se van a explorar la escena punk londinense, encontrando por el camino personajes mucho más bizarros que los propios habitantes de mundos exteriores.

Esta idea, que a priori parece casi imposible de plasmar en imágenes, aparece con una forma que no será del agrado de todo el público. Una película enérgica y algo caótica, con una historia que avanza a ritmo sincopado y llevada por su brutal energía y por intérpretes que clavan sus papeles. Una película que en forma y fondo es una canción punk en sí misma.

El trío protagonista, Alex Sharp, Ethan Lawrence y Abraham Lewis logran aparecer naturales y conforman un terceto de personalidades entrañables. Elle Fanning está, como casi siempre, adorable y casi etérea y la participación de Nicole Kidman en un papel secundario demuestra que esta mujer está haciendo estos últimos años lo que le da la real gana y lo está haciendo todo bien.

En el fondo, esta inclasificable película es una historia de amor prohibida entre dos seres que proceden de mundos diferentes, aquí en el sentido más literal de la frase. Y ya sabéis lo que me gustan a mí las historias de amor imposibles.

Si uno se deja llevar por la música y por el viaje a través de los garitos más sucios del Londres de los años 70, esta película debe ser algo similar a un viaje de LSD. Un extraño mundo de colores y surrealismos que se ama o se odia, cargado de humor británico y fabulosamente original.

KILLING GROUND

Para rematar el día, ya al límite de la salud mental, nos zampamos una película australiana que supuso una de las pocas producciones de terror puro de nuestro pedacito de muestra. La historia de una pareja de novios empalagosos que acude a una zona montañosa y aislada del continente con tan mala suerte de dar con dos hermanos psicópatas con la mala costumbre de torturar, violar y matar señoritas.

Allí se encuentran acampando al lado de otra tienda familiar que parece desierta. Cuando a lo largo del día se encuentran un bebé perdido, se dan cuenta de que allí pasa algo y comenzará una brutal carrera contrarreloj para conservar la vida.

En realidad, visto así tampoco es nada que no hayamos visto antes pero la narración de la película, contada en tres líneas temporales, la familia anterior, los hermanos sádicos y la pareja y algunas decisiones muy sabias sobre los personajes protagonistas que aluden a retorcer el tratamiento que se suele adjudicar al hombre y a la mujer en este tipo de películas, la convirtieron en una peli que disfruté bastante.

Además, la película incluye una tensa escena que involucra al bebé antes mencionado que me puso extremadamente nervioso y sólo por la sensación que el director logra crear en ella ya merece todo mi respeto.

No es fácil encontrar caminos en este tipo de géneros que no hayan sido transitados miles de veces y que no den la impresión de estar viendo la misma película una y otra vez y creo que en esta ocasión el director y guionista Damien Power lo consigue. Aunque también es cierto que la peli no es perfecta y quizá le sobra relleno en algún que otro momento.

Y así remató un día con un balance positivo y la sensación de que este Sitges nos iba a dejar un muy buen sabor de boca.

Aunque al final siempre lo hace. Si no es por las pelis, lo es por las risas. Lo tenemos todo a favor.

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