ESTRENOS 18/05/2018

En esta semana en la que la política se ha mezclado con la inmobiliaria, la música se ha mezclado con la barbarie y la universidad se ha mezclado con el parlamento, al menos hay una constante que nos ancla a la realidad: la ficción que llega puntualmente cada viernes a las carteleras.

Entre los estrenos, katanas parlanchinas, raquetas rivales, ocasos enamorados, palabras envenenadas, búsquedas estables, pestillos rodantes, pecados silenciosos, descendencias perdidas, mitologías musculadas y hábitos santificados.

Demos comienzo a la chimichanga.

DEADPOOL 2

Nos están dando tanta mandanga comiquera últimamente, que las semanas que no nos llega una nueva entrega de adultos en pijama corriendo por cromas, los frikis del mundo nos sentimos huérfanos.

Le toca el turno a la segunda entrega del mercenario bocazas, este superhéroe gamberro y proclive a patear la cuarta pared que resucitó, con gran tesón y no pocos problemas, el simpático Ryan Reynolds.

En esta ocasión vuelve con su partenaire más conocido de los tebeos, Cable, interpretado por un Josh Brolin que hace doblete en cintas de la Marvel, tras darnos el que probablemente sea el mejor villano del MCU en “Avengers: Infinity War”.

Más acción, más risas, más presupuesto y más locura se espera de esta continuación de Deadpool.

Para el loco del pijama rojo:

BORG McENROE. LA PELÍCULA

Björn Borg y John McEnroe fueron dos tenistas que revolucionaron el juego y tuvieron una rivalidad deportiva excepcional que se ahondaba por la polaridad de sus respectivas personalidades.

McEnroe era puro nervio y pasión, un tipo que no dudaba en insultar al público o al árbitro y exhumar humanidad. Borg era un tipo frío y reservado que se limitaba a devolver pelotas desde el fondo de la pista hasta desesperar al rival y ganar torneo tras torneo.

Ambos vivieron el punto álgido de su batalla en la final de Wimbledon de 1980 y la película del danés Janus Metz Pedersen narra el camino hacia este partido, con la complicidad de un Shia LaBeouf que se fusiona con su compatriota y del sueco Sverrir Gudnason.

Un nuevo thriller que sale de una rivalidad deportiva que se suma a otros muchas grandes películas que nos ha regalado este subgénero.

Para la rivalidad de pelotas:

LAS ESTRELLAS DE CINE NO MUEREN EN LIVERPOOL

Peter Turner es un actor que tuvo un romance con la mítica actriz Gloria Grahame cuando ella tenía 54 años y él 28 y durante un año y medio vivieron un cuento de hadas ajenos a la diferencia de edad y al qué dirán de un Hollywood muy cotilla.

Paul McGuigan cambia el paso de forma radical y pasa de dirigir capítulos de “Sherlock” o “Luke Cage” o películas como “El caso Slevin” y “Victor Frankenstein” para adaptar las memorias de Turner gracias a una Annette Bening obsesionada por la actriz que hizo todo lo posible para interpretarla en pantalla.

La actuación de la Benning suma una más en una retahíla inacabable de enormes trabajos y es impresionante la languidez y la dulzura que imprime a la diva y la acompaña un Jamie Bell que sigue creciendo en la industria a base de decisiones arriesgadas.

Para el amor atemporal:

EL TALLER DE ESCRITURA

El arte no está reñido con la estupidez. No son pocos los casos en los que amamos obras de gente que nos resultan repulsivas, cuyos ideales se encuentran muy alejados de los nuestros o cuyos actos nos parecen cuestionables o incluso deplorables.

Admiro la obra de Michael Jackson, Woody Allen, Kevin Spacey o Ted Nugent pero, en mayor o menor medida, discrepo con aspectos de su vida privada. Y en algún caso, la palabra discrepar se queda muy corta.

Como su título indica, la película discurre durante un taller de escritura en el sur de Francia. La profesora contempla cómo los textos del alumno más brillante están plagados de xenofobia y propaganda fascistoide. Mientras el resto de alumnos se siente asqueado ella se ve impelida a ver cuánta verdad hay detrás del discurso del chaval.

Para el fanatismo literario:

LEAN ON PETE

Es ésta una película que habla sobre la soledad, sobre la adolescencia y sobre la búsqueda del lugar que uno ocupa en el mundo a través de los ojos de un huérfano que cruza los Estates con un caballo de carreras robado para buscar a una tía lejana.

La crítica parece coincidir en la profunda sensibilidad bien entendida con la que Andrew High trata las vicisitudes del protagonista y en la enorme interpretación del joven Charlie Plummer, que a sus 18 años ha sorprendido a todo quisqui.

La película parece suave y triste siguiendo los pasos de un chaval desubicado que trata de buscar la seguridad y la estabilidad que nunca ha tenido y parece muy fácil empatizar con un personaje que busca un hogar después de que la vida lo haya zarandeado toda su vida.

Para el colega equino:

EL ATAUD DE CRISTAL

El cine de género tiene algunos de los actos más valientes del mundo fílmico. Nos parecía imposible que alguien pudiera rodar una película entera desde el interior de un ataúd y vino Rodrigo Cortés a desdecirnos. O que se pudiera narrar una película casi sin diálogos de un hombre atrapado dentro de una cabina y Antonio Mercero nos sacó del error.

Ahora el bilbaíno Haritz Zubillaga construye un relato de terror en el que una mujer tiene que sobrevivir a las órdenes de una misteriosa voz en el interior de una limusina cerrada a cal y canto.

La estética del filme parece muy conseguida y sólo habría que comprobar si la historia consigue mantener la tensión y la premisa durante sus 75 minutos de ajustado metraje y comprobar si la valentía está a la altura de la calidad.

La actriz Paola Bontempi se alza como única protagonista, sosteniendo con su interpretación un cuento digno de las Historias para no dormir de Chicho Ibáñez Serrador.

Para el lujo hermético:

HANNAH

Nadie duda del brutal trabajo de la veterana actriz Charlotte Rampling en esta película que carga a sus espaldas, que la hizo merecedora del galardón a la mejor actriz en el Festival de Venecia del año pasado.

Sin embargo, el tema que aborda, el de la soledad de una mujer que debe afrontar el resto de su vida con su marido en la cárcel, no llega a resultarme demasiado atrayente. Un film que, a medida que avanza, va deshilvanando información que parece abrir una ventana hacia el horror.

Una película que no creo que sea fácil de ver y que quizá dé mucho más de lo que se insinúa, pero que supone un ejercicio de estilo que no cuadra demasiado con mis gustos a la hora de elegir entrada.

Para el castigo de la culpa:

POROROCA

Cristina y Tudor forman, con sus dos hijos pequeños, una familia feliz. Son jóvenes, tienen buenos trabajos, viven en una casa bonita y todo son risas y optimismo. Hasta que la hija desaparece y la aparente estabilidad se rasga como una tela enganchada en un clavo.

El director rumano Constantin Popescu narra la fragilidad de la vida a través de una tragedia y una búsqueda que se prolonga por dos horas y media, con larguísimos planos que retratan la agonía y la indefensión de los protagonistas.

A mí tanto tiempo manteniendo la tristeza y la tensión me provoca miedito y parece que no soy el único. Algún crítico que la ha visto comenta que se le va un poco la mano en la duración de las secuencias. Sin embargo todo el mundo está de acuerdo en que la interpretación de su actor principal, Bodgan Dumitrache, es brutal, incluído el jurado del Festival de San Sebastián que le obsequió con el premio a tal efecto.

Para la ausencia dramática:

SANSÓN

Creíamos que el péplum estaba muerto, al menos con la concepción de cartón piedra y torsos aceitados que inundó las pantallas del mundo allá por los años cincuenta. Aventuras de sandalias y espadas que adaptaban pasajes de la biblia o de la mitología griega y romana con poca atención al argumento y mucho a los pectorales de los protagonistas.

Pero hete aquí que la vida es un eterno retorno y, cuando nadie lo esperaba, ha retornado esta imaginería con la forma de enorme hebreo de pelos largos y fuerza descomunal, traicionado por una bella señorita con tijeras.

No encuentro por ninguna parte el interés que puede despertar una película de este tipo, aparte de ver dónde han ido a parar las carreras de Rutger Hauer o Billy Zane.

Para el pelaso divino:

DOS CORONAS

Película polaca que habla de un clérigo franciscano que fue por el mundo promoviendo el catolicismo y la veneración de la Virgen y que murió en el más famoso campo de concentración de la II Guerra Mundial tras dar su vida a cambio de la de otro judío.

Como comprenderéis, las aventuras de un cura polaco, enemigo acérrimo del modernismo de la iglesia, por muy santo que se considere por sus gestos, me la trae un poco al pairo.

Y menos con ese tono heroico que le confiere la música del avance, que parece que están presentando al salvador de la raza humana.

Prejuicios locos que tiene uno.

Para el teólogo viajero:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.