FESTIVAL DE SITGES 2015 – DÍA 3

MAGGIE

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Empezaba la jornada del tercer día con la que, a priori, era la opción menos arriesgada. Una producción usamericana cuyo reparto lo encabezaba un Chuache en actitud introspectiva, con discurso sosegado y grave y que no iba a pegar ni un sólo guantazo o tiro en pantalla. Nuestro entrañable abuelete está muy bien acompañado por Abigail Breslin, la otrora pequeña Miss Sunshine que ha crecido y sigue dando pequeños pasos en su camino a convertirse en una gran actriz.

Henry Hobson, que parece que hasta el momento se había dedicado al diseño de títulos de crédito, inicia su carrera como director con esta intimista historia de zombies en la que los muertos vivientes apenas aparecen. En realidad son una excusa para contar la relación de un padre y una hija que deben despedirse mientras pueden, antes de que la irreversible transformación de la adolescente se complete.

Es muy curioso ver a Conan en esa actitud fraternal y tranquila y denota que Governator tiene una presencia en pantalla que le sitúa muy por encima de sus colegas de mamporros, sin embargo, la película, aunque se deja ver, va perdiendo fuelle a medida que se diluye el punto de partida inicial.

Es de agradecer que Hobson trate de darle una vuelta de tuerca al manido tema de los zombies pero el drama se queda demasiado en la superficie. No se profundiza lo suficiente en los sentimientos de los afectados y nos limitamos a ver cómo la conversión avanza mientras ambos protagonistas se resignan, mientras la incomprensión a su alrededor aumenta. Uno se queda con la sensación de que otros guionistas podrían haber obtenido mucho más material del conflicto, que además cuenta con un desenlace algo precipitado.

Un inicio de jornada templado, lo cual, viendo la media del festival, no estaba nada mal.

BASKIN

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Tenía yo bastantes esperanzas depositadas en esta infernal propuesta turca, aunque no sabría decir muy bien por qué. Una de esas corazonadas que surgen al leer alguna noticia sucedida de un efectivo tráiler. La propuesta de estos policías que descienden hasta el mismísimo infierno a través de un viejo edificio abandonado parecía inmerso en una poderosa imaginería plagada de elementos malsanos. Extraños seres construidos de puro mal, un escenario laberíntico detrás de cuyas puertas se esconden horrores inimaginables, brujas, demonios y rituales extraños saliendo al paso de una patrulla indefensa ante los poderes del maligno. Una ventana a un universo que mezcla las pesadillas de Clive Barker, David Lynch y H. P. Lovecraft.

Es lo malo de crearse expectativas, que rara vez se cumplen.

Para empezar, la introducción de este escuadrón de policías pendencieros hablando de Messi mientras comen, ya se me hizo larga. Para mí, tarda demasiado tiempo en meterse en harina y, cuando lo hace, aunque la potencia de las imágenes golpea en un primer momento, da la impresión de que basa todas sus bazas en ello. Si no hay un argumento detrás, el público se acostumbra al ambiente demoníaco y sobreviene el aburrimiento. O al menos esto fue lo que me pasó a mí, que al rato de ver a mujeres con cabezas de cabra y Torrebrunos cabrones con ganas de hacerse unos chorizos con los policías, empecé a bostezar sin remedio.

Y es que ya he visto muchas veces que largometrajes basados en cortos se quedan sin ideas en el segundo acto, como si el autor se sintiese incapaz de expandir la idea primigenia y la alargase hasta conseguir la hora y media reglamentaria y mínima que se le supone a una película adulta. Todo hasta llegar a ese giro argumental que estoy seguro que tiene algún tinte metafórico para Can Evrenol, el susodicho realizador, pero que acaba resultando efectista y prescindible.

THE INVITATION

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Afortunadamente, en la gran mayoría de ediciones festivaleras a las que tenemos la suerte de asistir, que son menos de las que nos gustaría, llegan momentos como este. Esos títulos desconocidos, de los que no te esperas nada, a los que uno asiste porque se ha comprado un abono o porque cuadran bien dentro del planning, que se convierten, por arte de birlibirloque, en pequeñas joyas de las que uno presume ante sus amigos. Casi como si las hubiera hecho uno mismo, el poder asistir a un film escondido le da a uno la categoría de sabihondo. Uno llega a su grupo de amigos y les comenta, con aire erudito, que no deberían perderse esta pequeña cinta, alejada de los circuitos comerciales, como si fuera a comisión. Cuando en realidad te la has calzado por puro azar.

Este es el caso de “The invitation”, una peli de la que poco o nada sabíamos, enfrente de la cual nos sentamos sin esperar nada en especial y que acabó siendo uno de los bombazos de nuestro viaje. Y tan buen gusto tenemos que acabó llevándose el premio al mejor largometraje en la sección oficial. Debe ser que Carlos Areces, presidente del jurado en esta ocasión y nosotros, pululamos por los mismos festivales y acabamos desarrollando gustos parecidos.

Tiempo atrás, una pareja pierde un hijo. El suceso provoca la ruptura y cada uno lidia con el duelo a su manera. Tratan de rehacer sus vidas alejándose el uno del otro y de sus amigos comunes. Ahora, Will, el protagonista, recibe una invitación a cenar de Eden, su expareja, a la que acude no de muy buena gana con su nueva novia, Kira, donde se verá de nuevo las caras con esa pandilla de juventud con la que ha perdido el contacto. Pero algo raro flota en el ambiente desde el momento en el que Will y Kira ponen los pies en el casoplón de Eden.

Tratándose de dos películas que no tienen nada que ver, la experiencia de ver “The invitation” me recordó mucho a la que viví con “Coherence”. Una reunión de amigos en la que empieza a suceder algo y no sabes muy bien qué, en la que el director va desenrollando la madeja con maestría, poniendo, poco a poco, cada pieza en su lugar. Cada una en su género, cada una con sus reglas, cada una con un ambiente diferente, pero ambas con un sentido del ritmo y del suspense condenadamente perfecto.

Ya sabéis, buscadla sin descanso y presumid de cinefilia ante vuestros allegados. Sumará minipuntos en vuestra consideración cultural.

EL ESLABÓN PODRIDO

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El siguiente pase, una propuesta mexicana… quiero decir, argentina, tenía un aire a ese realismo mágico que tan buenos resultados ha dado en nuestro país. Un toque entre costumbrista y de humor negro que recordaba a Luis Buñuel o a José Luis Cuerda, ambientada en un pequeñísimo pueblo mexicano… quiero decir, argentino, que funciona al margen de las leyes sociales que conocemos.

Raulo, un deficiente mental, reparte la leña de todo el pueblo y vuelve a tiempo para comer con su madre, una anciana curandera que luce una demencia senil galopante en el ocaso de su vida y su hermana, que es una de las dos prostitutas oficiales del pueblo. La madre tiene reglas estrictas que sus hijos deberán cumplir pero, ahora que su cabeza empieza a fallar, puede que el pueblo conspire para que ellos las rompan. ¿Qué pasará a continuación?

La película va desfilando por entre las vidas de los muy peculiares parroquianos mexicanos… quiero decir, argentinos, cuyas curiosas rutinas nos provocarán sonrisas unas veces, desagrado otras y cara de “pero qué me estás contando, colega” la mayoría de las ocasiones, desgranando la caída en desgracia de esta familia a través de acontecimientos cada vez más marcianos.

Yo fui incapaz de entrar en el extraño mundo que nos proponen Valentín Javier Diment, director y Martín Blousson, guionista, que se empeñan en dotar de una rareza muy personal estaaislada comunidad mexicana… quiero decir, argentina. Las reglas que me proponen, repletas de envidias, deseos y bajos instintos, no me interesan, me dejan frío y acaban aburriéndome, a pesar de la ruptura de la ética y moralidad que propone el realizador.

No creo que sea una mala película pero, desde luego, no es para mí.

EL CADÁVER DE ANNA FRITZ

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Aún teníamos en la retina la experiencia de la propuesta nacional que habíamos visto la noche anterior, con más presupuesto, con actores famosos, con más publicidad. Si aquello había sido un desastre, ¿qué podíamos esperar de ésta, que parecía un modesto proyecto friki al margen del sistema?

Pues niños, los prejuicios son muy malos, porque “El cadáver de Anna Fritz” resultó ser una cinta que, a todas luces, se ve que está confeccionada por gente que ama el cine de género y que consigue sacar petróleo de un sencillo y poderoso punto de partida, con apenas un par de localizaciones y cuatro actores muy jóvenes y muy solventes. Una gran lección de cine: si tienes una buena idea y te tomas tu tiempo en desarrollarla y dotar a la trama de vida, tendrás una gran película. Si tienes una buena idea y crees que con eso es suficiente, estás jodido.

Dos colegas están a punto de irse de fiestuqui, a romper la noche, pero antes pasan por el curro de un tercero, a saludarle, meterse unas rayas y preguntarle qué sabe del cadáver ingresado de la actriz teenager más cachonda y famosa del momento. El tercero les dice que ahí está, almacenada en el depósito y que si quieren ir a echarle un vistazo, ahora que aún está lozana y fresca cual bacalao. Así que los tres se cuelan en la tétrica sala y un macabro pensamiento empieza a tomar forma entre risas y confesiones.

La ópera prima de Héctor Hernández Vicens, forjado como guionista en la tele, tiene, a mi juicio, detalles mejorables. Los diálogos quizá suenan algo literarios, en algunos casos y la trama se espesa una miaja hacia la mitad de la cinta, pero poco más se le puede achacar a esta magnífica cinta a caballo entre el terror, el suspense y el slasher. Gente joven que adelanta con ideas y empuje a muchos cineastas consagrados que no se atreven a arriesgar y que merecen una oportunidad en este país de cobardes y acomodados.

Mención especial también para Alba Ribas (27), Cristian Valencia (29), Albert Carbó y Bernat Saumell (imposible encontrar sus edades), que demuestran que nuestro país está plagado de talento actoral de savia nueva y que no es necesario recurrir siempre a las mismas caras televisivas que se repiten una y otra vez en cada producción que llega a nuestras pantallas.

NIGHT FARE

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Para empezar, debo reconocer que, en este momento, el cansancio mental irrumpió en mi sistema límbico sin preguntar, abriendo las puertas de una patada y tomando los mandos a mitad de metraje de la última película del día. Vamos, que me quedé sopa un ratito. Aún así, os daré mis impresiones de la parte que vi, que quiero pensar que fue bastante rato.

Chris, británico él, vuelve a París a reencontrarse con su amigo Luc y su ex-novia Ludivine. Chris abandonó a toda prisa la capital gala después de un acontecimiento traumático que guarda en su interior, dejando sin previo aviso a Ludivine y, ahora ella sale con Luc. La vuelta les llevará, durante una noche, a salir de juerga y revivir el pasado, mientras intentan huir de un taxista tozudo que les persigue por toda la ciudad después de ver cómo los dos colegas le hacen un simpa.

Los aires a “El diablo sobre ruedas” se mezclan con las normas del slasher y el drama juvenil para construir una vibrante historia de escapadas y descubrimientos personales, en una carrera que dirige al protagonista a un final que le da un vuelco a todo lo propuesto anteriormente, con un momento de animación incluído que dejó a toda la sala a cuadros. A mí incluso más, ya que había recuperado la consciencia un rato antes.

A mí, el giro y la propuesta, me funcionaron y acepté con gusto la patada que le da Julien Seri, director y guionista, a las normas del género y que consigue hacer añicos la convencionalidad en la que parecía haberse instalado el resto del tiempo.

Es difícil encontrar cintas de estas características que se salgan del camino establecido y la gran mayoría acaban resultando un pastiche de lugares comunes y previsibilidad, limitándose a hacer avanzar la trama tirando de clichés e ideas manidas. Cuando esta tendencia se rompe, es muy de agradecer y “Night fare” lo hace, aunque sea en su tramo final.

Así rematamos esta tercera jornada agotados (unos más que otros) y deseando aprovechar el descanso nocturno, lo justo para dejar al cerebro listo para abordar la siguiente, que se presentaba como la más larga del viaje, con siete señoras películas una detrás de otra, como vagones tras una locomotora alimentada con locura dispuesta a impactar contra nuestro lobanillo.

Viajeros al tren.

2 thoughts on “FESTIVAL DE SITGES 2015 – DÍA 3

  1. Gracias por no comentar que la película mexicana…, quiero decir, argentina, era una de mis apuestas personales. Supongo que eso es que ya me habéis perdonado.

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