EN LAS ESTRELLAS

“Lo más importante en la vida es el cine”.

Esta frase se la suelta el protagonista de la película, Víctor, un antiguo experto en efectos visuales ahora alcohólico, arruinado y con aspecto de vagabundo, a su hijo Ingmar, un chaval de nueve años. Y quizá sea la frase que mejor defina a esta película y a su director, Zoe Berriatúa. Puede que sea una exageración y el cine no sea lo más importante para él, pero estoy seguro de que está muy arriba en la escala de prioridades.

Ese amor por el cine se puede paladear casi en cada fotograma, en el cariño con el que el realizador trata a todos sus personajes y en la ternura del cuento que Víctor le relata a Ingmar a lo largo de la trama que, a la vez, es una metáfora de la propia película. Las historias pueden tener fallos, momentos de bajona, ser imperfectas, tener puntos negros repletos de absurdez y pecar de falta de linealidad o credibilidad pero si están contadas desde el corazón siempre enamorarán a aquellos espectadores que estén en sintonía con el cuento.

Efectivamente, la película de Zoe Berriatúa sufre más de un problema, pero está contada desde una parte muy íntima del alma del realizador y eso, a mí, me enamoró.

Me gusta la historia real, la de ese trabajador del cine enamorado de la profesión caído en desgracia después de un suceso dramático que destrozó su conciencia y su corazón, que trata de inculcar a su hijo los valores que él cree realmente importantes a pesar de dejar que su vida se vaya por el desagüe. Y la de ese niño que ha tenido que madurar a toda leche porque su padre parece negarse a hacerlo, que intenta que su progenitor vuelva a recuperar un sendero vital equilibrado y que le quiere con locura.

Y me gusta la historia imaginaria, ese cuento de un escritor que se ha ido a escribir a la luna para no tener interrupciones, que busca a una lectora que pueda leer sus guiones en una aventura que le lleva por escenarios repletos de imaginaria cinematográfica, desde las películas de Méliès hasta las megalomanías del Hollywood de la edad oro.

Me gusta mucho la música de Ivan Palomares, que muta a medida que lo hace la historia, adaptándose a la sensibilidad de cada tramo como un modisto lo haría entre distintos personajes de diversos géneros cinematográficos.

Me flipa la actuación de Luis Callejo, un verdadero monstruo actoral que necesita papeles como éste para seguir demostrando que es uno de los mejores intérpretes de nuestro país y me encandila la relación que tiene con Jorge Andreu, su hijo en la ficción, un chaval que se muestra natural y acertadísimo en las escenas más dramáticas.

Y sí, creo que “En las estrellas” no es ni mucho menos perfecta. No todos los momentos están a la misma altura, el guión sufre pequeños frenazos a lo largo del metraje, algunas ramificaciones de la trama carecen de demasiado interés y las diferentes interpretaciones son desiguales, pero la sensación que la película deja al acabar y la que ahora percibo en mi cabeza, unas cuantas semanas después, son mucho más cálidas y agradables que otras que gozan de ritmos más medidos, de actuaciones más creíbles y de técnicas más perfectas.

Y esa intangibilidad del cine es lo que lo hace grande.

Algo que Zoe Berriatúa y su productor, Alex de la Iglesia, creo que saben muy bien.

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