FESTIVAL DE SITGES 2010 – INTRODUCCIÓN

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Nunca Jamás vuela cada vez más alto y más lejos. Esta vez, hemos arriado velas y embadurnado bien la isla de polvo de hadas para poner rumbo a uno de los festivales de terror, ciencia ficción y fantástico más importantes del mundo: el festival internacional de cinema fantàstic de Catalunya, más conocido por el frikismo interplanetario como el festival de Sitges.

Así que, yo y mis dos escuderos del cine de género, nos cogimos unas cuantas hojas de Lembas, un pack de 12 botellas de Tru Blood, metimos todo en el macuto de exploradores galácticos y nos plantamos en la costa del Garraf dispuestos a asistir a un maratón de sangre, vísceras, fantasmas y mundos bizarros sin importarnos el deterioro de nuestra propia salud mental.

Como un comando bien organizado, unos días antes habíamos realizado una reunión estratégica para decidir cuáles serían las películas elegidas en los cuatro días en los que el festival contaría con el honor y el caché de nuestra presencia. Un plan realista en el que iríamos de más a menos, dosificando nuestras fuerzas y concentrando un gran número de películas los dos primeros días, para bajarlo drásticamente los dos últimos, sabiendo que nuestra capacidad de concentración y nuestra tolerancia al sueño bajaría considerablemente. Decidimos también, descartar un buen número de pelis más comerciales, sabiendo que llegarían tarde o temprano a las pantallas de nuestros cines de cabecera, equilibrando la balanza entre un cine de más capacidad de distribución y aquellas cintas que acabarían relegadas a la última balda de los videoclubs, en busca de una joya escondida que, todo hay que decirlo, no llegamos a descubrir.

Cuatro días, 16 películas y un buen puñado de cortos es lo que nos deja en el cerebelo nuestro paso por el festival, con una nota media de calidad instalada en el aprobado justito y un nivel de frikismo que se sale de la escala de mediciones. Entregas de premios, hordas de fans aplaudiendo cada muerte y cada susto, siestas en películas que se lo merecían, manifestaciones de zombies, comida rápida (muy rápida) y no demasiado saludable, falta de sueño y conversaciones que acabaron rozando la paranoia es lo que generó nuestro periplo. Así que en los siguientes días, o semanas, o meses, dependiendo del nivel de vagancia, haré un recorrido por ese ramillete de cintas, aportando mi distorsionada mirada sobre una pequeña muestra que nos dé una visión de los inexpugnables caminos que está tomando el cine de género mundial. Caminos con buenas y variadas ideas, pero resultados más bien discretos, en el mejor de los casos.

Pero antes, dejando de lado el material cinematográfico exhibido, quiero en esta introducción dar una visión de las sensaciones que me ha dejado el propio festival. Hasta ahora, sólo tenía la referencia del festival SyFy de Madrid, anteriormente conocido como SciFi hasta que el canal que lo organiza decidió adoptar el lenguaje marujil y adaptar el nombre al pueblo, como “cocreta” u “oenegé”. Un festival, el madrileño, mucho más pequeño, tanto en repercusión, como temporalmente, como en capacidad de espectadores. Así que una fiesta de esta magnitud, ha sido algo totalmente nuevo.

El punto más positivo del festival, es el ambiente en sí. Ejércitos de cinéfagos dispuestos a pasárselo bien, en un ambiente lúdico y abierto, que toman las calles y los cines instalados en el buenrrollismo. No he visto ni una sola mala cara, ni una discusión, ni una palabra cortante, sino todo lo contrario, sonrisas, buenas respuestas y ganas de interaccionar con el prójimo. Lo cual dice mucho a favor de unos tipos que dedicamos buena parte de nuestras vidas a ver violencia gratuita, miembros amputados y masacres varias y muy poco a favor de los que opinan que este tipo de cine y series convierten a los espectadores en asesinos en serie con catanas escondidas bajo la cama.

Por otro lado está la organización del festival, que podría mejorar bastante. Detalles como el retraso acumulado de películas al final del día, que generó que uno de los maratones llegase hasta más allá de las 6 de la mañana, o como la gran cagada de encender las luces en la película “La casa muda” antes de que se viera un epílogo que, si bien no era imprescindible, si era bastante importante y que provocó que tan solo lo contempláramos la mitad de los asistentes, aquellos que menos prisa teníamos en salir, son despistes que no deberían ocurrir en un evento de esta magnitud.

Algo más subjetiva es mi opinión sobre la dirección de Ángel Sala, director del festival, con respecto a las películas programadas y los premios que se otorgan. Decidimos apuntarnos a dos maratones nocturnos, para tener una buena dosis de cine y aumentar las probabilidades de embolia por saturación. La calidad de estos fue muy baja, especialmente en el maratón zombie, guinda del “Zombie walk” y no creo ser excesivamente subjetivo en la apreciación, pues los comentarios jocosos durante las películas fueron constantes. En cuanto a los premios, yo creo que darle la “Màquina del temps” (quiero esa figurita en mi poder, ya podían estirarse los del “merchandaisin”), que se supone que es un reconocimiento a toda una carrera, a un director como Richard Kelly, de 35 años y con tres películas a sus espaldas, por muy de culto en que se haya convertido su “Donnie Darko”, me parece bastante discutible. O, en menor medida, el premio honorífico a Vincent Cassel, que nadie pone en duda que sea un grandísimo actor (a la par que uno de los seres humanos más envidiado del planeta, por haberse casado con Monica Belucci), pero que ni venía a presentar una película de terror, ni de ciencia ficción ni fantástica (sino una “road movie interior” según su director, aunque no os puedo decir en qué consiste tal género, porque no la entendí muy bien), ni creo que se distinga por haber dado vida a una gran galería de personajes dentro de estos géneros. Pero bueno, esto último igual es rizar demasiado el rizo y el narigudo actor se lo merece.

En fin, que al margen de estas consideraciones, la estancia fue una experiencia genial y repetiría todos los años si pudiera (si alguna revista, periódico o cadena de televisión lee esto y le entran unas ganas locas de contratarme o algo, que no las frenen), la compañía fue el mejor equipo de tarados que hubiera podido querer y hospedarme en el apartamento de Dexter durante cuatro días por un precio módico, tampoco estuvo nada mal.

Demos, por tanto, comienzo a las críticas de una pequeña parte del cuadragésimo tercer festival internacional de cinema fantàstic de Catalunya.

Luces, por favor.

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3 thoughts on “FESTIVAL DE SITGES 2010 – INTRODUCCIÓN

  1. Neovallense: aaaaaah, haber elegido muerte. Nunca mejor dicho. 😛

    Carlos: He hecho cola desde cinco post por detrás de este para contestarte correctamente y, antes de quedarme sopa solo diré… Zzzzzzzzzz.

    Saludos.

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