ENTRE LOS DOS

Con dos años de retraso nos llega esta pequeña cinta debut irlandesa a cargo de Mark Noonan, tras un largo periplo por festivales y estrenos allén de nuestras fronteras. Un respiro de independencia y autenticidad entre los blockbusters que suelen copar las carteleras.

En una entrevista con el director, le escucho decir que lo primero que vino a su mente a la hora de abordar la escritura del guión fueron los personajes. Esa niña malhablada, insolente, ocurrente, brillante y madura con una vida difícil que saca de quicio a su tío escupiendo en la calle y maldiciendo se basa en una niña que conoció en su propio barrio.

Por otro lado, cuenta que se encontró con la madre de Aidan Gillen, el protagonista de la cinta y actor que interpreta al retorcido Littlefinger (Meñique en su verisón doblada) en “Juego de Tronos” y le contaba que le gustaría ver más a menudo a su hijo en papeles de buen chico, más suaves que los tipos maquiavélicos que suele interpretar. Con esta idea en la cabeza, Noonan escribió para él el personaje de Will.

Todo esto tiene sentido después de ver la película, pues los personajes de Will y Stacey son lo mejor de la historia con mucha diferencia. Las personalidades de ambos personajes están muy bien definidas, la química entre Aidan Gillen y Lauren Kinsella es brutal desde el primer momento y las escenas en las que comparten plano los dos solos copan los momentos álgidos.

El problema lo encontré con todo lo que rodea a ambos personajes. No se saca demasiado jugo al hecho de que él haya salido de la cárcel después de que haya muerto la madre de Stacey, su propia hermana, ni al propio pasado de la pequeña, viviendo en una familia monoparental de clase media-baja, ni a la narcolepsia que se inmiscuye en su rutina diaria y mucho menos a las circunstancias que rodean a la familia que conocen en la comunidad de caravanas, la parte más incomprensible y forzada del argumento.

Ese joven matrimonio que asume sus enormes diferencias y que la durabilidad del enlace no va a ser permanente, formado por la profesora belga culta y el basurero impulsivo, algo gañán y machista dan lugar a situaciones que me sacaban de la historia de tanto en tanto. Una subtrama que no se entiende demasiado ni encaja con la pulida y engrasada dinámica entre tío y sobrina.

Sin embargo, al contrario de lo que podría dar a entender el párrafo anterior, la mayor parte de la película funciona muy bien, ya que esa mayor parte la llena la relación entre Will y Stacey. Esa inversión de roles en donde la madura y rocosa es ella y el infantil que se deja dominar por sus más bajos instintos y se halla perdido en el mundo es él. Una relación que se plasma sin grandes escenas dramáticas, aunque los sentimientos se intuyan detrás de cada mirada triste, detrás de cada réplica mordaz, detrás de las incapacidades de ambos para mostrar abiertamente su aprecio mutuo.

Es esa forma delicada y sutil de abordar la trama lo que más me gusta de la dirección de Noonan. No necesita construir melodramáticas escenas a la americana para conseguir nuestra empatía, sino simplemente poner a ambos actores frente a frente y dejar fluir una naturalidad que se destila en cada línea de diálogo. Apenas hay gritos, ni lágrimas, sino una tristeza que se adivina en las medias sonrisas y acentuada por una banda sonora minimalista y casi imperceptible y los paisajes de extraña belleza decadente de las midlands irlandesas.

Así que puede que la película no me pareciese perfecta, pero sí de un nivel muy alto para tratarse de una opera prima y con el aliciente del descubrimiento de Lauren Kinsella, una chavala con un don para la actuación que podría llevarla muy lejos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.