EN BUSCA DE “LA VEIGUIÑA”

Semana Santa ha sido siempre un período para descansar, recargar las pilas para emprender el resto del curso con fuerzas y para reencontrarme con mi pueblo y con mi pandilla de allí. Así que, por primera vez, aunque seguramente no por última, voy a hablar un poco de este oasis apartado de la civilización que lleva por nombre San Ciprián.

Se encuentra enclavado prácticamente en el vértice de tres zonas, Portugal, Galicia y Castilla y León, perteneciendo a ésta última pero teniendo como idioma el gallego. Es un pueblo muy pequeño, con una población asentada de quizá menos de 50 personas y disminuyendo. Sin embargo, tanto en verano como en Semana Santa, como si fuera un enorme animal que estuviera hibernado y se acercase la hora de desperezarse, todo cobra de nuevo vida. Es un lujo poder volver y disfrutar del silencio, de la falta de contaminación y de la naturaleza como es posible ya en pocos sitios.

Mis padres me llevaron por primera vez cuando tan solo contaba con un mes de vida, y la verdad es que se me haría muy raro si llegara un momento en el que no me pudiera dejar caer por allá. Ya sea para reencontrarme con gente a la que he visto crecer desde que éramos unos enanos, como para perderme por sus montes a solas conmigo mismo, para mí resulta algo totalmente adictivo.

Esta vez fui el primero en llegar, así que ese primer día solitario decidí ir a dar una vuelta para pasar la tarde. Me acordé de que hacía muchos años que no iba a una pequeña playa fluvial donde íbamos de pequeños. Quizá el sitio donde aprendí a nadar, donde pesqué por primera vez una trucha, armado tan solo con un tenedor encajado en el extremo de un palo y donde más disfrutaba con una de esas barcas hinchables que muchos tuvimos en nuestra infancia. Esa pequeña playa se conoce como “La veiguiña”.

El caso es que tenía muy claro desde donde se partía, pero no estaba seguro de acordarme de todo el camino. Así que, sintiendo todo aquello como una mini aventura de todo a 100, me adentré en el camino que suponía de salida.

Cuando llevaba un rato caminando me puse a pensar en la fragilidad de la memoria. Había pisado aquellas piedras durante varios años de mi vida y no conservaba una imagen nítida del sendero. De pronto, miré a mi derecha y hacia abajo, contemplando otro camino que discurría en aquel momento casi paralelo al que yo había tomado, y una imagen, como si de una fotografía en sepia se tratara, acudió a mi memoria. Bajé el pequeño terraplén que me separaba de aquella otra ruta y cuando llegué a ella todo encajó a la perfección. Aquel era el camino, aquellas eran las piedras y a unos pocos metros de mí estaba el riachuelo que crucé tantísimas veces durante un buen número de veranos. Al fin y al cabo y por suerte, hay cosas que nunca se olvidan.

Tras unos cinco o diez minutos caminando, después de ser observado por unos caballos que levantaron brevemente la cabeza a mi paso para después ignorarme por completo, llegué a mi destino. Allí estaba la misma playa de siempre. Faltaba la casa del molino que años atrás había guardado aquel pequeño arenal, convertido ahora en unas cuantas losas medio enterradas, pero todo era como lo recordaba. El río, totalmente diáfano, que por allí discurría de forma lenta, la alta pared de piedra al otro lado del cauce, la pequeña bajada hacia el agua, que de pequeño tenía una pendiente considerable y ahora no era más que un escalón. Asimismo pude observar que había desparecido el pequeño pozo del que había salido aquella primera pesca de mi infancia. Como muchas de las partes del río, el fondo se había modificado con las riadas invernales.

El hecho de volver a pisar aquel lugar perteneciente al pasado, unido a la ingente cantidad de escenas que pasaban delante de mí, superponiendo el pasado al presente como si de dos transparencias se tratasen, me hizo estúpidamente feliz. Así que allí me quedé, sentado al frío sol de Abril, sin hacer nada excepto sentir lo afortunado que soy pudiendo volver de vez en cuando a un pequeño punto del planeta que guarda con celo bastantes claves de por qué me he convertido en quien soy.

 

14 thoughts on “EN BUSCA DE “LA VEIGUIÑA”

  1. Yo también he estado allí gracias a ti y a este magnífico post ! Además de querer conocer ese rinconcito que tan feliz te hace , me he sentido afortunada deleitandome con tu narración . Que grande eres!
    Espero que como tu , podamos todos acercarnos de vez en cuando a esos lugares y gentes que nos vieron crecer , que nos hicieron y estoy segura nos harán tan felices .

  2. Has conseguido hacerme viajar sin siquiera levantar el trasero del sofá, me ha parecido sentir el susurro del viento, y el silencio de un paraje como el que relatas.

    Yo hace tiempo hacia muchas escapadas megafamiliares (unas 5 familias) con los coches 4×4 a parajes espectaculares, y la verdad es que decir que gracias a la excesiva timidez con la que contaba por esa época, y a mis pequeñas evasiones campestres, conseguí tener momentos de soledad disfrutando de lugares tan sumamente “mágicos” como parece ser “La Veiguiña”.

    Enhorabuena por el post chiquitin,…
    Yo te llevo a mi “pueblo de hoteles y algún que otro rascacielos como Benidorm”, y tu me llevas a “La Veiguiña”, ¿te hace?

  3. Gracias a todos por viajar conmigo a mis pequeños rincones. Algún día igual lo veis en persona y todo!!
    Greysky, gracias por entrar en mi blog. Por cierto, el enlace que me has dejado hacia el tuyo no funciona. Aunque con el todopoderoso Google he encontrado tu universo paralelo de Nunca Jamás.

  4. Na Veiguiña collin a primeira troita, a man, medía 32 cms. e a marca do seu tamaño estaba no escano da cociña.
    Demasiado tiempo ha pasado, demasiado ha llovido desde que yo aprendi a nadar alli(me enseñó mi padre). Lástima de molino, donde una vez que me cai al rio consegui secarme la ropa, y era el mes de Marzo, con nieve en los alrededores-
    Pasado unos día en el pueblo de los lapelos se corrio la voz, de que un “tio” loco estaba pescando en el muiño do”- medo” completamente desnudo.
    Tenia 18 ó 19 años.
    Un beso.

  5. Vaya sorpresa me he llevado al escribir Veiguiña en el google y encontrar este artículo. Yo soy uno de esos “raros” que todos los años se baña allí y pasa de ir a “La Presa”. He estado un rato rompiéndome la cabeza intentando averiguar quién eres, pero viendo un par de pistillas creo que ya lo se. Un saludo de otro sanciprianés.

  6. Vaya, me alegro de haber llegado a alguien del pueblo. Espero que tú me dejes alguna pista para identificarse, aunque con lo empanado que soy, seguro que no caigo.
    Un saludo, vecino!

  7. Pues ahi van unas pistas, no se si te acordarás de mi, pero digamos que cuando los de tu pandilla jugaban al escondite yo era de los pequeñajos que se acoplaban al juego. También tenemos una prima en común aunque nosotros dos no somos primos, aunque claro, investigando bien, en ese pueblo todos somos familia en algún grado. ¡Todo esto suponiendo que seas quien creo!.

  8. Buf, pa los nombres yo no soy nada bueno. A ver, voy a probar: me acuerdo de Manolete y Felix, y del hijo de Baldomero que no tengo muy claro como se llama… puede que Dani? Buf, no lo adivinaré nunca.

  9. Pues si, soy manolete, manuel, manolo, manolin, lete, como prefieras y tu supongo que eres hector. El hijo de baldomero es dani, efectivamente.

  10. Pues efectivamente, soy Héctor. Así que, descubierto el enigma, te doy oficialmente la bienvenida a mi blog, y espero verte alguna vez más por aquí. Y por supuesto, nos vemos en verano, ya sea en la Veiguiña o en la presa.
    Un saludo

  11. Pues no dudes que seguiré leyendo tu blog, que no está nada mal. Me gustó mucho el artículo de Batman, soy bastante fan del murciélago. Me cuesta decir que desde que vi Batman Begins las de Tim Burton han bajado algún punto para mi, pero siguen siendo de esas para ver una y otra vez. A ver que tal Heath Ledger como Joker en The Dark Knight, yo creo que Nolan puede darle esa personalidad psicópata que tiene en los comics y que yo creo que le faltaba a Jack Nicholson, a pesar de su gran actuación. Por cierto, en el pueblo tengo los comics de “Largo Halloween”, “Dark Victory” y el psicológico y extraño “Arkham Asylum”, de lo mejor que he leido de Batman. Bueno, dejo esto ya, que me está saliendo un articulo a mi, tengo pensado abrir un blog, a ver si me animo un dia de estos.

    P.D. Soy defensor de “Batman Forever”, que creo que a la larga ha sido empañada por el churro que soltó Schumacher con “Batman y Robin”.

  12. Yo la verdad es que soy más lector de la Marvel que de DC, así que no he leído mucho sobre el murciélago. Pero las películas me encantaron, excepto como tu dices, Batman y Robin, que fue un gran truño. Batman Forever tampoco es mi preferida, aunque teniendo a Val Kilmer y Jim Carrey, dos actores que me gustan mucho, la verdad es que tambien le tengo cierto cariño.
    Si te animas y abres tu blog, no dudes en pasarme la dirección para curiosear a menudo.
    Un saludo.

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