ESTACIÓN ZOMBIE

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Desde 2016 que llevaba yo sin pasarme por una sala de cine y el síndrome de abstinencia empezaba a pasar factura. Intentaba aplacarlo con metadona marca Netflix pero el subidón no era el mismo. Empezaba ya a ver argumentos por las calles, a escuchar los diálogos en los asientos del tren y valorar la pericia de los guionistas y a identificar a mi jefe como un supervillano.

Estaba claro que mi salud mental no podía mantenerse de una pieza si la situación perduraba.

Gracias al Spaghetti Volador, el Maestro de Motores decidió paliar la situación y apareció por la capital para realizar su labor de cobaya de nuevos platos culinarios, en primer lugar y, en segundo y más importante, para acompañarme a saciar mi hambre cinematográfica con una radiante sesión doble fantástica que devoré con fruición, como si me encontrase en un festival del género.

Aprovechando que teníamos en las carteleras un par de películas majas para frikis, nos abalanzamos sobre ellas con mucho gusto. No estoy seguro si las pelis eran tan entretenidas como parecieron o si se cumplió el dicho aquel que dice: “Cuando hay hambre, no hay pan duro”. El caso es que de ambas me llevé un muy buen sabor de boca. Así que, sin más dilación, comencemos con la primera de las cintas.

Es una lástima que el becario titulador siga sin jubilarse, a estas alturas de la función y que una película que fácilmente se podría haber traducido, de manera literal, como “Tren a Busan”, haya tenido que cambiarse a algo mucho más explícito y descriptivo, considerando una vez más que el público de a pie es subnormal y va a ser incapaz de dilucidar que el tren del título está plagado de coreanos locos con ganas de comer cerebros.

Aparte de consideraciones estúpidas, la película ya venía con un currículo potente. Mejor director y efectos especiales en el Festival de Sitges, mejor película en el Festival de Cine Internacional de Fantasía en Montreal o seleccionada para la sección oficial de largometrajes en Cannes. En general las opiniones que se desprendían de todo el que la había visto eran positivas, quizá no una revolución para el género de muertos vivientes pero sí una peli muy por encima de la media.

A punto de entrar, el Maestro de Motores descubrió que el director había hecho, durante el mismo año, tanto esta película como una precuela en formato de animación titulada “Seoul station” que tuvo la oportunidad de ver en el festival de Annecy y cuya crítica suya podéis ver por aquí. Parece ser que la película era bastante irregular, con una primera parte tediosa, personajes femeninos casi sustituíbles por lámparas sexis y un final maravilloso que casi conseguía compensar el aburrimiento imperante.

Al final se me olvidó preguntarle si había alguna semejanza entre la precuela de dibujitos y el tren lleno de actores reales (algo que podrá subsanar en comentarios a esta entrada de la bitácora estelar), pero lo que es seguro es que el aburrimiento no es una de las señas de identidad de esta película que no duda en meter caña desde un estadio muy temprano.

El punto de partida es claro y conciso: un padre egoísta y bastante gilipollas que se dedica a las finanzas modalidad sanguijuela, tiene que llevar a su hija hasta Busan para que pase con su madre la semana siguiente. El plácido viaje en el que el progenitor planeaba dormir todo lo posible para no tener que hablar mucho con la chiquilla, se convierte en una carrera de supervivencia cuando un infectado de la epidemia zombie que empieza a asolar Corea se mete en el tren.

Cuatro o cinco personajes bien dibujados y el espacio claustrofóbico del susodicho tren, en la mayoría de los casos, o alguna estación, en los menos, le sirven al director, Yeon Sang-ho para construir una serie de set pieces que dejan sin aliento. Reglas muy claras con respecto a los infectados, un grupo de supervivientes muy heterogéneo y paladas de ingenio a la hora de plantear las persecuciones y argucias de los protagonistas a la hora de evitar un mordisco constituyen bazas muy acertadas para esta cinta de género que se inclina más hacia la acción que hacia el terror.

De todas las posibles formas de rematar la cinta, el realizador oriental elige una que podría haber caído en el ridículo. Gracias a una buena puesta en escena y un par de ideas poderosas, no lo hace y consigue rematar la historia con mucha dignidad. Sin embargo, el Maestro de Motores y yo no pudimos evitar comenzar un debate sobre otros posibles desenlaces que hubieran elevado la obra a los altares del género.

Yeon, la próxima vez consúltanos sin miedo. No cobramos ni nada.

2 thoughts on “ESTACIÓN ZOMBIE

  1. Pues no, no se parece en nada a Seoul Station (que supongo que también la traducirían estación zombie). Hay quizás una escena al principio en la estación central que puede que me la recordara un poco, pero el argumento no tiene nada que ver. En SS ni siquera hay trenes.

    Nuestro final es mucho mejor, espero que lo usen en el (hipotético) remake americano

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